Los derechos del niño en duelo (I)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

MalagónCuando tiene lugar una muerte en la familia, es importante que consideremos algunos derechos que tienen los niños en duelo. De este modo, no invadiremos su espacio personal, ni les atosigaremos o trataremos de guiarles por un camino más rápidamente de lo que ellos necesitan.

Estos derechos también pueden sernos de utilidad para no enfocar el proceso de duelo infantil de la misma manera que el de un adulto, ni basarlo en nuestras necesidades o en lo que imaginamos que los niños necesitan.

1. Tengo derecho a tener mis propias emociones y sentimientos sobre la muerte

Tras sufrir una pérdida puedo sentirme de muchas maneras, no hay una única forma de reaccionar: puede que tú esperes que llore y a mí, en cambio, esas lágrimas no me salgan; puede que me enfade o me sienta aliviado; habrá otras veces que me quedaré inmóvil, sin saber cómo reaccionar; o que espere a ver tus reacciones para saber lo que se espera de mí, pero todas son válidas.

Recuerda que nadie puede saber exactamente cómo me siento, porque mis emociones y sentimientos son míos y, por lo tanto, únicos. Así que, aunque creas saber lo que me pasa, trata de no adivinarlo, no lo compares con cómo te sientes tú o con cómo crees que me estoy sintiendo, porque eso me va a cohibir y hará que piense que existen formas mejores que otras de sentir o de emocionarse.

Si quieres, puedes acercarte y preguntarme cómo me siento. Puedes poner ejemplos usando palabras como: “Crees que lo que sientes se parece a…”, pero evita decirme cosas como “A mí me pasa lo mismo que a ti” o “Sé perfectamente cómo te sientes”, porque esas frases me hacen daño y me orientan hacia sentimientos que a lo mejor no tengo.

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Superar el duelo: ¿Feliz? Navidad

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl artículo de hoy está basado en las vivencias, preocupaciones y temores de muchos de nuestros pacientes y tiene el objetivo de reflexionar sobre la presión que ejercemos en la sociedad y en el entorno para que la gente se muestre feliz en Navidad.

También reflexionaremos sobre lo que podemos hacer para que las personas que están en duelo en esta época del año sufran menos.

El doliente en Navidad

Durante estas fiestas, en la calle y en los comercios solemos escuchar a menudo: ¡Feliz Navidad! Pero, ¿es esta época feliz para todos? Alegre para unos, nostálgica para otros, la Navidad es el periodo comprendido entre el 24 de diciembre y el 6 de enero, y sucelebración se caracteriza principalmente por los reencuentros y las cenas familiares.

Cada año, en esta época, mientras unos empaquetan ilusiones, sorpresas, belenes y festines, otros envuelven recuerdos pasados y lloran a sus muertos. Son los hombres y mujeres en duelo, que durante este período del año buscan un refugio en el que esperar a que pasen los días y  la rutina vuelva lo más rápidamente posible. La Navidad propicia encuentros y reconciliaciones, pero también intensifica la sensación de soledad y la ausencia.

El rechazo a las celebraciones en el duelo

Existen al menos tres motivos que justifican por qué algunas personas sienten tanto rechazo hacia la Navidad:

  1. El dolor es incompatible con la ilusión: Por eso resulta difícil, por no decir imposible, conectar con los momentos alegres de esta festividad si coincide con el periodo en el que estás atravesando un duelo.

  2. La sociedad exige que estemos felices, al menos en esta época. Si dejamos de lado la parte más espiritual de la Navidad y su significado, elementos como el espumillón, las decoraciones, las luces, los regalos… van dirigidos a festejar, a celebrar. Casi podría decirse que se nos exige sonreír y estar contentos. Estar triste en esta época supone una nota discordante respecto a lo que de verdad se espera de nosotros. Se nos pide que estemos felices por los niños, que hagamos un esfuerzo por los demás. Se nos enseña a no demostrar en público cómo estamos en realidad, para no contagiar nuestra pena y no interrumpir la alegría de otros.

