Aprendizajes sobre el duelo (III)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn esta serie de artículos acerca de los aprendizajes que van descubriendo tanto el doliente como el profesional a lo largo del camino del duelo, hoy centramos la atención en tres aprendizajes fundamentales desde el punto de vista del profesional sanitario.

Los profesionales de la salud -especialmente los que afortunadamente nos dedicamos a ello por vocación- estamos en continua formación, estudio y búsqueda de inspiración y crecimiento. Durante esta búsqueda, he dado con esta entrevista de Enric Benito, médico de cuidados paliativos, investigador, buscador y una persona llena de sabiduría y claridad para compartirla.

Cómo es el proceso de muerte

Aunque nosotros atendemos a las personas en otro punto del camino -cuando la muerte ya ha acontecido-, creo igualmente necesario que, como profesionales que acompañamos el duelo, debemos saber cómo es el proceso de muerte. También siento que frente al sufrimiento (tanto en paliativos con en el proceso de duelo posterior), los profesionales sanitarios tenemos mucho que aprender unos de otros.

Por esa razón, una voz llena de experiencia y sabiduría como la de Enric Benito es un regalo para cualquier oído interesado en crecer como persona y como profesional que, en la Psicología, van de la mano.

De la entrevista, que os animo a escuchar aquí, se pueden extraer multitud de aspectos para la reflexión, pero en el contexto de este artículo sobre los aprendizajes del profesional sanitario en el duelo, he extraído tres aspectos fundamentales de la buena praxis en el acompañamiento a personas que estén sufriendo o, en nuestro caso, de las personas que atraviesan un duelo complicado:

La hospitalidad en el duelo

Me ha encantado este término lleno de humildad y sencillez. La hospitalidad tiene que ver con la acogida, con abrir las puertas de nuestra casa interior para acoger en igualdad al otro. “Tu salvación viene en forma de peregrino cansado”. Como bien dice Enric Benito, “para abrir las puertas de nuestra casa, ésta tiene que estar un poco ordenada y debemos estar dispuestos a que se ensucie un poco”. Esto conecta con el trabajo consciente, con el autoconocimiento y con conocer los propios miedos que se nos despiertan como personas que trabajamos con el dolor de otros.

Nuestra principal herramienta somos nosotros mismos. Eso implica responsabilidad con uno mismo y con el otro: no puedo abrir las puertas de mi casa si no la conozco bien, si no sé cuidarla, si no conozco mis propios límites ni mis propios temores, dolores y sombras… porque si la abro sin conocer ni haber acompañado y profundizado en todo esto, en el momento de la terapia se mezclará lo mío con lo del paciente.

La presencia auténtica en el duelo

Conectar con nuestra presencia es conectar con nuestro yo más esencial, con nuestro centro, con nuestro observador interno y, desde ahí -desde el centro de nosotros mismos- es desde donde podemos acompañar al centro del otro.

La presencia necesita ser cultivada a través del silencio, la quietud, la meditación o la oración contemplativa. Nos ayuda a mantener la empatía y a no irnos ni a la identificación ni a la distancia emocional. Cuando no estamos presentes y conscientes de nosotros mismos, es más fácil caer en la tendencia de irnos a uno de esos dos polos en los que no ofrecemos ayuda, sino que nos dejamos llevar por los automáticos de nuestras tendencias. Estar en presencia nos arraiga en nosotros, no de una manera rígida, pero si de una manera sólida.

La compasión en el duelo

Aunque culturalmente tengamos asociado este sentimiento con la lástima o la pena, la compasión no tiene que ver con eso, sino que implica conectar con el otro a un nivel de igualdad: estar atentos a cómo se siente, conmovernos por lo que está viviendo y pasar a la acción, es decir, favorecer el alivio del sufrimiento.

Las personas que nos hemos acercado a las profesiones sanitarias con vocación de servicio partimos de una base compasiva que ya anida en nuestro corazón, pero no es suficiente con eso. Esta compasión hay que cultivarla, conocerla y cuidarla, así como conocer los propios límites para no caer en una compasión “buenista” que quema y no ayuda.

¿Qué otra cosa podemos ofrecer a una persona que se encuentra en medio del vacío o de la negrura existencial si no es esta presencia y compasión? Las herramientas concretas, las técnicas, etc., ayudan, son las herramientas de las que nos servimos para poner en marcha la compasión. Sin embargo, la base que permite la confianza y la seguridad para que el otro se abra a sí mismo es esta presencia.

Para saber más sobre el duelo, os recomendamos la lectura de nuestra Guía de Duelo Adulto, que ofrece pautas para detectar y atender el duelo complicado. La guía está disponible gratuitamente para su descarga en nuestra página web:

www.fundacionmlc.org

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