Los huérfilos: Cómo poner palabras al dolor de perder a un hijo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En este artículo me gustaría hacerme eco de un reportaje publicado recientemente en el diario El Mundo, donde se hablaba de una petición promovida por un grupo de padres que han perdido a un hijo, a quienes apoyaba un gran número de personajes famosos que han querido prestar su imagen para apoyar su causa.

Este colectivo ha dirigido una carta a la Real Academia de la Lengua Española para solicitar que incluyan una palabra capaz de poner nombre a una condición que no lo tiene o, al menos, no lo tiene en castellano: la condición del padre o la madre cuyo hijo o hija ha muerto. La palabra que ellos proponen para definir esta situación es “huérfilo” y han iniciado una campaña en la plataforma Change.org para recoger firmas que apoyen esta petición.

Poner palabras a la experiencia del duelo

Esta campaña me da pie para hablar de la importancia de poner palabras al dolor que genera la pérdida de un ser querido: no sólo en el caso de padres que han perdido hijos, sino ante cualquier pérdida.

Cada vez nos encontramos con más gente que siente la necesidad de poner palabras a su experiencia. Esto era algo que los psicólogos reclamábamos antes en solitario y ahora es un clamor de toda la sociedad, como bien refleja la crónica de El Mundo. En este contexto, podemos considerar la petición de los “huérfilos” un avance importante, dado que la población empieza a estar sensibilizada con la necesidad de “hablar” del duelo y ponerle palabras a lo inexplicable, frente al tabú de no mencionarlo.

La forma en que cada uno pone palabras al dolor requiere respeto a la diferencia inherente a la unicidad de cada caso, porque lo que es válido y útil para una persona puede no serlo para otra. Más allá del éxito que le deseamos a esta campaña, queremos proponer dos métodos para ayudar a los dolientes a poner palabras al dolor.

Terapia para expresar el dolor

El primero de ellos es la terapia convencional basada en la palabra, que consiste fundamentalmente en crear un espacio protegido donde el individuo se sienta cómodo para expresar lo que siente y poner en palabras su experiencia de pérdida.

La base de esta terapia es la escucha, que permite centrar la atención en los matices de la pérdida de cada uno de los dolientes que se acercan a la terapia.

La terapia permite ser visto, ser reconocido, ser legitimado. La palabra pone límites al dolor porque lo acota y permite el desahogo emocional. Existen distintos tipos de terapia eficaces en el tratamiento del duelo y algunas personas se adaptan mejor a unas que a otras.

La escritura como terapia

Cada uno afronta el duelo de la mejor manera posible. Todos hacemos lo que podemos ante el dolor: hay quien hace más ejercicio y le sirve; hay quien pide que le manden medicación y le funciona; y hay quien desahoga su dolor escribiendo.

Escriben tanto profesionales de la escritura como aficionados. Algunos llegan a publicar sus materiales y otros no. De entre los que consiguen publicar esos manuscritos, algunos lo viven con una mezcla de pudor y de orgullo, pero todos ellos afirman que les sirvió a modo de terapia y que ponen su experiencia al servicio de otros que estén pasando o vayan a pasar por su misma situación para que les sirva de guía.

Ese fue el caso de Pedro Alcalá, autor de “La mujer que me escucha”, un libro que escribió como homenaje y como parte de su paso por la terapia en la Fundación Mario Losantos del Campo. Su testimonio es un relato desgarrador y salvaje, “sin adornos”, de la que fue su experiencia de pérdida y puede leerse aquí.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

 

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