Aprendizajes sobre el duelo (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSiguiendo la línea de artículos anteriores, volvemos a poner el foco de atención en los aprendizajes sobre el duelo, tanto los que el doliente vaya encontrando probablemente en su camino particular, como los que he ido atesorando estos años como testigo privilegiado a lo largo de mi carrera.

Dentro de la amplitud de este tema, en este artículo nos centraremos en los aprendizajes vinculados a la forma en que cambia nuestra mirada al mundo tras el fallecimiento y duelo por un ser querido cercano: cómo se reajustan o se reafirman los valores vitales, el aprendizaje de relativizar la vida cotidiana y la tendencia a dejar de planificar tanto e intentar controlar, dejando paso a un contacto mayor con el día a día.

Los valores vitales

El duelo -que todo lo remueve y lo trastoca, desde lo más cotidiano hasta lo más transcendental del ser humano- también hace que se revise el modo en el cual atendemos la vida y nos manejamos en ella: lo que priorizamos y dónde, en qué áreas de nuestra vida ponemos más energía y en cuáles menos.

Cuando se produce un fallecimiento que nos toca y nos afecta especialmente, parece que, de manera intuitiva (a menudo sin que seamos conscientes del todo) se va desarrollando esta revolución interna que en algún punto del camino implica una pregunta: ¿Cómo quiero vivir mi vida a partir de ahora?

Con frecuencia ocurre que, desde el dolor y el sufrimiento, el doliente siente que lo mejor sería un cambio radical en su vida: dejar la ciudad donde vive, cambiar de trabajo, mudarse de casa… quizá ese impulso viene en parte de la necesidad de buscar un “lugar”, otro lugar donde encontrarse mejor, aunque éste dependa más del interior que del exterior. Tal vez también pueda venir de ese movimiento interno que empieza a darse, que tiene que ver con la forma en que el doliente mira ahora su vida. Seguir leyendo…

Superar el duelo: La escucha que sana

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónHabitualmente escribo en tercera persona sobre cuestiones más o menos técnicas y con una cierta distancia, ya que éste no es un blog personal. Sin embargo, hoy quiero hacer una excepción. Quiero aprovechar esta plataforma, que recibe una media de 25.000 visitas al mes, para expresar un deseo personal.

Muchas personas dicen que la plenitud en la vida tiene que ver con plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Mi deseo es dejar un legado, siento la obligación moral de transmitir lo que he aprendido. Hace unos años quería cambiar el mundo, ahora me conformo con trascender dejando algún cambio tras de mí.

La necesidad de ser escuchados

Una de las cosas más fundamentales que he aprendido es la necesidad que tenemos los seres humanos de escuchar y de ser escuchados. Por eso, y a pesar de haber reflexionado ya sobre este tema en artículos anteriores, quiero dedicar algunas palabras más a lo que he aprendido sobre la escucha, con la firme intención de que sirva a otros como guía para aprender a escuchar mejor y generar un cambio en la forma en que nos comunicamos entre nosotros.

Puede que no sea la clave, pero sin duda, el mundo sería un lugar mejor si nos escucháramos más. Seguir leyendo…

Los derechos del niño en duelo (II)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEn artículos anteriores hemos hablado de algunos derechos que tienen los niños en duelo, los cuales debemos tener en cuenta siempre cuando se produce una muerte en la familia.

En este nuevo post seguimos analizando estos derechos del niño tras una pérdida, con el fin de ayudar a padres y profesores a no enfocar el proceso de duelo infantil de la misma manera que el de un adulto, ni basarlo en las necesidades propias o en lo que pensamos que necesitan los niños tras el fallecimiento de un ser querido.

5. Tengo derecho a estar molesto

Recuerda que es normal que me haya enfadado con lo que ha pasado: es lógico que me sienta perdido y mis reacciones no sean agradables. A veces trataré de estar solo, no me agobies, dame espacio, necesito cierta distancia para poder tranquilizarme.

No des mucha importancia a esas reacciones: puede que tú también las tengas, pero que las manifiestes de otro modo que te parece más adecuado.

6. Tengo derecho a tener explosiones emocionales

Es normal que tenga explosiones emocionales: pueden ser de ira, de llanto o incluso de risa. Date cuenta de que probablemente es la primera vez que experimento unas emociones tan intensas. Puede que me asusten esos sentimientos hacia la persona fallecida o hacia cómo va a ser mi vida ahora, pero recuerda que en cierto modo a ti también te dan miedo.

Es posible que te atemorice mi expresión o creas que impacta a los demás, pero no me dejes solo. Seguramente en estos momentos te necesitaré cerca, a mi lado, para que me digas que no pasa nada por esas explosiones, que las entiendes y vas a estar a mi lado. No me hagas sentir que te alejas, eso no me ayuda.

