El duelo como proceso psicológico profundo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónA menudo definimos el duelo como un proceso global, holístico, que abarca todas las áreas del ser humano. Para muchos dolientes, el duelo no puede cerrarse sin antes atender la parte más existencial de la experiencia, los miedos más esenciales y los rincones más profundos de su ser.

Esa parte existencial está relacionada con el sentido más profundo de la vida y la muerte, con el encuentro con áreas de uno mismo que se sienten confusas y poco exploradas, pero que están muy presentes en el día a día, en el manejo de la vida y en las decisiones que se van tomando, como un telón de fondo que nos acompaña y siempre está ahí.

La introspección en el duelo

El duelo llama especialmente la atención por su aspecto más emocional, pero también tiene un aspecto cognitivo, el relacional, el práctico, el espiritual y el existencial… zambullirse en todo este trabajo constituye una verdadera revolución interior. El dolor es la puerta de entrada a muchos aspectos íntimos, que sólo nos detenemos a mirar cuando este dolor nos conduce a ello.

Con esto no queremos decir que en todos los procesos de duelo haya obligatoriedad de realizar un proceso interior profundo y una revisión minuciosa, muchos dolientes no lo necesitan ni lo buscan; pero para otros, cuando comienza el duelo, se abre también un proceso más profundo que invita al autoconocimiento y a transitar por áreas de uno mismo y de la propia existencia que hasta ese momento no se habían explorado.

El autoconocimiento tras la pérdida

Parece que el duelo es un momento propicio para revisar aspectos que hasta entonces no habían sido habitados. El propio contacto con el misterio de la muerte nos abre al misterio de la vida y a una dimensión de nuestra psique a la que habitualmente damos la espalda y evitamos, pero que es donde se encuentra lo más esencial de nosotros.

En este camino -que puede resultar confuso e incierto y, de hecho, lo es- el doliente sólo puede guiarse por sí mismo. Hay una inteligencia distinta a la racional, que tiene que ver con la intuición, con una guía interna que viene de lo más esencial de cada uno. Esa inteligencia, esa sabiduría, es la que marca los tiempos y el movimiento de esta exploración interior. Gran parte del proceso de duelo (así como de la terapia y el acompañamiento) consiste en aprender a escuchar a esta parte de nosotros mismos.

Aspectos vitales que influyen en el duelo

Según cuál sea el momento vital que atraviesa el doliente, el proceso se va a desencadenar y necesitará un nivel de profundidad u otro. El duelo se suma a lo que ya se es y a lo que el doliente está viviendo interna y externamente en su vida en el momento de la pérdida.

De este modo, si al sufrir la pérdida el doliente atravesaba un momento de crisis personal, de interiorización o de descubrimiento, o simplemente a raíz de la crisis brutal que implica la muerte de un ser querido, el proceso de duelo se va a convertir en un catalizador para explorar más aspectos de la vida, para pararse a sentir y a descubrirse a uno en totalidad, con las luces y las sombras.

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Duelo infantil: 7 signos de alerta en niños que no podemos perder de vista

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

FMLCEs cierto que a menudo repetimos en nuestros artículos que cada duelo es único, que no podemos hablar de generalidades en lo relativo a las reacciones de individuales y que, tras la muerte de un ser querido, casi todo lo que pasa en los niños es normal y como tal debe de tomarse.

La verdad es que, aunque no podemos señalar comportamientos, actitudes, emociones concretas que sean signo inequívoco de problemas, sí podemos prestar atención a aquellas que, de no resolverse, generarán más problemas de cara a la elaboración del duelo y al futuro. A continuación os resumimos algunos de los signos de duelo en menores ante los que conviene estar alerta.

Insomnio en niños en duelo

Cuando un niño tiene insomnio, ya se manifieste como incapacidad para conciliar el sueño, con muchos despertares por la noche o levantándose antes, suele indicar un problema.

El insomnio puede deberse a miedos, nerviosismo, o simplemente al cambio de rutinas. Si el sueño del menor no se normaliza en un tiempo prudencial, es conveniente consultar con un especialista, ya que este tipo de trastorno influye negativamente en el desarrollo de los niños.

