Cinco preguntas acerca del tabú en torno a la muerte

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEstá demostrado que las cosas que podemos anticipar nos resultan más fáciles de asimilar que aquellas que no podemos. De forma paradójica -y a pesar de que es la única certeza de la vida- a los seres humanos nos cuesta hablar de la muerte y prepararnos para abordar los temas que nos preocupan con respecto al fin de la vida.

A continuación, abordaremos algunas cuestiones en torno al tabú que existe sobre la muerte en la sociedad actual, así como de sus causas, sus efectos y cómo hacerle frente.

¿Por qué nos cuesta tanto hablar de la muerte? ¿Se trata de un tabú?

No hay un único factor que permita explicar por completo la dificultad que tenemos para hablar de la muerte, sino que existen varias razones para ello:

Razones sociológicas, como el aumento de la esperanza de vida, el avance de los tratamientos médicos, la tecnificación de la muerte, que alejan la realidad de la muerte de nosotros (la muerte les sucede a “otros”).

Razones culturales: En determinadas culturas, la muerte está más presente y forma parte de lo cotidiano: se representa, se admite e incluso se celebra. Esto tiene que ver con un sentido de la trascendencia que, en Occidente y sobre todo en Europa, hemos ido perdiendo.

Razones psicológicas: Nuestra propia muerte se nos hace irrepresentable. Esto es algo que tiene mucho que ver con el miedo a lo desconocido. Sin duda en nuestra sociedad existe un claro tabú que aleja la muerte de nuestras vidas, la encierra en los hospitales y la traslada de las casas a los tanatorios. Nuestra sociedad es prisionera de la inmediatez: se basa en una cultura hedonista que busca la recompensa sin esfuerzo y que huye del sufrimiento, en una fantasía que presupone que, si no hablamos de ello, no sucederá. Seguir leyendo…

El duelo por una muerte repentina: Carta abierta a los jugadores del Alzira

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

El pasado fin de semana un jugador de la categoría cadete del Alzira se desplomó por un ataque cardíaco mientras disputaba un partido de fútbol en la localidad valenciana de Ontinyent. A sus quince años, la muerte le sobrevenía practicando deporte en el césped junto a diez compañeros y once rivales.

Esta clase de sucesos no son frecuentes, pero tampoco son casos aislados y, desgraciadamente, muchos deportistas -incluso los menores de edad- no están exentos de sufrir esa situación ni de presenciarla.

Los responsables del equipo han pedido ayuda a la federación de fútbol, que debiera estar preparada para abordar estos temas, pero por si no lo estuviera, desde FMLC queremos aportar unos consejos para estos primeros momentos que se han vivido.

Cómo atender el duelo colectivo

Lo primero hay que tener en cuenta en este caso es que se trata de un duelo colectivo: hay muchas personas afectadas por la pérdida, desde la familia más cercana del futbolista, hasta sus compañeros del equipo, el cuerpo técnico y las categorías inferiores por las que haya pasado, rivales y, por supuesto, los familiares de otros niños que estuvieran en el campo.

Ser testigo de un fallecimiento de esas características nos impacta por muchos motivos: lo inesperado, la relación con el fallecido, la incapacidad para percibir la gravedad de manera previa… son factores que nos van a influir en los primeros momentos. Seguir leyendo…

Los huérfilos: Cómo poner palabras al dolor de perder a un hijo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En este artículo me gustaría hacerme eco de un reportaje publicado recientemente en el diario El Mundo, donde se hablaba de una petición promovida por un grupo de padres que han perdido a un hijo, a quienes apoyaba un gran número de personajes famosos que han querido prestar su imagen para apoyar su causa.

Este colectivo ha dirigido una carta a la Real Academia de la Lengua Española para solicitar que incluyan una palabra capaz de poner nombre a una condición que no lo tiene o, al menos, no lo tiene en castellano: la condición del padre o la madre cuyo hijo o hija ha muerto. La palabra que ellos proponen para definir esta situación es “huérfilo” y han iniciado una campaña en la plataforma Change.org para recoger firmas que apoyen esta petición.

