Cinco preguntas acerca del tabú en torno a la muerte

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEstá demostrado que las cosas que podemos anticipar nos resultan más fáciles de asimilar que aquellas que no podemos. De forma paradójica -y a pesar de que es la única certeza de la vida- a los seres humanos nos cuesta hablar de la muerte y prepararnos para abordar los temas que nos preocupan con respecto al fin de la vida.

A continuación, abordaremos algunas cuestiones en torno al tabú que existe sobre la muerte en la sociedad actual, así como de sus causas, sus efectos y cómo hacerle frente.

¿Por qué nos cuesta tanto hablar de la muerte? ¿Se trata de un tabú?

No hay un único factor que permita explicar por completo la dificultad que tenemos para hablar de la muerte, sino que existen varias razones para ello:

Razones sociológicas, como el aumento de la esperanza de vida, el avance de los tratamientos médicos, la tecnificación de la muerte, que alejan la realidad de la muerte de nosotros (la muerte les sucede a “otros”).

Razones culturales: En determinadas culturas, la muerte está más presente y forma parte de lo cotidiano: se representa, se admite e incluso se celebra. Esto tiene que ver con un sentido de la trascendencia que, en Occidente y sobre todo en Europa, hemos ido perdiendo.

Razones psicológicas: Nuestra propia muerte se nos hace irrepresentable. Esto es algo que tiene mucho que ver con el miedo a lo desconocido. Sin duda en nuestra sociedad existe un claro tabú que aleja la muerte de nuestras vidas, la encierra en los hospitales y la traslada de las casas a los tanatorios. Nuestra sociedad es prisionera de la inmediatez: se basa en una cultura hedonista que busca la recompensa sin esfuerzo y que huye del sufrimiento, en una fantasía que presupone que, si no hablamos de ello, no sucederá.

¿Hay que prepararse para hablar de la muerte?

Ciertamente no existe una única clave que garantice todas las condiciones necesarias para hacernos la muerte más llevadera, pero sí sabemos que la muerte es la única constante en nuestras vidas. Es una experiencia universal, nos va a ocurrir a todos.

Hablar más de ella puede prepararnos para que nos resulte más sencillo, puede “limar” el miedo que le tenemos, porque todo lo que podemos anticipar nos resulta menos traumático, dejando al margen el hecho de que la pérdida siempre conlleva dolor.

¿Debemos naturalizar la muerte?

En general conviene huir de las fórmulas genéricas, por lo que naturalizar la muerte no tiene por qué ser una “obligación”. Sí es cierto, sin embargo, que a medida que acercamos la realidad de la muerte y le perdemos el miedo, nuestra vida se hace más plena. No tener miedo a la muerte nos permite vivir la vida con más intensidad. Sin embargo, eso es algo que cada persona debe de hacer a su propio ritmo, sin forzar, en el momento en que cada uno pueda.

Además, tan malo es estar en un extremo como en el otro. Nuestra sociedad actual se ha alejado de la muerte como si pudiera sortearla y eso es malo porque nos cuesta afrontarla cuando finalmente llega. En los dos polos del continuo vida/muerte, estar demasiado “pegados” a la muerte -y aquí nos referimos del morbo o a poner excesiva atención en la muerte- puede impedirnos vivir la vida o estar en contacto con ella.

¿Somos conscientes de que vamos a morir?

A un nivel muy inconsciente todos los seres humanos sabemos que vamos a morir. Pero el ser humano se acerca a lo que le produce placer y se aleja de lo que le produce dolor de una manera casi instintiva. Por eso, relegamos lo relativo a la muerte hasta que nos vemos obligados a hacerle frente y, en ese momento, cuando la muerte es inminente, no podemos dosificar el modo en el que nos acercamos a ella.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

 

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