500 palabras para la compasión

Sara Losantos, Pilar Pastor y Patricia Díaz, psicólogas de FMLC

 

© MalagónCuando tuvieron lugar los terribles atentados de Estambul y Niza, el equipo de psicólogas de la Fundación Mario Losantos del Campo escribió este artículo para expresar su solidaridad y cercanía a los afectados, así como para aportar alguna pauta para aliviar y apoyar desde aquí a los familiares y amigos de las víctimas de la violencia terrorista. Lamentablemente, hoy este artículo sigue vigente.

Resulta enormemente difícil encontrar palabras para abordar un tema tan complejo y tan espinoso como es el duelo que produce la muerte de un ser querido, cuando ésta ha sido provocada por otro semejante.

Obstáculos en el duelo traumático

Una de las principales complicaciones que puede encontrar cualquier persona que pierda a un ser querido en un atentado es la dificultad para darle sentido a la experiencia de pérdida. Todo aquello que generalmente resulta útil en un proceso de duelo resulta insuficiente cuando afrontamos la muerte de un ser querido en un atentado, debido a la magnitud del impacto.

Tras un atentado de estas características, la prioridad es atender la devastación que deja la crueldad a su paso. Tan sólo el amor, la compasión y el encuentro genuino con otro ser humano pueden sostener y contener el alma rota de un país en duelo.

Tal vez esta explicación pueda resultar pueril o insuficiente, pero en este momento el amor constituye realmente una auténtica fuerza frente al odio, al horror y la destrucción. Aunque ahora mismo pueda parecer que el odio lo ocupa todo, al igual que aquel sabio indio, necesitamos descubrir que “el amor es silencioso, pero es superior al odio que hay en el mundo. Si no fuera así, el mundo no resistiría”.

Cinco aspectos básicos para acompañar el duelo tras un atentado

Estas son algunas pautas para atender el duelo de los afectados y las familias de las víctimas de un hecho tan trágico:

  • – Presencia, cercanía, contacto físico. El contacto físico sirve como bálsamo, pero hay que tener cuidado porque cada persona tiene diferentes necesidades y una tolerancia distinta ante los abrazos, un apretón de manos o una caricia.
  • – El dolor es una emoción compleja, que necesita espacio y tiempo. Pone en contacto con la vulnerabilidad más esencial del ser humano y ese espacio interno requiere cariño y paciencia.
  • – Mostrar delicadeza y respeto a la expresión emocional de cada persona y al ritmo que cada uno lleva, sin interrumpir ni tratar de forzar el proceso.
  • – Escuchar lo que el doliente expresa. La escucha profunda implica poner intención en querer entender y escuchar al otro, y también requiere de silencio, externo e interno. Escuchar así nos lleva a la comprensión profunda del otro y, por tanto, al acompañamiento auténtico.
  • – Ayudar al doliente en los aspectos más básicos: Ofrecerse para acompañar en según qué momentos, ayudar en determinados trámites, en las comidas, o estar pendiente de sus necesidades básicas.

“Entender el sufrimiento de alguien es el mejor regalo que puedes dar a otra persona, la comprensión es el otro nombre del amor”, Thich Nhat Hanh.

En nombre de FMLC, toda nuestra comprensión, apoyo y cariño a las familias.

 

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