    Esta exigencia se presenta prácticamente a lo largo de todo el proceso de duelo, pero se intensifica ahora y, sobre todo, choca de forma frontal con la exigencia personal, que nace de lo más profundo de nosotros mismos. Es una exigencia que nos invita a estar más reposados, centrarnos en nosotros mismos, estar recogidos, crear silencio. En ese intento de reconstruir el mundo de significados que se ha roto con la pérdida del ser querido, esta exigencia contradictoria constituye una gran tensión para el doliente, porque el duelo invita a la introspección.

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Duelo y compasión

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

PORTADAEl sentimiento de compasión en el duelo de una persona tiene una doble vertiente. Por un lado, está la compasión que el entorno y el profesional pueden ofrecer al doliente; por otro, está la compasión como actitud que adopta el doliente hacia lo que a él mismo le ocurre, como una nueva forma de relacionarse consigo mismo y con el proceso que atraviesa en este momento de su vida.

Para adentrarnos en la compasión como actitud, lo primero que haremos será centrarnos en cómo definirla, puesto que es un término al que culturalmente hemos dado un significado confuso. Tal y como la entendemos desde este punto de vista, la compasión es lo que mueve al ser humano a paliar el sufrimiento de otro ser humano. Culturalmente tenemos una concepción paternalista de lo que implica sentir compasión por alguien que sufre, e incluso a muchas personas les resulta insultante que alguien se compadezca de ellas.

Dos obstáculos para la compasión: la lástima y el miedo

Cuando aquí hablo de este concepto, me refiero a padecer con el otro, acompañando y compartiendo, de igual a igual. Como expresa Joan Halifax, terapeuta de enfermos terminales y estudiosa de la compasión y su efecto terapéutico, “los enemigos de la compasión son la lástima y el miedo”. Ambos sentimientos nos distancian del ser humano que sufre y nos colocan en un nivel diferente, generalmente de superioridad, no de igualdad: la lástima convierte la relación en algo desigual, elevando a un plano superior a quien siente lástima por el otro (ya que lo coloco en una situación de incapaz, le ofrezco una mirada desde la superioridad emocional, o económica, o moral, etc.).

El miedo es el otro enemigo y también distancia, pero en este caso dejando solo al que sufre, ya que buscamos protegernos de lo que nos parece que no controlamos; o bien esto nos abruma y nos alejamos (física o emocionalmente), en general porque nos sentimos incapaces de manejar todos esos sentimientos en nosotros mismos o por intentar adoptar un rol que no nos corresponde, como de salvadores.

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El duelo en la pareja: Signos que indican una crisis en la relación

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn artículos anteriores hablábamos de los diferentes escenarios que pueden darse en una relación de pareja, cuando uno de sus miembros -o los dos- sufre la muerte de un ser querido. En los casos en que se produce un distanciamiento de la pareja, los signos que nos pueden indicar que existe una crisis son cambios en las siguientes áreas:

La comunicación

Dado que el duelo es un proceso que requiere mucha energía e implica poner en marcha muchos recursos, puede suceder que el doliente deje de ser tan comunicativo como era antes o que modifique su patrón de comunicación, pasando de un estilo más cercano a uno más distante, de uno más distendido o relajado a uno más tenso, o de ser muy comunicativo a serlo poco o nada.

Esto tiene que ver con la necesidad de establecer un diálogo interno con el propio dolor para ir dándole salida y darle sentido. Esta comunicación interna puede inhibir o modificar la comunicación habitual dentro de la pareja. Si la pérdida ha sido conjunta el patrón afectará a ambos y, en el caso de que sólo uno de los miembros de la pareja haya sufrido la pérdida, sólo le afectará a él. Los cambios en la pareja vendrán derivados de la posibilidad de adaptarse a ese nuevo patrón de comunicación.

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Diferentes situaciones de duelo dentro de la pareja

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónHemos hablado en alguna ocasión de que el duelo por un ser querido puede afectar a la relación de una pareja. En este nuevo artículo reflexionaremos sobre las distintas situaciones de duelo que pueden tener lugar en el seno de una pareja y qué diferentes escenarios pueden darse.