Poner palabras a la experiencia del duelo

Esta campaña me da pie para hablar de la importancia de poner palabras al dolor que genera la pérdida de un ser querido: no sólo en el caso de padres que han perdido hijos, sino ante cualquier pérdida.

Cada vez nos encontramos con más gente que siente la necesidad de poner palabras a su experiencia. Esto era algo que los psicólogos reclamábamos antes en solitario y ahora es un clamor de toda la sociedad, como bien refleja la crónica de El Mundo. En este contexto, podemos considerar la petición de los “huérfilos” un avance importante, dado que la población empieza a estar sensibilizada con la necesidad de “hablar” del duelo y ponerle palabras a lo inexplicable, frente al tabú de no mencionarlo.

La forma en que cada uno pone palabras al dolor requiere respeto a la diferencia inherente a la unicidad de cada caso, porque lo que es válido y útil para una persona puede no serlo para otra. Más allá del éxito que le deseamos a esta campaña, queremos proponer dos métodos para ayudar a los dolientes a poner palabras al dolor. Seguir leyendo…

Atención psicológica a personas en duelo: Nuestro año en cifras

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

En el año 2017 se ha producido un notable incremento en las personas que han accedido a nuestro servicio gratuito de Psicoterapia de Duelo: cada vez más gente da el paso de pedir ayuda para estar acompañados durante el proceso que sigue a la pérdida de un ser querido.

Durante el año pasado accedieron a nuestro servicio más de 215 personas. La mayoría vinieron a pedir consulta en persona y otras, ya fuese por la distancia o por urgencia, lo hicieron a través del teléfono o del correo electrónico. Hemos hecho un esfuerzo muy grande para responder a todas las preguntas que nos llegan cada día por Internet y también para dedicar un tiempo de calidad a responder a esos centenares de personas que han necesitado nuestra ayuda.

Aumenta la sensibilización en torno al duelo infantil

En 2017, creció el número de adultos que nos consultaron para ayudar a menores en duelo, llegando a alcanzar las 60 consultas con respecto a fallecimientos que afectaban en alguna medida a menores. Al igual que en años anteriores, el motivo de consulta más frecuente fue la muerte de un progenitor, seguida del fallecimiento de seres queridos cercanos. También ocupan un lugar muy importante los cónyuges.

A menudo el hecho de perder tanto a un cónyuge como a un progenitor implica que hay que reajustar muchas cosas en la vida. El fallecimiento prematuro de una persona deja muchos planes en el aire y muchas vidas planificadas vacías. Los supervivientes suelen necesitar cierta guía para reorganizarse, recolocar al fallecido y seguir viviendo con el dolor más atenuado y nuevos horizontes.

A partir de los 40 años aumenta el impacto del duelo

Es frecuente que, cuando el doliente está en las dos primeras décadas de su vida, se preocupe más por lo que va a suponer esa pérdida, ya que en muchos casos esa sea la primera vez que tiene que enfrentarse a un duelo.

Otro momento vital importante es a partir de los 40 años: es en esa década y en la siguiente cuando aparece una mayor preocupación tras un fallecimiento, así que en general las personas suelen acceder más a nuestro servicio en esas franjas de edad, dejando la década de los 20 a los 30 como de una mayor incidencia o preocupación por el duelo que deben atravesar. Seguir leyendo…

Recursos para profesionales sanitarios: El genograma como recurso movilizador en el duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Ejemplo de genograma.

En la consulta de terapia de duelo, por norma general atendemos al doliente de forma individual. Sin embargo, el duelo no es ni mucho menos un proceso individual, sino un proceso familiar y social. Cuando una persona fallece, el sistema familiar se transforma: a menudo salen a relucir secretos familiares, discusiones y enfados, estallan conflictos, se cuestionan roles dentro de la familia que son difíciles de mantener, o que los demás esperan del doliente, etcétera.