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Aprendizajes sobre el duelo (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

CAMINODUELOUn proceso tan duro como el duelo conduce al ser humano a lo más profundo de su existencia, y es ahí -en ese espacio donde nos adentramos con miedo a destruirnos y que sólo parece contener una nube de desconocimiento- es donde encontramos las certezas y aprendizajes más valiosos.

Sin duda este tema da para escribir muchas páginas, por este motivo, este es el primero de una serie de artículos que elaboraremos sobre estos “lotos” que se pueden encontrar en la andadura del camino del duelo: tanto los que me han transmitido, como aquellos de los que también he aprendido como testigo y han ido formando parte de lo que sé.

A lo largo de mi carrera profesional como psicóloga que acompaña a personas en duelo he aprendido muchas cosas, algunas de ellas importantes para desentrañar este proceso. Me parece oportuno ponerlas al servicio de todo aquel que esté interesado en incorporar conocimientos sobre este tema, sobre todo para que otros profesionales puedan aprovecharlos, para difundirlos y que su efecto pueda multiplicarse y beneficiar a más personas.

Por otro lado, lo que sé no me pertenece: le pertenece a mis pacientes, que confiaron en vivir su experiencia junto a mí, me confiaron sus temores y sus inquietudes, me dejaron ser testigo de sus vivencias y acompañarlas. Hoy esas vivencias me han permitido llegar a algunas conclusiones y esas conclusiones se han transformado en aprendizajes. Estos son sólo algunos de ellos:

No hay que resistirse a las fuerzas que intervienen en el duelo

De los aprendizajes más importantes, este lo considero el principal. En el duelo intervienen fuerzas y hay que saber aprovechar la inercia de dichas fuerzas y no resistirse. Por un lado, el duelo como proceso genera una fuerza que es casi animal, es salvaje y arrolladora. Esta fuerza invita a sumergirse en las emociones que trae el proceso: la tristeza, el miedo, la soledad o el vacío. Estas emociones pueden ser incómodas de vivir, pero no son dañinas, sino que conforman el camino de baldosas amarillas que nos conduce al final del proceso.

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Superar el duelo: Lo que no se puede contar

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSiempre he pensado que el alivio en el duelo tiene que ver con nombrarlo, con hablar de ello. Shakespeare lo expresaba de una manera más poética cuando decía: “Dad palabras al dolor, porque la pena que no habla murmura en el fondo del corazón y le invita a romperse”. Lo que ocurre es que a menudo el dolor se silencia y hay cosas que no se pueden contar, ya sea por temor al reproche social, por temor a resultar “pesados” o por vergüenza.

El duelo está lleno de secretos, de tabúes y de juicios. Y todo eso que se calla, que se silencia, todo lo que se esconde acaba generando mucha soledad. A lo largo de nuestra experiencia en terapia, nos hemos encontrado con distintas situaciones y escenarios, que describimos a continuación.

Duelos que a menudo no son reconocidos

  • – Cuando la pérdida se produce tras un suicidio, a veces la familia oculta esa información para no “dañar” la imagen de la persona que ha fallecido, en un intento de evitar un juicio social. Por lo tanto, esa parte que tiene que ver con cómo se ha producido la muerte y que en ocasiones encierra tanto dolor, no puede ser contada ni explicitada. Es un dolor que no se legitima, no se escucha y se queda enquistado.
  • – Cuando se pierde a una pareja que no estaba socialmente reconocida, ya sea una relación con una persona casada, o una relación con una persona del mismo sexo. Al no haber hecho pública la relación, el entorno no comprende la pérdida y, por lo tanto, no atiende ni tampoco entiende el dolor de esa persona.
  • – Otro caso es el de las personas que han perdido a un progenitor, o incluso a un abuelo, cuando ya era “muy mayor” o estaba muy enfermo. Con frecuencia estas personas se encuentran con mucha incomprensión por parte de su círculo más cercano. Les dicen que es ley de vida, o que es mejor así, o que no deberían llorar pasado cierto tiempo… y, sin embargo, el dolor no desaparece. Estos comentarios hacen que los dolientes se sientan rechazados y acaben por omitir esas sensaciones o esos sentimientos, encerrándose en una coraza en la que se sienten profundamente solos, dado que no pueden mostrarse tal y como están en ese momento.
  • – También puede darse el caso de dolientes que pierden a una ex pareja con la que seguían manteniendo algún tipo de relación. Esto ocurre incluso cuando ha habido situaciones de malos tratos o abandono, por lo que el hecho de que la persona sienta dolor en lugar de alivio resulta todavía más incomprensible para el entorno.
  • – Esta incomprensión también la he detectado en los casos de pérdidas perinatales. Algunos de nuestros pacientes en esa situación han tenido que escuchar cosas del tipo: ¿Cómo te puede doler tanto, si ni siquiera lo conociste, si no le viste nunca, si puedes tener hijos, si hay gente que no tiene hijos y es feliz?

