Los miedos del profesional socio-sanitario ante el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn esta sociedad de la que formamos parte, que siente el dolor y el sufrimiento con aprensión, y que busca distanciarse del dolor propio y ajeno, ¿a qué retos se enfrenta el profesional que trabaja en contacto con el duelo y la muerte?

Parece necesaria una revisión y un trabajo personal por parte del profesional para trabajar en este campo, ya que participa de esta sociedad y está inmerso en dicha corriente de (no) afrontamiento del dolor.

La herramienta más importante del profesional que trabaja con personas es él mismo. Más importante que cualquier técnica o herramienta es que el profesional esté presente (en presencia terapéutica), en autenticidad y consciencia en el momento de la terapia o la consulta.

Hacia la humanización de la atención socio-sanitaria

Entre los profesionales socio-sanitarios (psicólogos, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, etc.) está surgiendo con fuerza una tendencia a humanizar la salud, a deshacer ese camino que se ha andado en pro de la tecnificación y la medicalización, devolviendo la importancia del contacto humano y abogando por el trabajo interno a cargo del profesional, por la compasión (entendida como la comprensión profunda y como invitación a acompañar al otro) y la empatía.

Parece que este movimiento que surge desde la Medicina, la Psiquiatría, la Psicología… está suponiendo una revolución silenciosa, que va poniendo las semillas para crear en el trabajo terapéutico una forma de relación basada en la humanidad y en el cuidado de calidad.

La importancia de la escucha

Quizá una de las principales tareas que tiene por delante un profesional sanitario es la de parar: parar para poder escuchar y escucharse; para poder tomar conciencia de qué partes de su interior se activan en el encuentro terapéutico con el dolor.

Trabajamos como somos, así que los miedos, las creencias, las emociones, los mecanismos propios de afrontamiento y todo aquello que nos despierta el sufrimiento, la muerte y el dolor en nosotros mismos, van a estar presentes en el momento de la terapia.

Empatía y acompañamiento

En el trabajo terapéutico con una persona, la empatía es un ingrediente fundamental que tiene que estar presente. Debemos distinguir entre dos aspectos: el contagio emocional (sentir lo que la otra persona esta sintiendo) y la preocupación empática, es decir: hacernos cargo, comprender profundamente lo que está viviendo la persona.

En su definición de empatía, Carl Rogers -padre de la terapia humanista- hablaba de “comprender el mundo interior del otro ‘como si’ fuéramos el otro”, poniendo mucho peso en ese “como si”, que implica ser conscientes en todo momento de que no somos el otro y de cómo lo estoy sintiendo en mí mismo.

El profesional sanitario no debe perder nunca de vista lo que está ocurriendo en su interior durante la sesión o la consulta, ya que en el transcurso de la misma van apareciendo cosas que proceden de la interacción, pero también del interior del profesional: miedos, mecanismos automáticos, emociones, dificultades propias… que dan pistas sobre cómo se relaciona con el dolor cada profesional.

La actitud del profesional en la terapia

En el encuentro terapéutico, buscaremos esa preocupación empática que nos permite acompañar sin perder los límites propios, acompañando sin ese contagio emocional que nos lleva a identificarnos (o a distanciarnos) y, por tanto, a ofrecer una ayuda más pobre al doliente.

Por este motivo, es importante que lo que está ocurriendo en el interior del profesional durante la sesión sea llevado a la consciencia, para poder saber lo que se mueve en su interior al acompañar a alguien que está sufriendo, permitiendo que lo podamos trabajar.

Ya son varios los estudios que ponen su foco en las ansiedades del profesional ante la muerte, como forma de profundizar en aquello que hace humano al profesional y que muchas veces, frente a la dificultad del manejo de las mismas, nos refugiamos en la seguridad del rol de experto, distanciándonos de la experiencia interna del doliente, del familiar, del paciente.

Trabajar el dolor desde el autoconocimiento

Esta manera de trabajar desde la consciencia, desde el autoconocimiento, para a partir de ahí poder desarrollar la compasión y la preocupación empática de una manera auténtica, desde la presencia, marca un camino para el profesional.

Se trata de un camino para el que nos podemos entrenar y que, quizá, podemos empezar a trabajar tomándonos un rato de preparación antes de las sesiones, con el fin de crear un espacio de escucha interno, donde quepa lo que el paciente expresa, pero también las propias inseguridades, limitaciones y miedos que también forman parte de nosotros mismos, que nos hacen humanos y que permiten que el encuentro terapéutico sea real.

Para saber más sobre el acompañamiento a pacientes en duelo, os recomendamos la lectura de nuestra Guía de Duelo Adulto para Profesionales Socio-Sanitarios, que ofrece a los trabajadores del ámbito de la salud (médicos, enfermeros, psicólogos) pautas para detectar y atender el duelo complicado en Atención Primaria. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org

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