Miedo exagerado al abandono

Con esto nos referimos a la incapacidad física de los pequeños para separarse de otros seres queridos, por miedo a que les suceda algo. Esto puede impedir el desarrollo de las actividades cotidianas o dificultarlas de manera exagerada.

Cuando hablamos de miedo no nos referimos al miedo lógico que aparece tras la pérdida, sino a un miedo exagerado y llamativo que se englobaría dentro de la ansiedad de separación de los más pequeños: serían incapaces de ir a jugar, de mantenerse alejados de sus figuras de apego, mostrarían una gran incomodidad en el colegio, etc.

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5 cosas que no debes decir jamás a una persona en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónDurante años hemos trabajado ofreciendo terapia a personas en duelo y esto nos ha permitido conocer de primera mano qué expresiones, comentarios o reflexiones sirven de consuelo en los primeros momentos del duelo y cuáles generan desasosiego o simplemente no consuelan en absoluto.

Si tuviéramos que quedarnos con alguna sería con las cinco siguientes:

Sé cómo te sientes

Ya hemos dicho en alguna ocasión que no existe un duelo igual a otro, por lo que resulta complicadísimo que podamos saber qué siente una persona ante una pérdida. Cada pérdida significa cosas diferentes para cada persona y eso debe hacernos deducir que esa expresión es, cuanto menos, falsa y que invita a que el doliente permanezca en silencio.

Lo que realmente parece querer decir esta frase es: “No  hace  falta que me lo cuentes, si ya lo sé yo”, cuando lo que realmente deberíamos fomentar es que la persona se exprese si lo necesita.

No te preocupes, el tiempo lo cura todo

Esa expresión favorece que el doliente permanezca en una actitud pasiva, esperando que el duelo se resuelva con el mero paso del tiempo. El duelo exige una gran implicación de parte del doliente, exige tomar decisiones como si ir o no a terapia, si recoger o no las cosas de la persona que ha fallecido, si pedir ayuda o no…

Esas decisiones son las que van a determinar que el duelo avance o que el duelo se detenga. Lo único que hace el tiempo es poner distancia frente a un hecho que ha supuesto un gran impacto, pero no cura nada.

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Cosas que no hay que decir a los niños en duelo (II)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEn un artículo anterior os contábamos que, cuando se produce una pérdida en una familia, muchos adultos tienen la tendencia de dar a los niños determinados tipos de mensajes que, en lugar de ayudarles a sobrellevar su duelo, no hacen más que complicarlo.

A continuación os damos algunos mensajes más que también HAY QUE EVITAR a la hora de orientar o consolar a los niños que han sufrido la pérdida de un ser querido.

No hablar del Cielo sin explicar la muerte

Una cosa muy común que se les dice a los niños es el de: El abuelo está en el cielo (o papá, mamá, la abuelita, el hermanito…). Con este mensaje englobamos todos los que están en la línea de “está en el cielo”, “Subió al cielo”, “Está en un lugar mejor”, “Se fue de viaje”, etc.

Al darle este tipo de mensajes al niño, lejos de tranquilizarle, le generamos un sinfín de dudas, la primera de ellas si existe la posibilidad de ver al fallecido, si ha subido puede bajar y así cantidad de preguntas que el niño querrá matizar. No es raro que pasen horas mirando el cielo a ver si lo encuentran, que pregunten si en ese “lugar mejor” hace frío o calor, o si va a ver bien porque no lleva sus gafas…

Hace tiempo una madre nos contó que le había dicho a su hijo que el abuelo había subido al cielo, el niño le respondió que eso era guay, que cómo había subido, y ella le dijo que en ascensor, así que el niño preguntó que cuándo bajaba y si vendría a la hora de cenar. La madre le dijo que no podía bajar y el niño le dijo que bueno, que fueran al ascensor y que subieran ellos, así que la madre le dijo que el ascensor era sólo de subida y que ya no se podía bajar, así que el niño dijo que al menos quería ver el ascensor, así que la madre le tuvo que explicar que el ascensor sólo lo veían las personas que… A estas alturas os habréis dado cuenta de que la explicación que le dio al niño no sólo no le dejó tranquilo, sino que acrecentó sus dudas y al final obtuvo el resultado idéntico de tener que explicarle a su hijo que el abuelo había muerto, después de haberle mentido.

