Cómo ayudar a los niños a anticipar la muerte de un ser querido

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

postPatri8Explicar la muerte nunca es fácil, en parte porque es un tema que a nosotros, los adultos, nos duele y nos cuesta mucho. Aunque pensemos que a los niños la muerte les asusta, básicamente a quien asusta es a nosotros.

A menudo se da el caso de personas que piensan que, si hablan a sus hijos de la muerte o si les llevan a participar de rituales, van a traumatizarles o a generarles un recuerdo tan doloroso que difícilmente olvidarán. Sin embargo, es muy difícil traumatizar a un niño explicándole lo que va a ver. No es fácil impactar a los niños, que viven todo con mucha naturalidad y sin tantas trabas como los adultos.

En la actualidad consideramos la muerte como un tema tabú, pero esto no siempre ha sido así. El alargamiento de la esperanza de vida ha provocado que lo que antes era algo normal y compartido (la gente se reunía alrededor del muerto en la casa del pueblo) sea visto como algo excepcional en algunos casos: aunque sepamos que la muerte está ahí siempre, lo habitual es que nunca nos venga bien. En realidad consideramos que hablar de la muerte es de mal gusto y preferimos omitirlo, pensando que así evitamos sufrimiento a los niños.

Consecuencias negativas de no explicar la muerte a los niños

A menudo nuestra intención como adultos es proteger a los niños de los aspectos negativos de la enfermedad: no queremos que tengan un recuerdo de alguien deteriorado, demacrado, o que ya no se parece a quien era. Intentamos proteger a los menores de una imagen o recuerdo que pensamos que les marcará de por vida. Pero esto, aunque puede pasar, no es lo habitual. Además, esta estrategia puede generar más de un problema.

  1. Si les ocultamos la enfermedad de un ser querido, es probable que su muerte les genere más impacto por lo imprevisible de la misma. Si el niño percibe que todo está bien y de repente uno de sus progenitores fallece, el impacto de la muerte es igual al que se produce cuando la pérdida es inesperada, mientras que del otro modo el niño puede prever a su manera el desenlace.
  2. Si les ocultamos la enfermedad, pueden quedar cosas pendientes entre el menor y el fallecido: una conversación una despedida, algo simbólico, etc. Esta es una queja bastante común entre los menores a los que se les oculta el desenlace, y puede manifestarse en edades más tardías, durante la adolescencia o al inicio de la edad adulta.
  3. Mentimos a los niños, y esto no es bueno, ya que somos las personas que luego debemos garantizarles su seguridad. Si no les decimos la verdad, difícilmente nos creerán en otras situaciones. Y puede que crezcan con muchas dudas al respecto.
  4. Les tratamos como si fueran muy pequeños y no pudieran defenderse, es decir, actuamos sobreprotegiéndoles de una realidad que es la muerte y la enfermedad. La realidad es que los niños son niños, pero no tontos. Infravaloramos sus recursos y sus fortalezas. Además, si les ocultamos cosas o evitamos hablarlas ante ellos, se sienten apartados de la relación familiar.
  5. Por último, generamos un ambiente incierto: los menores ya no sabrán qué esperar ante un caso de enfermedad, porque aunque aparentemente el enfermo esté bien, por su experiencia todo puede acabar muy mal sin que aparezca ningún síntoma. Esto les puede generar muchas preocupaciones sobre la salud y miedos ante cualquier enfermedad de personas importantes de su entorno, una circunstancia que puede darse con bastante probabilidad en algún momento de sus vidas.

Cómo explicar a un niño la enfermedad grave de un ser querido

He aquí algunos consejos que, en líneas generales, nos pueden ayudar:

  1. Explicarle la verdad al niño, lo que le está pasando al enfermo y cómo evoluciona.
  2. Permitirle despedirse y participar en actos que le permitan prever la muerte.
  3. Transmitirle seguridad y tratarlo de acuerdo con su edad, proporcionándole mensajes sinceros que pueda comprender.
  4. Responder a sus preguntas del mejor modo posible.
  5. Evitar que nuestros miedos o experiencias anteriores nos influyan a la hora de explicar al niño las cosas. No conviene pensar que va a sentir lo mismo que nosotros vivimos y sentimos.
  6. Entender que no podemos ahorrarles a los menores todo tipo de sufrimiento y que, seguramente, algunas cosas les impactarán o les llamarán la atención. No pasa nada, lo que no se pueda abordar en el momento se abordará más adelante.

Para saber más sobre la atención del duelo en menores, podéis acudir a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de duelo infantil, solicitar que impartamos una charla gratuita para padres y profesores  en vuestro centro educativo (a través de este proyecto)  o consultar  nuestro manual práctico “Hablemos de Duelo”, que ofrece pautas para ayudar a los adultos a hablar de la muerte con los niños y da claves sobre cómo viven el duelo los menores según su edad. También incluye un apartado sobre cómo atender el duelo en el colegio y cómo ayudar a afrontar el duelo a las personas con discapacidad intelectual. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org.

Los comentarios están bloqueados.