Cuidando al cuidador profesional: La fatiga compasiva (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Últimamente numerosas revistas especializadas han dedicado artículos al tema de los cuidados al cuidador, lo que resulta de lo más esperanzador. Centrarse en la parte personal del profesional sanitario y no sólo en sus competencias profesionales es el camino para que éste ejerza su labor desde una perspectiva integral, consciente y saludable, tanto para él como para sus pacientes. No es posible dedicarnos a este trabajo si no cuidamos y trabajamos nuestra interioridad.

En este contexto han surgido algunas voces que dedican atención al profesional sanitario que trabaja en ámbitos donde el dolor y el sufrimiento son palpables, abordando cómo afronta su trabajo y cómo lo procesa como ser humano.

Así, se ha acuñado el concepto “fatiga por compasión” para hablar de una vivencia compleja: la que sucede cuando el contacto constante con el dolor y el sufrimiento de otros comienza a pesar tanto que se cuela en todos los ámbitos de la vida del profesional e interfiere no sólo en su trabajo, sino en la imagen de sí mismo, mermándola a todos los niveles.

Síntomas de la fatiga por compasión

Cuando entramos en esta vivencia de fatiga -a la que somos susceptibles simplemente por ser humanos-, se abre ante nosotros el camino de la vuelta al contacto con uno mismo, el momento de identificar, parar y discernir el camino a seguir.

Las señales que nos permiten identificar la fatiga por compasión son de varios tipos:

-Cognitivas: Dificultades en atención y memoria, revivir el trauma (del paciente), sacudida de creencias, percepción de vulnerabilidad, desconfianza, disminución de las actividades de ocio placenteras y divertidas, aislamiento de la familia y los amigos.

-Emocionales: Experiencia de intenso miedo, tristeza o ira, que puede producir vulnerabilidad, desesperanza, pérdida de la alegría y la felicidad.

-Somáticas: Reacciones propias de la hiperactividad de la rama simpática del sistema nervioso autónomo (palpitaciones, molestias gastrointestinales, estreñimiento, dolores de cabeza…), dolores difusos debido a tensiones musculares, cansancio y/o sensación de que el descanso no es reparador y, en el caso de las mujeres, agudización de las molestias menstruales.

-Laborales: Percepción de escasa capacitación profesional, tendencia a dirigir la intervención hacia las áreas no relacionadas con el sufrimiento, aislamiento del resto del equipo, sensación de incomprensión, absentismo y bajas laborales.

Si necesitamos una manera más objetiva, concreta y completa de medir la fatiga compasiva, en este enlace tenemos un auto-cuestionario que la mide y que podéis consultar en este enlace.

Introspección y autocuidado

Creo que el profesional que siente ese peso lo sabe, pero a veces el propio ritmo de vida nos impide parar y mirarnos, y vamos acumulando carga sin ser conscientes de ello. Por este motivo, este artículo es una invitación a los profesionales sanitarios a parar: parar y mirarse, parar y escucharse de verdad, con la misma empatía, respeto, cuidado e interés que ponen en el otro.

Sólo cuando nos paramos en silencio podemos darnos cuenta realmente de cómo estamos, no sólo en lo concerniente a nuestro cuerpo físico, sino también a nuestro cuerpo emocional y nuestro cuerpo espiritual.

La responsabilidad de cuidarse por los pacientes

Hay casos que nos tocan irremediablemente, a nivel personal y profesional. Parece que son casos en los que algo nuestro se remueve hasta la médula y hacemos nuestro el dolor del otro. Es tal la intensidad que quedamos tocados por un tiempo, alimentando nuestros miedos y nuestras inseguridades, lo que se refleja en una búsqueda de protección dentro del propio desempeño de nuestro trabajo. Somos humanos, no podemos evitar quedar tocados, o que a veces o durante alguna temporada nos veamos sobrepasados por determinados casos. Ahí tenemos una responsabilidad con nosotros mismos y con las personas que atendemos.

En escucha a esa responsabilidad, es nuestro deber parar y atendernos. Una parada que no siempre es fácil de hacer porque, en esos momentos en los que no estamos en nuestro centro, podemos dejarnos arrastrar más que nunca por nuestro pequeño salvador interno, que no atiende al presente de nuestra necesidad real ni la del otro, sino que se guía por “deberías”. En esos momentos, entran fácilmente en juego inseguridades y miedos, y parece que esta fatiga por compasión nos invade y nos define.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

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