No comparar dormir con morir

Otra explicación lamentablemente muy extendida es: “Se quedó muy tranquilo dormido y se murió“. Es mejor que evitemos equiparar la muerte al sueño, aunque sea tentador. Nadie se muere por dormir, al menos hasta la fecha, otra cosa es que los lunes estemos muertos de sueño, pero esa es otra cuestión.

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El duelo demorado: Qué es y qué actitudes lo causan

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn el proceso de duelo a veces las apariencias engañan. Hay personas que aparentemente están bien -porque no lloran, o porque se han reincorporado enseguida a sus tareas habituales- y puede parecernos que eso significa que están mejor o están recuperándose muy pronto.

En general, el hecho de que el proceso de duelo dure poco se valora como un rasgo de fortaleza y, en cambio, se considera un signo de debilidad que el proceso se prolongue en el tiempo. Parece que la sociedad traduce como una mejoría que no haya signos externos del duelo como el llanto o la apatía y, sin embargo, no lo es.

La necesidad de expresar el dolor

El duelo implica indiscutiblemente dolor: la pérdida produce dolor y no sentirlo puede deberse a que se nos haya fundido la capacidad de sentir, o bien a que nos encontremos ante un duelo demorado o retrasado.

Un duelo retrasado implica que hemos perdido el contexto: aquello que explicaba y daba sentido a que sintiéramos dolor. El hecho de que algo sea normal o no lo sea viene siempre determinado por su contexto. Las situaciones o las reacciones de duelo analizadas de forma aséptica pueden parecer irregulares, pero, si las miramos a la luz de su contexto, cobran un sentido distinto. Es decir: no es normal que te duela un pie pero, si antes te ha caído una piedra encima, sí lo es.

Sentir dolor ante la muerte de un ser querido es normal y casi necesario, independientemente de la forma que adopte ese dolor. Pero comenzar a sentir dolor varios años después de la pérdida de un ser querido nos deja desprovistos del contexto, de ahí que irremediablemente surja la pregunta: “¿Por qué ahora y no antes?”.

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Superar la pérdida: El duelo como tarea

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

CAMINODUELOEl duelo es el proceso natural que sigue a la pérdida de un ser querido. Esto quiere decir que es un proceso necesario, integrado en nuestros recursos y que, ante una pérdida, nuestro interior emprende el mismo proceso que el cuerpo cuando, tras una herida, comienza el proceso de curación y cicatrización.

Al igual que el dolor físico, el dolor y la tristeza nos avisan de que algo no está bien en nuestro cuerpo y que debemos atenderlo y cuidarlo. El dolor emocional nos habla de lo que ocurre a nivel interno, profundo, de lo que nuestro ser necesita. Nos lleva al recogimiento, el recuerdo y a estar con nosotros mismos. Quizá el reto del duelo es escuchar esta necesidad -la que el doliente tenga- y estar con ella.

Escucharse, tener paciencia y dedicar tiempo al duelo

La tendencia habitual es la de no escucharse a uno mismo, porque es difícil, doloroso y muchas veces da miedo. Acostumbramos a evitar por todos los medios permitirnos sentir la emoción o las sensaciones corporales. Sin embargo, dejar que el cuerpo y la emoción se expresen es necesario para que este proceso natural se ponga en marcha.

El proceso de duelo tiene una inercia natural, el trabajo y la tarea del doliente es reconocer qué es lo que necesita su propio proceso para que pueda desarrollarse. Este proceso requiere de paciencia y también de tiempo, los procesos se cocinan a fuego lento, sobre todo los que implican adentrarse en uno mismo.

El duelo necesita atención y espacio

También es un proceso activo por parte del doliente: esto quiere decir que el doliente tiene por delante un camino que pasa por hacerse cargo de su duelo. Todo proceso de crisis y de cambio tan drástico en la vida implica pararse y mirar hacia dentro. Eso no debe impulsarnos a banalizar y simplificar este complejo proceso.