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Los derechos del niño en duelo (I)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

MalagónCuando tiene lugar una muerte en la familia, es importante que consideremos algunos derechos que tienen los niños en duelo. De este modo, no invadiremos su espacio personal, ni les atosigaremos o trataremos de guiarles por un camino más rápidamente de lo que ellos necesitan.

Estos derechos también pueden sernos de utilidad para no enfocar el proceso de duelo infantil de la misma manera que el de un adulto, ni basarlo en nuestras necesidades o en lo que imaginamos que los niños necesitan.

1. Tengo derecho a tener mis propias emociones y sentimientos sobre la muerte

Tras sufrir una pérdida puedo sentirme de muchas maneras, no hay una única forma de reaccionar: puede que tú esperes que llore y a mí, en cambio, esas lágrimas no me salgan; puede que me enfade o me sienta aliviado; habrá otras veces que me quedaré inmóvil, sin saber cómo reaccionar; o que espere a ver tus reacciones para saber lo que se espera de mí, pero todas son válidas.

Recuerda que nadie puede saber exactamente cómo me siento, porque mis emociones y sentimientos son míos y, por lo tanto, únicos. Así que, aunque creas saber lo que me pasa, trata de no adivinarlo, no lo compares con cómo te sientes tú o con cómo crees que me estoy sintiendo, porque eso me va a cohibir y hará que piense que existen formas mejores que otras de sentir o de emocionarse.

Si quieres, puedes acercarte y preguntarme cómo me siento. Puedes poner ejemplos usando palabras como: “Crees que lo que sientes se parece a…”, pero evita decirme cosas como “A mí me pasa lo mismo que a ti” o “Sé perfectamente cómo te sientes”, porque esas frases me hacen daño y me orientan hacia sentimientos que a lo mejor no tengo.

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Superar el duelo: ¿Feliz? Navidad

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl artículo de hoy está basado en las vivencias, preocupaciones y temores de muchos de nuestros pacientes y tiene el objetivo de reflexionar sobre la presión que ejercemos en la sociedad y en el entorno para que la gente se muestre feliz en Navidad.

También reflexionaremos sobre lo que podemos hacer para que las personas que están en duelo en esta época del año sufran menos.

El doliente en Navidad

Durante estas fiestas, en la calle y en los comercios solemos escuchar a menudo: ¡Feliz Navidad! Pero, ¿es esta época feliz para todos? Alegre para unos, nostálgica para otros, la Navidad es el periodo comprendido entre el 24 de diciembre y el 6 de enero, y sucelebración se caracteriza principalmente por los reencuentros y las cenas familiares.

Cada año, en esta época, mientras unos empaquetan ilusiones, sorpresas, belenes y festines, otros envuelven recuerdos pasados y lloran a sus muertos. Son los hombres y mujeres en duelo, que durante este período del año buscan un refugio en el que esperar a que pasen los días y  la rutina vuelva lo más rápidamente posible. La Navidad propicia encuentros y reconciliaciones, pero también intensifica la sensación de soledad y la ausencia.

El rechazo a las celebraciones en el duelo

Existen al menos tres motivos que justifican por qué algunas personas sienten tanto rechazo hacia la Navidad:

  1. El dolor es incompatible con la ilusión: Por eso resulta difícil, por no decir imposible, conectar con los momentos alegres de esta festividad si coincide con el periodo en el que estás atravesando un duelo.

  2. La sociedad exige que estemos felices, al menos en esta época. Si dejamos de lado la parte más espiritual de la Navidad y su significado, elementos como el espumillón, las decoraciones, las luces, los regalos… van dirigidos a festejar, a celebrar. Casi podría decirse que se nos exige sonreír y estar contentos. Estar triste en esta época supone una nota discordante respecto a lo que de verdad se espera de nosotros. Se nos pide que estemos felices por los niños, que hagamos un esfuerzo por los demás. Se nos enseña a no demostrar en público cómo estamos en realidad, para no contagiar nuestra pena y no interrumpir la alegría de otros.

    Esta exigencia se presenta prácticamente a lo largo de todo el proceso de duelo, pero se intensifica ahora y, sobre todo, choca de forma frontal con la exigencia personal, que nace de lo más profundo de nosotros mismos. Es una exigencia que nos invita a estar más reposados, centrarnos en nosotros mismos, estar recogidos, crear silencio. En ese intento de reconstruir el mundo de significados que se ha roto con la pérdida del ser querido, esta exigencia contradictoria constituye una gran tensión para el doliente, porque el duelo invita a la introspección.

