Cuando los límites de la terapia de duelo son difusos

Este artículo es un homenaje a todos los psicólogos que conozco
y a su esfuerzo por ser los mejores psicólogos posibles para sus pacientes.

 

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónComo psicóloga experta en duelo, a menudo me he planteado cuáles son los límites de la terapia: no es fácil saber a qué nivel puedes/debes implicarte con un paciente que tiene un nivel de sufrimiento extremo, como por ejemplo puede ser el caso de un paciente con duelo traumático o una persona con un trauma complejo.

¿Es lo mismo lo que uno debe que lo que puede hacer en terapia? ¿Es legítimo plantearse la necesidad de revisar el nivel de implicación personal, humana, que tenemos con nuestros pacientes?

Los límites de la terapia

Cuando estudias la carrera de Psicología, los límites que te plantean están meridianamente claros. Esos límites aparecen recogidos en el Código Deontológico de los psicólogos y determinan que la relación que se establece entre paciente y psicólogo ha de ser una relación profesional, que en ningún caso debe rebasar los límites que en ella se establecen.

La terapia como tal comienza estableciendo un marco o encuadre terapéutico, que sirve de frontera tanto al paciente como al psicólogo y que aclara las normas de lo que es posible y lo que no es posible o no está permitido en ese ámbito. Se marcan así las normas relativas al precio de las sesiones, el horario (que debería ser siempre el mismo para dar seguridad), la política de cancelación de sesiones, el tipo de terapia que se va a realizar, etc.

El marco terapéutico es necesario y yo diría que incluso imprescindible, porque sienta las bases de las condiciones en que tendrá lugar la terapia y establece lo que el paciente puede esperar o no de su psicólogo. Lo que no tengo tan claro es si el marco debe ser tan rígido como lo es actualmente.

La teoría de la terapia versus la realidad

Sin embargo, las situaciones reales de terapia a veces no se parecen en nada a las situaciones descritas desde lo académico. La terapia de duelo es muy exigente y el papel del experto en duelo a lo largo del proceso es complejo. Cuando las circunstancias no se ajustan a las necesidades de sus pacientes y no existen normas que regulen esas situaciones, tiene que tomar decisiones por su cuenta, innovando.

Por un lado, es imprescindible un grado alto de compromiso e implicación con el paciente, a un nivel casi personal, pero por otro hay que mantener la suficiente distancia como para permitir que sea el propio paciente quien recorra ese camino y tome sus propias decisiones. Por este motivo, la relación terapéutica debe combinar la necesaria presencia con la también necesaria ausencia del terapeuta, para que sea el doliente quien defina y rellene los vacíos que aparecen durante el proceso.

Situaciones difíciles en la terapia de duelo

En ese difícil equilibrio entre ausencia y presencia terapéutica podemos encontrarnos con las siguientes situaciones:

  • 1. La ausencia total del terapeuta que “abandona” o “claudica” y se desentiende del dolor de su paciente para no sufrir con él. Hablamos por supuesto de un extremo, de un terapeuta frío, distante, riguroso, exigente… que busca que el paciente se recupere a partir de la técnica o de orientaciones.

  • 2. La sobreimplicación, es decir, el terapeuta que se implica más allá de lo profesional y establece un vínculo que va más allá de la terapia. Es el terapeuta que está disponible más allá de las sesiones, en horario ininterrumpido, que puede llegar a participar en eventos familiares o personales de sus pacientes. Son profesionales que entregan lo mejor de sí mismos, a veces rebasando los límites terapéuticos.

Sirvan de base estas dos situaciones como punto de partida para establecer el debate.

Necesidades y límites de la terapia

La pregunta que debemos hacernos ahora es si los criterios que han servido de base para sentar los principios de una relación terapéutica “sana” o ética se ajustan a las necesidades actuales de nuestros pacientes, porque en el fondo son criterios basados en la cultura anglosajona, una cultura en la que el contacto físico está penalizado, el modo de saludarse es muy formal y la manera de relacionarse, muy concreta.

En la cultura latina, por el contrario, somos más cercanos, más emocionales, más expresivos y quizás haya llegado el momento de redefinir -con la ayuda y el consenso de todos los agentes que nos dedicamos a esto- los “marcos” de nuestras relaciones terapéuticas, para cubrir las nuevas necesidades de nuestros pacientes, porque claramente necesitamos dar una respuesta a nuestros pacientes y, en conciencia, necesitamos dárnosla a nosotros mismos.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

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