Es muy frecuente escuchar que: “Todo está en tu cabeza, si tú no haces por curarte nada lo hará”. Esa afirmación tiene parte de verdad y una parte de falsa idea de control. No es sencillo ni fácil, es un reto complejo que, para muchas personas, puede constituir el proceso más intenso de sus vidas. Como todo proceso de crisis y de transformación, el motor y el cambio comienza en el interior. El duelo necesita de atención, espacio y una mirada hacia adentro.

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Cuando no sabemos qué decir ante una persona en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónMuchas personas se quedan sin palabras cuando se encuentran ante alguien que está sufriendo dolor. Este “vacío de palabras” aumenta si la persona ante quien están ha experimentado la pérdida de un ser querido.

Es común observar esta reacción en tanatorios, en cementerios o en celebraciones religiosas. Nos quedamos mudos, sin palabras, sin saber qué decir. A veces nos preguntan: ¿Qué le puedo decir a una persona que acaba de perder a un ser querido? ¿Cómo puedo consolar a alguien cuyo familiar acaba de fallecer? No existe una respuesta sencilla a esta pregunta.

Cada uno necesita diferentes formas de consuelo

Dado que no existe ni un solo duelo igual a otro, tampoco puede haber una expresión o una frase que sirva por igual a todo aquel que haya vivido una pérdida reciente. Es una de las cuestiones que más preguntas generan en la red, en nuestro blog y en las consultas.

Y sin embargo en este artículo queremos plantear otra pregunta con la esperanza de que proporcione respuesta a la primera: ¿Existe una palabra o conjunto de ellas cuya combinación pueda disminuir, aliviar o calmar el dolor de alguien en duelo?

­­­­La respuesta es taxativamente NO. No existe tal fórmula. Ninguna palabra, por amable o cálida que sea, puede reparar el dolor que produce la muerte de alguien a quién queremos. Las únicas palabras que pueden aliviar a una persona en duelo son las que el propio doliente pronuncia cuando nombra su experiencia y pone palabras a su dolor.

Frases vacías que no ayudan al duelo

Sentimos una gran presión al buscar mentalmente una frase mágica que sirva de bálsamo al doliente. Pero no son las palabras las que curan: es la cercanía, la escucha, los ofrecimientos concretos.

En esos momentos de silencio, de tensión, a veces tenemos la tentación de apagar el dolor, de acallarlo y rompemos el silencio para interrumpir la incomodidad que genera esa situación. En esas ocasiones, puede suceder que recurramos a frases hechas, frases como “Te acompaño en el sentimiento” o  “Sé cómo te sientes”.

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Los miedos del profesional socio-sanitario ante el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn esta sociedad de la que formamos parte, que siente el dolor y el sufrimiento con aprensión, y que busca distanciarse del dolor propio y ajeno, ¿a qué retos se enfrenta el profesional que trabaja en contacto con el duelo y la muerte?

Parece necesaria una revisión y un trabajo personal por parte del profesional para trabajar en este campo, ya que participa de esta sociedad y está inmerso en dicha corriente de (no) afrontamiento del dolor.

La herramienta más importante del profesional que trabaja con personas es él mismo. Más importante que cualquier técnica o herramienta es que el profesional esté presente (en presencia terapéutica), en autenticidad y consciencia en el momento de la terapia o la consulta.

Hacia la humanización de la atención socio-sanitaria

Entre los profesionales socio-sanitarios (psicólogos, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, etc.) está surgiendo con fuerza una tendencia a humanizar la salud, a deshacer ese camino que se ha andado en pro de la tecnificación y la medicalización, devolviendo la importancia del contacto humano y abogando por el trabajo interno a cargo del profesional, por la compasión (entendida como la comprensión profunda y como invitación a acompañar al otro) y la empatía.

Parece que este movimiento que surge desde la Medicina, la Psiquiatría, la Psicología… está suponiendo una revolución silenciosa, que va poniendo las semillas para crear en el trabajo terapéutico una forma de relación basada en la humanidad y en el cuidado de calidad.

La importancia de la escucha

Quizá una de las principales tareas que tiene por delante un profesional sanitario es la de parar: parar para poder escuchar y escucharse; para poder tomar conciencia de qué partes de su interior se activan en el encuentro terapéutico con el dolor.