Normalmente son dos las situaciones que podemos encontrar. En primer lugar, puede ocurrir que la pareja haya experimentado una pérdida conjunta, es decir: los dos han sufrido la muerte de un ser querido para ambos, aunque a cada uno de ellos haya podido afectarle de un modo diferente. Estamos hablando, por ejemplo, del caso de los padres que hayan perdido a un hijo.

Cuando ambos pierden a un ser querido

En este caso, los dos están en duelo, pero cada uno lo vive de una manera distinta.  Son precisamente esas diferencias a la hora de vivir el proceso de duelo y, sobre todo, las que afecten al ritmo del proceso en cada miembro de la pareja, las que pueden generar distancia e incluso la ruptura de la relación.

También existen casos en los que la pérdida ha servido para unir más a la pareja y de este proceso salen reforzados y con una relación más sólida, aunque los estudios nos dicen que aumentan las probabilidades de ruptura.

Cuando sólo un miembro de la pareja está en duelo

Cuando sólo uno de los cónyuges es quien ha vivido la pérdida de un ser querido, éste atravesará un proceso de duelo, mientras que su compañero o compañera, no. En este caso, la dificultad para comprender al otro, así como las distintas necesidades que tiene cada uno, son las que pueden influir en que se produzca un alejamiento o acercamiento dentro de la pareja.

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Preguntas para explorar el duelo (II): ¿De qué está hecho mi dolor?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl dolor es un sentimiento complejo, compuesto de las distintas emociones que cada persona siente, elabora y experimenta de forma diferente. Si bien el dolor es el sentimiento esencial y compartido cuando sufrimos una pérdida, el trabajo de cada uno con su dolor se lleva a cabo conociéndolo.

Elaborar el duelo tiene mucho que ver con sentir, conocer y permitir el dolor. Es una de las tareas del duelo que nos propone Wiliam Worden: “Elaborar las emociones y el dolor que viene con la pérdida”. Según este reconocido autor, siempre que se produce la pérdida de un ser querido, ésta se siente con dolor en mayor o menor medida, con las características únicas de cada persona.

Pero un duelo no se puede elaborar sin sentir dolor. El dolor está tan relacionado con el duelo, que el mismo origen latino de la palabra, “dolus”, significa dolor.

Diferencias en la forma de sentir el dolor tras una muerte

Hablar de dolor, sin embargo, puede resultar ambiguo. Mi concepto y mi sentir del dolor es distinto al tuyo y, cuando se refiere a una pérdida, esta diferencia se acentúa más aún. No es lo mismo que el dolor de alguien sea como sentirse huérfano o que el dolor de otra persona sea como sentirse perdido. Ambos son dolores, pero no se sienten igual, ni implican lo mismo, ni significan lo mismo.

Siempre insistimos en que es imposible comparar el grado de dolor entre una pérdida y otra, y en que no podemos establecer cuál es la muerte más dolorosa ni la peor, puesto que aquí entra el concepto de dolor, y el dolor es algo puramente subjetivo y muy complejo. El dolor ante una muerte depende fundamentalmente del vínculo que el doliente tenía con la persona que ha fallecido, las circunstancias en que ocurrió la muerte, la historia previa y la personalidad del doliente, y del apoyo subjetivo que siente.

No hay que evitar el dolor tras una pérdida

La propuesta que hacemos para adentrarnos un poco más en el conocimiento del propio dolor comienza con no evitarlo. En la medida en que nos acercamos al propio dolor, vamos liberándolo y conociéndolo. Y a medida que vamos conociéndolo, vamos quitando capas hasta conectar con el núcleo del dolor.

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Creencias erróneas sobre el duelo infantil

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Malagón En nuestra vida cotidiana es habitual encontrarnos con frases hechas por los adultos que acaban convirtiéndose en axiomas sobre el duelo y que normalmente aceptamos sin cuestionarlas. De hecho, la mayoría de nosotros pensamos que la realidad es así y, hasta que no nos explican algo al respecto, mantenemos determinadas ideas equivocadas sobre el duelo de los menores.

