Cuando no hay certezas en el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Dedicado a un héroe con monopatín y a los que son como él

 

La historia nos muestra que las personas nos unimos en el dolor. Los recientes atentados en Reino Unido han sido una buena prueba de ello.

Los días que se sucedieron desde que conocimos la noticia del último ataque en Londres hasta que se identificó a todas las víctimas narran la historia de un pueblo. Es la historia de una sociedad entera, la española, que siguió de cerca el desarrollo de la noticia a través de las redes sociales y de los medios de comunicación.

Durante esos días, muchas personas nos asomábamos a las noticias en un intento desesperado de acercarnos y arropar a esa familia  que, a miles de kilómetros, sufría el dolor de una ausencia sin respuestas. Pocas veces se ha visto tanta unión, tanto interés y tanta preocupación expresado de forma tan rotunda.

El duelo colectivo y el apoyo social

Resulta imprescindible abandonar el tono técnico y académico para hablar de lo que sucedió en esos días, porque sin duda fueron momentos que escapan a cualquier intento de comprensión o abordaje racional. Y en aquella situación tan devastadora aprendimos dos cosas:

1. La importancia que tienen esos primeros momentos tras un atentado. Lo necesario que es dedicar esfuerzos y energías a la tarea de identificar lo antes posible a las víctimas, atender a los familiares en esos primeros momentos de ausencia de noticias, de tanto vacío. A medida que se suceden las horas entre tanto dolor, cada gesto cuenta y la burocracia está llamada a humanizarse y ponerse al servicio de las necesidades de una familia desolada, para evitar a los afectados todo el dolor posible.

El hecho de iniciar los rituales de despedida y acompañar el cuerpo del ser querido puede servir de alivio a los familiares. Dentro del comprensible rigor de los protocolos, la agilidad en las primeras horas es fundamental. Las certezas duelen menos que las incertidumbres, por duras que sean dichas certezas, porque, al menos, la tensión cesa. Aparece el malestar, el dolor, pero la espera concluye. Saber es mejor que no saber. Podemos aceptar lo que sabemos, pero lo que no sabemos -la incertidumbre, el desconocimiento- nos conduce a una situación de angustia casi constante, en la que parece que los minutos y las horas duelen.

2.El valor de las muestras de cariño de la gente: el interés, la admiración de todo un pueblo y el reconocimiento público pueden servir de bálsamo para el alma rota de unos padres y de toda una familia en duelo. El hecho de que la muerte de un ser querido sea pública y se retransmita a través de los medios de comunicación como un goteo constante puede dificultar la resolución del duelo, ya que la falta de intimidad y el seguimiento mediático pueden remover e impedir el descanso de los familiares y amigos. Sin embargo, en este caso, esa exposición y el cariño de la sociedad han servido para expresar cercanía, compasión y amor a unas personas que estaban sufriendo una pérdida sinsentido.

Encontrar tanto amor, en medio de tanto horror, sin duda ha tenido que ser reparador y dulce para los familiares de las víctimas, tal y como ellos mismos han corroborado. Porque el amor y la compasión son las fuerzas más poderosas del universo.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

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