En el mejor de los casos, la pérdida supone un punto de inflexión que mueve a la familia a realizar tanto cambios prácticos, del día a día, como cambios más sutiles, relacionados con la organización y el funcionamiento del sistema familiar, así como con el manejo emocional del proceso.

Cómo ayuda el genograma en el duelo

Uno de los procedimientos básicos de las terapias familiar y de pareja sistémicas es realizar un genograma completo, que constituye un excelente recurso terapéutico. Es muy útil para el profesional en su trabajo para comprender el marco del doliente y, a la vez, resulta esclarecedor para el propio doliente, permitiéndole contextualizar su dolor dentro del gran sistema familiar, añadiendo comprensión a determinadas emociones, maneras o creencias que salen a relucir durante el duelo.

El genograma es un sencillo mapa, un árbol familiar donde se suelen incluir tres generaciones (abuelos-padres-hijos) y la información básica tanto demográfica como de las relaciones que mantienen entre ellos. El genograma facilita que podamos ver de un vistazo toda la información relacional y básica de una familia. El objetivo es comprender desde el corazón -no para juzgar, sino para aceptar- cómo es la familia a la que pertenecemos y cómo se está viviendo el proceso de duelo.

Cómo elaborar un genograma de nuestra familia

Elaborar un buen genograma es un arte y, aunque de apariencia sencilla, como todo requiere de entrenamiento, comprensión y práctica.

El proceso de elaboración del genograma implica que, mediante un solo vistazo, podamos asomarnos a la estructura familiar y sus relaciones y será la estructura familiar la que elaboremos en un primer paso. Conforme vamos elaborando la estructura de la familia, vamos completando los datos demográficos de cada uno, que pueden consignarse con símbolos para que así nos resulte aún más sencillo.

Podemos encontrar una explicación más minuciosa y detallada de la elaboración de un genograma en este estupendo artículo. Seguir leyendo…

Psicología: ¿Hasta dónde estarías dispuesto a implicarte por un paciente?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Para dar respuesta a esta pregunta, es necesario responder primero a otra: ¿Cómo me defino en mi trabajo? ¿Qué límites pongo a la implicación con mis pacientes? En el ámbito de la psicoterapia, existen expertos rigurosos, técnicos, profesionales.

También hay otros más laxos, con límites menos definidos, que tienden a sobreproteger a sus pacientes. Y en un término medio existe el terapeuta “perfecto”, que guarda un equilibrio casi mágico entre la implicación, los límites y la profesionalidad. Sólo cada uno de nosotros sabe en qué extremo se encuentra mejor definido.

Los límites de la terapia

En artículos anteriores hemos hablado de las dificultades que plantean los límites de la terapia para manejar las situaciones que presenta la vida, porque a menudo aquello para lo que nos han preparado académicamente no da respuesta, o al menos no lo suficiente, a los interrogantes y los desafíos que plantea la terapia.

Es cierto que la mayor parte de las situaciones que se pueden llegar a plantear a lo largo de un proceso terapéutico están suficientemente recogidas en los manuales éticos que proponen los organismos oficiales -en este caso, el Colegio Oficial de Psicólogos-, pero a veces la realidad de nuestros pacientes es mucho más compleja y tiene más ramificaciones de lo que pueden llegar a recopilar los manuales de Psicología o Ética.