Hoy trataremos de abordar algunas de esas creencias erróneas que nos encontramos con mayor frecuencia. En este artículo analizaremos sólo cuatro de ellas, aunque hay más de las que hablaremos más adelante o que podéis leer en nuestro nuevo manual práctico de duelo infantil.

“Los niños pequeños no se enteran de lo que pasa”

Los adultos tendemos a pensar que, cuanto más pequeño es el niño, se da cuenta de menos cosas y eso no es verdad; desde el momento en que fallece una persona el niño percibe la ausencia, los cambios en los estados de ánimo, la llegada de un nuevo cuidador o cuidadora, etc.

Es cierto que a menudo los menores no pueden entender todos los detalles de la muerte y se limitan a percibir un cambio en las rutinas o que han dejado de ver una cara que les era familiar, pero en la mayoría de los casos son conscientes de que algo ha pasado y de los cambios que conlleva. Por tanto, sí se enteran, no ignoran lo que pasa a su alrededor por pequeños que sean los cambios y es bueno considerar ese aspecto al dirigirnos a ellos: darles más cariño, hablarles en un tono suave o bien explicarles las cosas cuando tienen más de dos años. Puede que no entiendan todo, pero lo básico si lo entenderán.

“Hay muertes peores que otras”

Ésta es otra idea muy extendida, según la cual es como si algunas muertes fueran más difíciles de entender para los niños que otras. Normalmente esto hace referencia a muertes repentinas o de carácter violento (atropellos, violencia, suicidios…) frente a otras muertes consideradas más “dulces” como sería un fallecimiento tras una larga enfermedad o la muerte que sobreviene por vejez. Pero, si el niño pierde a una persona significativa, para él la muerte es muerte, el resultado es el mismo: que no va a  volver a ver a la persona querida nunca más.

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¿Puede el duelo distanciarme de mi pareja?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónÚltimamente recibimos muchas preguntas relacionadas con los efectos del duelo en las relaciones de pareja. A menudo nos consultan personas que han empezado a sufrir desamor a partir de la muerte de un ser querido de su compañero sentimental.

En general, nos describen cómo esa pérdida les cambia la vida y su pareja, que antes les quería, ahora parece rechazarles.

Problemas de pareja tras una pérdida

La situación más habitual que nos encontramos es la de mujeres que perciben cómo sus parejas marcan distancia con ellas a partir de la enfermedad y posterior muerte de alguien cercano. Nos cuentan los intentos que han hecho y las estrategias que han puesto en marcha para acercarse a su compañero, que se alejaba en dirección contraria a la misma velocidad que ellas se aproximaban. Buscan que les ayudemos a encontrar una fórmula que permita recorrer esa distancia que les separa de ellos.

A veces nos cuentan que en respuesta a sus mensajes sólo hay silencio y, ante sus llamadas, una petición de espacio. En definitiva, son personas que quieren a sus parejas y que tratan de ayudarles a superar la pérdida, que quieren estar muy presentes en cada una de las etapas del proceso de duelo, que sufren ante los cambios y que piden ayuda.

Acompañar en el duelo a nuestro cónyuge

Es evidente que no existe una fórmula o receta infalible para todos los casos, dado que cada experiencia es única, pero sí es cierto que existen ciertos aspectos que hay que tener en cuenta en una situación como ésta, aunque sea de forma general.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que durante el proceso de duelo las necesidades cambian, tanto las físicas como las emocionales, y lo hace de forma diferente en cada persona y en cada momento del proceso. Esto quiere decir que habrá personas que necesiten sentirse acompañadas y otras que necesiten pasar tiempo a solas, y las dos cosas estarán bien; o que algunas personas necesitarán pasar más tiempo con la familia y otras preferirán salir de casa y cambiar de aires.

