Cómo se lo explico: Cuando un niño no ha conocido a uno de sus progenitores

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

En nuestra larga© Malagón trayectoria atendiendo a pacientes en duelo, a menudo nos hemos encontrado con una situación muy triste y también más común de lo que se cree: progenitores que nos consultan qué hacer, al verse en la tesitura de tener que explicar a su hijo quién era su padre o su madre.

Aunque hoy en día nos parezca raro o prácticamente imposible, hay mujeres que fallecen por complicaciones en el parto y sus hijos no las llegan a conocer. Otra situación más frecuente es el fallecimiento del padre, ya sea por enfermedad o de manera inesperada o traumática, mientras su mujer está embarazada del futuro hijo de ambos.

Cómo hablar a un niño del padre que no ha conocido

Cuando se produce el fallecimiento de un padre o una madre en estas circunstancias -o a edades muy tempranas, no llegando a los 7 meses de edad-, el progenitor superviviente experimenta muchas dudas sobre los recuerdos que puede inculcar a los hijos o incluso miedo a que no sean conscientes de que han tenido un padre.

Lo primero es quitarnos el miedo: el niño tiene que saber que ha tenido padre o madre, y los adultos deben hablarle de su padre o de su madre porque ha existido. Si no damos este primer paso, le interese o no al niño, ya no habrá preguntas posteriores acerca de su progenitor, ya que considerarán que es un tema que no se trata en casa.

No sólo hay que explicarle al niño que ha tenido padre o madre, sino también las circunstancias de su muerte, para que se haga una idea real desde el principio de lo que sucedió y no rellene el vacío con fantasías o historias fabuladas que edulcoran la realidad y que los adultos somos muy propensos a contar.

No mentir acerca de un ser querido que falleció

Hay que tener claro qué recuerdos queremos transmitirle al niño: podemos buscar rasgos esenciales del carácter, aspectos que nos parezcan significativos de manera especial, detalles, anécdotas y aquellas cosas que reflejen una imagen del modo de ser del progenitor.

Es preferible no ensalzar al progenitor fallecido. No hay que perder de vista que el progenitor que se queda tiene que ser el bueno ni tampoco debe mantenerse un recuerdo idealizado. Tiene que ser un recuerdo veraz, que englobe distintas situaciones, y no un recuerdo perfecto con el que el niño tenga que competir, o que incluso deje en una mala posición al progenitor superviviente, generando disputas acerca de la bondad o la maldad en la pre-adolescencia.

Usar fotografías para recordar a un ser querido

Como recurso, podemos utilizar fotografías. Antes era más complicado conservar muchas fotografías, ya que todas estaban en soporte papel, pero ahora con el formato digital es fácil que tengamos distintos momentos recogidos en fotografías.

Hay que hacerse con las máximas posibles para tener una muestra representativa de distintas situaciones y que el niño pueda ponerle cara, recoja el estilo… Con esas fotografías podemos hacer un álbum que el niño pueda tener como referencia, mirar y tocar, incluso a modo de diario novelado que recoja los detalles distintos que nos parecieron importantes.

Si hay cosas que utilizamos con el bebé y fueron compradas por el progenitor fallecido o las usaba, desde muy pequeños podemos decirle cosas como: “Esta toalla la eligió tu papá especialmente para ti” o “Este peine lo usaba tu mamá y le gustaba mucho”.

Fomentar el trato con la familia del fallecido

Otro recurso es mantener -si es posible- el contacto con la familia del progenitor fallecido, de manera que el niño o niña establezca un vínculo y, a través de ellos, pueda conocer aspectos esenciales de ese progenitor fallecido, detalles de cuando era pequeño, en qué cosas se parecen, qué cosas le gustaba hacer cuando era pequeño, rutinas de vida y todos los detalles de la infancia que el fallecido no puede transmitir y que su familia seguramente conocerá bastante bien.

Por último, podemos compartir con el niño a modo de recuerdo los lugares en los que el progenitor fallecido disfrutaba, o que tenían un especial significado para la familia, para que el pequeño pueda entender la importancia de esos espacios para la familia. No es fácil generar un recuerdo en estas situaciones, pero es un trabajo importante para los niños que no han podido conocer a sus padres o a sus madres.

Para saber más sobre la atención del duelo en menores, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores  en vuestro centro educativo (a través de este proyecto)  o consultar  nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad.

También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org.

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