El duelo infantil: Mi hijo adolescente ha perdido a su hermano

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónRecientemente una persona se puso en contacto con nosotros a través de este blog para plantearnos esta situación que, aunque ya nos la hemos encontrado en varias ocasiones, hasta ahora no habíamos abordado aquí. Esta consulta tan directa nos ha animado a profundizar en un tema tan complicado y doloroso como es la pérdida de un hermano para un adolescente.

En primer lugar, hay que señalar que los adolescentes entienden la muerte de igual forma que si fueran adultos: no necesitan explicaciones muy concretas que aclaren los aspectos básicos de la muerte, como ocurre con los más pequeños. Así que, aunque sea doloroso, deben enterarse al mismo tiempo que el resto de la familia y, si no se puede, lo antes posible. De lo contrario, si alargamos la información se acabarán sintiendo apartados de la familia y no tenidos en cuenta.

Cómo comunicar la muerte de un hermano a un adolescente

Es importante que compartamos con él cuál ha sido la causa de la muerte, que lo sepa y que pueda preguntar las dudas que tenga, que no se las guarde. La imaginación es muy poderosa y se tiende a rellenar con ella los vacíos de información.

Debemos dejar claro al adolescente que puede preguntar sin temor, que le contaremos lo que necesite saber y que, si en ese momento no tiene dudas y le surgen más tarde, puede acudir a nosotros, porque aunque a veces parezca lo contrario, siempre será buen momento para hablar de este tema.

Cómo tratar al adolescente en duelo

Aunque nuestra tendencia será ir a comprobar con frecuencia si están bien o se encuentran mal, hay que dejar a los adolescentes momentos de espacio. Lo mejor es dejarles claro que estaremos ahí para lo que necesiten, que entendemos su dolor, que no queremos atosigarles, pero que de vez en cuando nos gusta saber qué tal están ellos.

Les dejaremos cierto espacio para que hablen con sus amigos y con otros adultos cercanos, si así lo desean. También les transmitiremos que, aunque no estemos pendientes todo el tiempo de ellos, les queremos y nos preocupa su bienestar.

Los miedos del adolescente en duelo

Una de las cosas que más preocupan a los adolescentes es que sus padres se encuentren mal, tristes, algo más que probable en este caso. Por eso, a menudo ocultan su dolor o malestar para no añadir su dolor al dolor de los padres. Suelen guardarse sus opiniones, sus sentimientos, se esconden para encontrar huecos de alivio pero no lo comparten con sus progenitores, ya que les preocupa convertirse en una fuente añadida de malestar para ellos y tratan de protegerles.

Cuando los padres están mal y los hijos no quieren mostrar su malestar se producen dos situaciones muy preocupantes: por un lado, los padres piensan que su hijo adolescente “pasa de todo”, piensan que esa aparente normalidad es un reflejo del “no dolor”, creen que no está triste por la muerte de su hermano y eso les duele; por otro lado, el adolescente se siente perdido, sin una referencia sobre quién le debe cuidar, porque a veces los padres están tan afectados que “no están para eso”.

Cómo ayudar al adolescente en duelo

Algo que nos puede ayudar en esta situación es explicarle que, aunque es cierto que estamos muy tristes y nos encontramos mal, nada de lo que él haga o diga nos va a hacer sentir peor, todo lo contrario: aunque parezca que no podemos con más, nos interesa mucho saber lo que quiera decirnos y eso no va a añadir malestar, nosotros estamos ahí para lo que necesite.

Los adolescentes normalmente se comunican mejor a través de mensajes, cartas, escritos y también con su grupo de iguales. No hay que perderlos de vista, hay que estar abiertos a ofrecerles ayuda y tenerlos en cuenta siempre para los homenajes, los ritos o para vaciar una habitación. Es importante saber si es el momento en que él o ella se sienten capaces de hacerlo o, por el contrario, debemos esperar.

Atender a un adolescente en duelo

Aunque parezca que los adolescentes están bien y son fuertes, no debemos descuidarlos y tenernos que dejarles siempre la puerta abierta a la comunicación y a la expresión emocional. Hay que evitar que asuman ciertas responsabilidades tras el fallecimiento: como no dejarnos solos, salir menos, hacer las cosas que hacía su hermano… Les diremos que no pasa nada, que no esperamos que se comporten igual, ni que cuiden de los más pequeños, que esperamos que signa haciendo sus cosas porque eso es lo que nos gusta.

Ante la duda, siempre podemos consultar a un profesional o solicitar su ayuda, ya que en cualquier momento el adolescente puede necesitar apoyo, porque a veces están muy confortados en los primeros momentos, pero luego se ven muy solos con su duelo.

Para saber más sobre la atención del duelo en menores, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores  en vuestro centro educativo (a través de este proyecto) o descargar gratis nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad.

También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org.

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