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Duelo y compasión

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

PORTADAEl sentimiento de compasión en el duelo de una persona tiene una doble vertiente. Por un lado, está la compasión que el entorno y el profesional pueden ofrecer al doliente; por otro, está la compasión como actitud que adopta el doliente hacia lo que a él mismo le ocurre, como una nueva forma de relacionarse consigo mismo y con el proceso que atraviesa en este momento de su vida.

Para adentrarnos en la compasión como actitud, lo primero que haremos será centrarnos en cómo definirla, puesto que es un término al que culturalmente hemos dado un significado confuso. Tal y como la entendemos desde este punto de vista, la compasión es lo que mueve al ser humano a paliar el sufrimiento de otro ser humano. Culturalmente tenemos una concepción paternalista de lo que implica sentir compasión por alguien que sufre, e incluso a muchas personas les resulta insultante que alguien se compadezca de ellas.

Dos obstáculos para la compasión: la lástima y el miedo

Cuando aquí hablo de este concepto, me refiero a padecer con el otro, acompañando y compartiendo, de igual a igual. Como expresa Joan Halifax, terapeuta de enfermos terminales y estudiosa de la compasión y su efecto terapéutico, “los enemigos de la compasión son la lástima y el miedo”. Ambos sentimientos nos distancian del ser humano que sufre y nos colocan en un nivel diferente, generalmente de superioridad, no de igualdad: la lástima convierte la relación en algo desigual, elevando a un plano superior a quien siente lástima por el otro (ya que lo coloco en una situación de incapaz, le ofrezco una mirada desde la superioridad emocional, o económica, o moral, etc.).

El miedo es el otro enemigo y también distancia, pero en este caso dejando solo al que sufre, ya que buscamos protegernos de lo que nos parece que no controlamos; o bien esto nos abruma y nos alejamos (física o emocionalmente), en general porque nos sentimos incapaces de manejar todos esos sentimientos en nosotros mismos o por intentar adoptar un rol que no nos corresponde, como de salvadores.

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El duelo en la pareja: Signos que indican una crisis en la relación

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn artículos anteriores hablábamos de los diferentes escenarios que pueden darse en una relación de pareja, cuando uno de sus miembros -o los dos- sufre la muerte de un ser querido. En los casos en que se produce un distanciamiento de la pareja, los signos que nos pueden indicar que existe una crisis son cambios en las siguientes áreas:

La comunicación

Dado que el duelo es un proceso que requiere mucha energía e implica poner en marcha muchos recursos, puede suceder que el doliente deje de ser tan comunicativo como era antes o que modifique su patrón de comunicación, pasando de un estilo más cercano a uno más distante, de uno más distendido o relajado a uno más tenso, o de ser muy comunicativo a serlo poco o nada.

Esto tiene que ver con la necesidad de establecer un diálogo interno con el propio dolor para ir dándole salida y darle sentido. Esta comunicación interna puede inhibir o modificar la comunicación habitual dentro de la pareja. Si la pérdida ha sido conjunta el patrón afectará a ambos y, en el caso de que sólo uno de los miembros de la pareja haya sufrido la pérdida, sólo le afectará a él. Los cambios en la pareja vendrán derivados de la posibilidad de adaptarse a ese nuevo patrón de comunicación.

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Diferentes situaciones de duelo dentro de la pareja

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónHemos hablado en alguna ocasión de que el duelo por un ser querido puede afectar a la relación de una pareja. En este nuevo artículo reflexionaremos sobre las distintas situaciones de duelo que pueden tener lugar en el seno de una pareja y qué diferentes escenarios pueden darse.

Normalmente son dos las situaciones que podemos encontrar. En primer lugar, puede ocurrir que la pareja haya experimentado una pérdida conjunta, es decir: los dos han sufrido la muerte de un ser querido para ambos, aunque a cada uno de ellos haya podido afectarle de un modo diferente. Estamos hablando, por ejemplo, del caso de los padres que hayan perdido a un hijo.

Cuando ambos pierden a un ser querido

En este caso, los dos están en duelo, pero cada uno lo vive de una manera distinta.  Son precisamente esas diferencias a la hora de vivir el proceso de duelo y, sobre todo, las que afecten al ritmo del proceso en cada miembro de la pareja, las que pueden generar distancia e incluso la ruptura de la relación.

También existen casos en los que la pérdida ha servido para unir más a la pareja y de este proceso salen reforzados y con una relación más sólida, aunque los estudios nos dicen que aumentan las probabilidades de ruptura.

Cuando sólo un miembro de la pareja está en duelo

Cuando sólo uno de los cónyuges es quien ha vivido la pérdida de un ser querido, éste atravesará un proceso de duelo, mientras que su compañero o compañera, no. En este caso, la dificultad para comprender al otro, así como las distintas necesidades que tiene cada uno, son las que pueden influir en que se produzca un alejamiento o acercamiento dentro de la pareja.

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