Trabajamos como somos, así que los miedos, las creencias, las emociones, los mecanismos propios de afrontamiento y todo aquello que nos despierta el sufrimiento, la muerte y el dolor en nosotros mismos, van a estar presentes en el momento de la terapia.

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Cosas que no hay que decir a los niños en duelo (I)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónComo dicen las abuelas en su sabiduría popular, más vale prevenir que curar. Por eso, este artículo y su continuación tienen la intención de ayudar a los adultos a evitar algunas actitudes en las que solemos caer a menudo a la hora de orientar o consolar a los niños que han sufrido la pérdida de un ser querido.

Todos los adultos tenemos la necesidad de decir algo a las personas en duelo, especialmente si se trata de niños o adolescentes. Es como si pensásemos que nuestra experiencia o nuestra edad pueden aportar una visión basada en nuestras vivencias que, sí o sí, ayudará a los niños a llevar mejor el duelo.

La experiencia de duelo es única

Sin embargo, hay que tener en cuenta que aunque algunas cosas nos hayan sido útiles en el pasado, lejos de servirles, a los niños puede complicarles la existencia. Las cosas que nos consuelan a nosotros no tienen por qué consolar a los demás.

Por este motivo, hay determinados tipos de mensajes que, en lugar de ayudar a los menores a sobrellevar su duelo, no hacen más que complicarlo. A continuación explicamos algunos de ellos.

No abrumar al menor con responsabilidades que no le corresponden

Ahora tienes que ser fuerte, eres el hombre de la casa, tienes que ser un apoyo para tus hermanos, tienes que dar ejemplo de valentía…” son mensajes que limitan la expresión emocional de los niños y los adolescentes.

Se pone sobre sus hombros la responsabilidad de garantizar el bienestar emocional de su familia y se les obliga a fingir una fortaleza y unas emociones que nada tienen que ver con la valentía y la superación.

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Diferentes aspectos de la soledad en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónIgual que existen diferentes tipos de tristeza, la soledad también tiene muchos matices. Existe un tipo de soledad –la “soledad llena”– que nos permite acercarnos a la tristeza y a la experiencia intima de duelo, de recuerdo, de angustia y, desde allí, encontrar la manera de acompañarnos a nosotros mismos.

También existe la “soledad vacía”, en la que uno se siente abandonado y perdido, todo nos abruma y parece que va a vencernos. Seguramente todo aquel que esté atravesando o haya pasado por un proceso de duelo conoce ambas.

Una parte importante de la soledad que viven muchas personas durante la elaboración de su duelo se relaciona con la tendencia que existe en la sociedad actual de sentir miedo ante el dolor o la muerte y, por lo tanto, darle la espalda. Parece que nos cuesta acompañar el dolor en su profundidad, no sólo en los primeros momentos o los más “sociales”, sino también en el proceso de profundo sufrimiento, cuando el tiempo pasa y la realidad del día a día abruma.

El acompañamiento en duelo

Cuanto más nos cuesta estar con nuestro propio dolor, más nos cuesta estar con el del otro. Cuanto menos compasiva sea nuestra mirada al mundo, con menor compasión y empatía podremos estar al lado de nuestro dolor y el del otro. El duelo pide ser expresado, llorado, compartido y vivido en compañía.

Una parte del duelo necesita de otra persona para poder poner en palabras todo aquello que bulle por dentro, porque hay partes de la experiencia dolorosa, de uno mismo, que no pueden explorarse en soledad, necesitan la compañía empática y cuidadosa de otro ser humano.

Duelo y crecimiento personal

No toda esa soledad que se siente en el duelo tiene que ver con las demandas o expectativas del entorno y la sociedad. También hay aspectos vinculados a la forma en que nos relacionamos con nuestro propio dolor que ponen más distancia con la propia experiencia emocional y a través de los cuales el doliente sentirá mayor soledad.

El dolor tiene una cualidad: la de ponernos en contacto con una parte de mucha intimidad, de vulnerabilidad, que no es fácil mostrar a los demás, casi ni a uno mismo. Todo esto que el dolor comunica, transmite y con lo que nos pone en contacto es información muy esencial e íntima de cada uno, que llama a ser sentida y explorada en soledad.

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