Preguntas para explorar el duelo (II): ¿De qué está hecho mi dolor?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl dolor es un sentimiento complejo, compuesto de las distintas emociones que cada persona siente, elabora y experimenta de forma diferente. Si bien el dolor es el sentimiento esencial y compartido cuando sufrimos una pérdida, el trabajo de cada uno con su dolor se lleva a cabo conociéndolo.

Elaborar el duelo tiene mucho que ver con sentir, conocer y permitir el dolor. Es una de las tareas del duelo que nos propone Wiliam Worden: “Elaborar las emociones y el dolor que viene con la pérdida”. Según este reconocido autor, siempre que se produce la pérdida de un ser querido, ésta se siente con dolor en mayor o menor medida, con las características únicas de cada persona.

Pero un duelo no se puede elaborar sin sentir dolor. El dolor está tan relacionado con el duelo, que el mismo origen latino de la palabra, “dolus”, significa dolor.

Diferencias en la forma de sentir el dolor tras una muerte

Hablar de dolor, sin embargo, puede resultar ambiguo. Mi concepto y mi sentir del dolor es distinto al tuyo y, cuando se refiere a una pérdida, esta diferencia se acentúa más aún. No es lo mismo que el dolor de alguien sea como sentirse huérfano o que el dolor de otra persona sea como sentirse perdido. Ambos son dolores, pero no se sienten igual, ni implican lo mismo, ni significan lo mismo.

Siempre insistimos en que es imposible comparar el grado de dolor entre una pérdida y otra, y en que no podemos establecer cuál es la muerte más dolorosa ni la peor, puesto que aquí entra el concepto de dolor, y el dolor es algo puramente subjetivo y muy complejo. El dolor ante una muerte depende fundamentalmente del vínculo que el doliente tenía con la persona que ha fallecido, las circunstancias en que ocurrió la muerte, la historia previa y la personalidad del doliente, y del apoyo subjetivo que siente.

No hay que evitar el dolor tras una pérdida

La propuesta que hacemos para adentrarnos un poco más en el conocimiento del propio dolor comienza con no evitarlo. En la medida en que nos acercamos al propio dolor, vamos liberándolo y conociéndolo. Y a medida que vamos conociéndolo, vamos quitando capas hasta conectar con el núcleo del dolor.

No evitar el dolor traerá imágenes, recuerdos, pensamientos y también sensaciones físicas, pero también traerá resistencias. Una parte fundamental del encuentro con el propio dolor es ser conscientes de cuáles son los mecanismos que habitualmente utilizamos para desconectar, para evitar el dolor.

Acercarnos al propio dolor da miedo, parece que nos va a desbordar o que no vayamos a ser capaces de manejarlo. Lo primero que debemos hacer es reconocer si ese miedo está en nosotros y descubrir cómo se manifiesta a través de esas resistencias, pero no para luchar contra ellas, sino para conocerlas y escucharlas de alguna manera.

El duelo y su manifestación física

Otra manera de acercarnos al dolor es a través de las sensaciones físicas. Hay sensaciones que sabemos que no sólo son físicas, sino que contienen algo más. En esa observación del dolor, de la resistencia al mismo, es muy probable que surjan sensaciones físicas. Lo que generalmente hacemos frente a esas sensaciones es intentar evitarlas, razonar con ellas, o intentar que desaparezcan.

Ante este impulso, nuestra propuesta es notar esa sensación. Para ello quizá pueda ayudarnos asignarle una imagen, un color o una forma que la represente. Eso nos permite relacionarnos con esas sensaciones y no negarlas, sino darles espacio y atención. Quizá podamos decirnos: “Una parte de mí, ahora, se siente así”.

Preguntas para facilitar la introspección en el duelo

“¿Cómo lo siento?”, “¿Dónde lo siento?”, “¿De qué está hecho mi dolor?” son preguntas que pueden guiarnos en la introspección, la observación y el conocimiento de nuestro dolor. “Cómo lo siento” y “Dónde” nos remiten a las cualidades más sentidas del dolor, es decir, a lo más físico y a lo más emocional.

La tercera pregunta, “¿De qué está hecho?”, implica ponerle significado a esa emoción. Esa pregunta nos ayuda a indagar y a ponerle nombre al dolor. Quizá en él haya rabia, sensación de injusticia, culpa, tristeza, desamparo, etc. Ponerle palabras le da también límites y matices, y nos ayuda a reconocerlo y conocerlo. Eso no implica que vaya a desaparecer, pero sí significa comenzar a relacionarnos con ese dolor y reconocer que una parte de nosotros, en este momento, se siente así.

Para saber más sobre el duelo, os recomendamos la lectura de nuestra Guía de Duelo Adulto, que ofrece pautas para detectar y atender el duelo complicado. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org

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