La aceptación y la resignación en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

FMLC

Uno de los grandes debates que surgen en la terapia de duelo es la diferencia entre aceptación y resignación. Parece que son términos intercambiables y que hablan de lo mismo, pero en realidad son dos caminos muy distintos.

En el artículo de hoy vamos a abordar ambos conceptos desde la perspectiva del duelo.

Qué implica aceptar y qué implica resignarse

En la terapia de duelo, una vez que la intensidad del dolor ha disminuido y el doliente empieza a tener una visión más global de su relación con el fallecido -no sólo lo referido a la experiencia de la muerte o la enfermedad-, se abre otro de los grandes procesos implicados en la resolución del duelo: la aceptación.

A menudo hablamos del duelo como un proceso en el que la voluntad y la decisión son fundamentales. En un momento de este proceso, el doliente va a encontrarse ante la disyuntiva de aceptar lo ocurrido o resignarse a ello. La diferencia en términos de definición es muy sutil, a veces incluso confundimos ambos conceptos, o los utilizamos indistintamente, pero su significado es muy distinto.

La aceptación de la pérdida en el duelo

La aceptación significa ver y asimilar las cosas tal y como son en el presente. Más concretamente, la aceptación en el duelo tiene que ver con reconocer la realidad tal cual es ahora. Es una actitud que viene de la voluntad de ver lo que es, y de vivir y estar presente en el momento en el que nos encontramos.

La aceptación no implica que nos tenga que gustar esta realidad o que estemos satisfechos con ella. Tampoco significa que contemplemos pasivamente lo sucedido y nos resignemos a ello, sino que es un proceso activo, de adaptación, que consiste en encontrar un nuevo lugar en esta nueva realidad en el que sentirnos bien tras el fallecimiento de un ser querido. Implica estar presente en la vida tal cual es ahora.

La resignación en el duelo

Por el contrario, la resignación en el duelo tiene más que ver con aguantar, con una sensación de indefensión frente a lo que ha ocurrido. También implica crear una distancia con la vida, con los demás, limitarse a sobrevivir a lo que ha ocurrido y a la realidad de la vida actual.

Es evidente lo costoso que es este proceso y que, por supuesto, requiere del trabajo y de la intención del doliente. Por lo tanto, va a requerir tiempo para que estos procesos puedan desarrollarse.

Aceptación y resignación en las tareas del duelo

Con respecto a las tareas del duelo del modelo de Worden, estos procesos se dan en la primera y cuarta tarea. En ocasiones, la resignación y la aceptación mantienen una línea divisoria muy sutil, que tiene que ver con recuperar la ilusión, con volverse a implicar en la vida, etc.

Otras veces, la acción de volver a adaptarse a la vida (que en el modelo de Worden se corresponde con la cuarta tarea) queda sin resolver, de manera que en el sentir del doliente permanece una sombra que no ha terminado por elaborarse.

Los obstáculos en la aceptación de la pérdida

El principal obstáculo para la aceptación es negar la realidad. La negación puede manifestarse de muchas maneras y a muchos niveles: desde la actitud de no querer atender ni adaptarse a la realidad y aislarse del mundo y de la vida, hasta procesos de pensamiento donde entran en juego los “Y si” y la búsqueda de finales alternativos, como si se negociara con lo ocurrido. Este último mecanismo interfiere con la actitud de aceptar la realidad tal como es y dificulta el proceso.

Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dude en consultar nuestra página web:

  www. fundacionmlc.org

Un comentario para “La aceptación y la resignación en el duelo”

  1. Jose

    Puedo decir que la aceptación y resignación van atadas a como nos envolvimos en la situación. Pues cuando tenemos una fe en la vida cristiana sabemos que la estadía en este mundo es temporera y que en su momento volveremos a ver a esa persona que amamos, admiramos y vimos partir. El dolor de una enfermedad como el cancer es una que nos impacta a todos. Pues el proceso de esta nos impacta pero cuando depositamos esta en las manos de Dios el camino de ambas persona es uno lleno de fuerzas y promesas de que pronto se volverán a ver. Es la promesa de Jesús que antes de ascender a los cielos le dijo a sus apóstoles de que el regresara a buscar a su pueblo para que pasemos a una vida sin enfermedades y de alegría sin final. Solo tenemos que creer y vivir como el nos ordeno. Dios los bendiga.