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Preguntas para explorar y profundizar en el duelo: ¿Qué necesito?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un camino que lleva implícito un trabajo para poder ser recorrido. Es un proceso que no depende del tiempo, sino del “cómo” lo transite cada doliente.

El camino no es recto, ni mucho menos, por eso, a veces el camino pide que el doliente se tome un tiempo para estar en una parte concreta del mismo, quizá profundizando en ella o cogiendo fuerzas para la subida que se aproxima. El camino que atraviesa cada persona es diferente y sólo el doliente sabe en su interior cómo atravesarlo.

La introspección en el duelo

Para poder conectar con esa intuición o inteligencia que “sabe” lo que está bien para cada uno (y que no suele estar totalmente accesible) el doliente comienza un trabajo de introspección, de ir más allá de los mecanismos de defensa que pueden confundirnos, yendo un paso por debajo del miedo o de la tristeza, sentimientos que tienden a orientarnos hacia la negación o hacia algún otro lugar de bloqueo o de poco avance.

Una manera de profundizar en la experiencia del duelo, de ir más allá de lo que automáticamente nos surge desde los mecanismos de defensa, es el trabajo a través de preguntas. Una de las muchas que puede hacerse el doliente y que responde a procesos que se dan el transcurso del duelo, es la que planteamos en este post: ¿Qué necesito? Conectar con la auténtica necesidad y proveernos de lo que necesitamos marca todo un camino.

Las necesidades del doliente tras la pérdida

La necesidad puede ir de lo más concreto y físico -como necesidad de descanso- a la necesidad más amplia, incluso podríamos decir existencial: “Necesito poner límites”. La propuesta de trabajar con preguntas no es quedarnos sólo a nivel racional, es decir, no se trata de contestar con una solución o con lo que más rápido venga a la cabeza.

Además de la inteligencia racional, el ser humano también posee la inteligencia emocional, la intuitiva, la corporal… La propuesta de trabajo con esta pregunta es hacer una pausa y romper con el automatismo de nuestros mecanismos de defensa.

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El duelo infantil: Mi hijo adolescente ha perdido a su hermano

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónRecientemente una persona se puso en contacto con nosotros a través de este blog para plantearnos esta situación que, aunque ya nos la hemos encontrado en varias ocasiones, hasta ahora no habíamos abordado aquí. Esta consulta tan directa nos ha animado a profundizar en un tema tan complicado y doloroso como es la pérdida de un hermano para un adolescente.

En primer lugar, hay que señalar que los adolescentes entienden la muerte de igual forma que si fueran adultos: no necesitan explicaciones muy concretas que aclaren los aspectos básicos de la muerte, como ocurre con los más pequeños. Así que, aunque sea doloroso, deben enterarse al mismo tiempo que el resto de la familia y, si no se puede, lo antes posible. De lo contrario, si alargamos la información se acabarán sintiendo apartados de la familia y no tenidos en cuenta.

Cómo comunicar la muerte de un hermano a un adolescente

Es importante que compartamos con él cuál ha sido la causa de la muerte, que lo sepa y que pueda preguntar las dudas que tenga, que no se las guarde. La imaginación es muy poderosa y se tiende a rellenar con ella los vacíos de información.

Debemos dejar claro al adolescente que puede preguntar sin temor, que le contaremos lo que necesite saber y que, si en ese momento no tiene dudas y le surgen más tarde, puede acudir a nosotros, porque aunque a veces parezca lo contrario, siempre será buen momento para hablar de este tema.

Cómo tratar al adolescente en duelo

Aunque nuestra tendencia será ir a comprobar con frecuencia si están bien o se encuentran mal, hay que dejar a los adolescentes momentos de espacio. Lo mejor es dejarles claro que estaremos ahí para lo que necesiten, que entendemos su dolor, que no queremos atosigarles, pero que de vez en cuando nos gusta saber qué tal están ellos.

Les dejaremos cierto espacio para que hablen con sus amigos y con otros adultos cercanos, si así lo desean. También les transmitiremos que, aunque no estemos pendientes todo el tiempo de ellos, les queremos y nos preocupa su bienestar.

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