En ocasiones simplificamos una realidad con el fin de hacerla aprehensible y esa simplificación nos aleja de los matices y los detalles de la experiencia. Cuando eso ocurre, cuando la ética no sirve de ayuda a la hora de tomar decisiones sobre el mejor modo de acompañar a nuestros pacientes, entonces, ¿qué queda? Seguir leyendo…

Cómo conseguir que los niños nos pregunten sus dudas sobre el duelo y la muerte

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Seamos sinceros: los niños y sus preguntas en ocasiones pueden llegar a asustarnos. A determinadas edades se sumergen en una cadena de preguntas infinitas, pero además ocurre que preguntan cosas que nosotros jamás nos hemos planteado y que a ellos les parecen normales. Por eso, cuando vienen con su retahíla de preguntas, nos solemos hacer algo más pequeños que de costumbre y nos ponemos una especie de armadura que se resume en la frase: “A ver por dónde me sale éste”.

Con frecuencia ocurre que, para evitar que los niños nos pongan en esa situación incómoda de la que ya hemos salido escaldados en alguna ocasión anterior, intentamos escurrirnos cual pastilla de jabón mojada y hacemos todo lo posible para transmitirles que no va a haber turno de preguntas.

El problema viene al enfrentarnos a la muerte: antes o después nos va a tocar responder a las preguntas de los niños y, además, es un tema que por desgracia no les deja indiferentes, todo lo contrario: les genera una curiosidad excesiva que, unida al pensamiento mágico, puede formar un cóctel explosivo.

Explicar la muerte a los niños

Hay varias cosas que podemos hacer para que los niños se sientan cómodos y nos pregunten las cosas que temen, les interesan o les preocupan, o bien aquellas relacionadas con un tema doloroso:

1.Mantenerlos siempre informados. Deben sentir que forman parte del proceso de la muerte, de los ritos funerarios, de la unidad familiar… para que vayan familiarizándose con los términos asociados a la muerte y puedan ir comprendiendo las cosas. Seguir leyendo…

Recursos para trabajar el duelo: El salvavidas

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

En el camino del duelo hay momentos que son especialmente arduos. Unas veces tiene que ver con la proximidad de fechas señaladas (no podemos dar la espalda al calendario, aunque lo intentemos) y otras, tiene que ver con el propio proceso, con los movimientos que sigue, que a menudo lleva al doliente a zonas de mucha oscuridad.

En momentos así, además del trabajo que se propone en terapia, podemos plantear un trabajo extra para gestionar estos días. Esta propuesta se puede hacer tanto en terapia individual como en grupo.

Una ayuda para los momentos más duros del duelo

Lo denominamos “salvavidas” porque es el recurso al que proponemos recurrir cuando los días están siendo o se avecinan complicados, o cuando se está atravesando un momento de especial crudeza en el duelo.

Recientemente leí que el sentido profundo de nuestra vida lo encontramos buceando muy adentro de nosotros mismos. Quizá, encontrar el sentido de nuestra existencia es una tarea grande que implica un trayecto muy largo, casi de una vida, pero mi experiencia es que es dentro de cada persona donde reside lo más auténtico de cada uno, que es guía y timón en nuestras vidas.

Todo proceso de autoconocimiento, de autoindagación, lleva a esa profundidad en la que se puede sentir que no sólo somos nuestra personalidad, nuestros automatismos, sino que somos mucho más que todo eso; que hay una parte esencial en nosotros a la que nadie pueda acceder desde fuera y que, aunque permanece enterrada bajo muchas capas, es motor de vida y busca hacerse camino y crecer.

Razón y corazón en el duelo

En los momentos oscuros, reconectar con esta parte de nosotros puede ser un salvavidas, volver al hogar interno, conectar con lo que nos da raíces y que nos permite “acompañar” a otras partes de nosotros que se sienten con miedo, abrumadas, bloqueadas o sin rumbo.

En circunstancias así, no solo necesitamos de nuestro intelecto para manejarnos con ello, necesitamos de partes mucho más sutiles. La parte racional de nuestra mente, con toda su potencia y su capacidad, no abarca este nivel de sutileza, se pierde frente a toda la inmensidad del complejo mundo interno. El pensamiento no tiene límite y puede perderse fácilmente. La emoción, sin embargo, que nos lleva a aspectos muy centrales y muy esenciales, nos da una información que a la que luego damos sentido mediante el pensamiento. Seguir leyendo…

¿Qué busca un paciente en duelo en el médico?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

En la sociedad actual, la institucionalización de la muerte y del duelo ha traído consigo complicaciones para los dolientes. Frente a la forma de vivir el duelo en el pasado -más natural, con ritos en los que participaba el vecindario, el entorno y la sociedad entera-, se ha impuesto un modo más solitario o más individualista de vivir este proceso.

Estos factores han contribuido a que los límites del duelo se hagan más difusos, lo que conduce a que los pacientes busquen en el profesional sanitario la “norma” que diferencia lo normal de lo patológico. El duelo queda así despojado de los ritos “oficiales” que le dan sentido y marcan un inicio y un final. De ahí surge la necesidad de institucionalizar el tratamiento del duelo.

El profesional sanitario ante el duelo

Diversos estudios muestran cómo, tras la muerte de un ser querido, se produce una hiperfrecuenciación de los dolientes en las consultas de Atención Primaria. Esto puede deberse a varios factores:

1. El proceso de duelo implica un estrés enorme para el organismo, lo que provoca un desgaste físico que, en ocasiones, lleva a desarrollar diversos síntomas que añaden inquietud y sufrimiento a los dolientes.

2. A veces, los procesos médicos que atravesaba el doliente antes del fallecimiento del ser querido pueden quedar abandonados durante el período de enfermedad previo a la pérdida. El fallecimiento del ser querido genera conciencia real de la muerte física y es entonces cuando aparece el miedo y la necesidad de cuidarse y revisarse.

3. La dificultad del entorno para contener el dolor del doliente y para dar respuesta a las incógnitas que generan la muerte y el duelo hacen que el doliente considere al profesional socio-sanitario como único interlocutor válido. Seguir leyendo…

Problemas asociados al duelo en niños y adolescentes

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Es habitual que el duelo en niños y adolescentes no se manifieste de la misma manera que el duelo adulto, es decir: estamos acostumbrados a ver a adultos profundamente tristes, deprimidos, paralizados, etc, tras sufrir la pérdida de un ser querido, pero en los menores esas situaciones pueden ser muy diferentes y manifestarse de otras maneras a las que hay que prestar una atención especial.

El único punto en común entre las diferentes situaciones de las que vamos a hablar es el fallecimiento de alguien significativo para el niño o el adolescente, ya sea un progenitor, un hermano, un amigo, un abuelo, alguien cercano a la familia… A partir de esa pérdida, podemos encontrarnos asociados al duelo los siguientes problemas:

Dificultad para reintegrarse al colegio tras la muerte de un ser querido

Puede darse la situación de que el niño o el adolescente no quiera volver al colegio después del fallecimiento. Esto puede ocurrir tras un periodo de duelo en el que el menor ha permanecido en casa, o bien si el fallecimiento ha sucedido durante las vacaciones escolares. Es más frecuente en adolescentes y manejar la negativa a acudir al colegio puede hacerse complicado.

Normalmente esto se da en niños vulnerables, ya sea porque no se sentían del todo a gusto en el colegio, porque no tienen un grupo de amigos íntimos o porque se sienten muy diferentes y desconectados de los intereses de los iguales. Es probable que, a medida que no logra reincorporarse al colegio, nos encontremos ante una fobia escolar que debe ser tratada como tal, sin perder de vista qué es lo que la motivó.

Miedos exagerados durante el duelo infantil

Este caso suele producirse en niños que ya eran algo miedosos: tras la pérdida, veremos que de nuevo surgen inseguridades. Eso en general se debe a que, tras la pérdida, se viven de manera vulnerable y ponen en duda la seguridad y sus capacidades. Es habitual que repunten los miedos a la oscuridad, a quedarse solos, a dormir solos, a hacer recados de manera autónoma… Seguir leyendo…