Cómo saber si mi hijo está bien tras la muerte de un ser querido

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

En este artículo abordamos el gran miedo, la gran pregunta que los padres nos plantean con mayor frecuencia en las consultas que recibimos.

Tras la pérdida de un ser querido –y, en la mayoría de los casos, cuando el fallecido es uno de los padres-, además del dolor, el progenitor superviviente sufre la angustia por una duda a la que es difícil dar solución y que a veces ocupa el primer plano del dolor que se vive tras la pérdida de un ser querido: “¿Están mis hijos bien? ¿Les pasará algo?”.

El duelo se vive con temor a que el dolor propio haga que el ajeno pase desapercibido. Se duerme con la preocupación de intentar distinguir si los hijos fingen estar bien para no preocupar a nadie o si las emociones que viven son las adecuadas y reales. A menudo se piensa que no se les presta suficiente atención en su duelo, se duda de todo… porque uno de los pilares de la vida ya no está, porque aquel o aquella con quien se compartían esas preocupaciones se ha muerto y ya no va a participar del proyecto educativo de ambos.

Reacciones de los niños durante el duelo

Lo habitual es que al principio todas las reacciones se pueden considerar normales, aunque solemos prestar atención especial a los niños, ya que su mundo está lleno de requerimientos y así, en caso de darse una pena grande, estaremos cerca para proporcionarles la atención necesaria.

Es frecuente que al principio el niño no sepa qué reacciones son normales o cómo debe comportarse, así que es probable que oscilen entre:

  • – Un humor o una tristeza excesivos.
  • – Enfados sin motivo o desproporcionados.
  • – Mucha afectación o comportarse como si no hubiera pasado nada.
  • – Exceso o defecto de actividad.
  • – Gran implicación en las cosas familiares o del hogar, o desentenderse de ellas.
  • – Exceso de responsabilidad o reacciones irresponsables.

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Cuando no hay certezas en el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Dedicado a un héroe con monopatín y a los que son como él

 

La historia nos muestra que las personas nos unimos en el dolor. Los recientes atentados en Reino Unido han sido una buena prueba de ello.

Los días que se sucedieron desde que conocimos la noticia del último ataque en Londres hasta que se identificó a todas las víctimas narran la historia de un pueblo. Es la historia de una sociedad entera, la española, que siguió de cerca el desarrollo de la noticia a través de las redes sociales y de los medios de comunicación.

Durante esos días, muchas personas nos asomábamos a las noticias en un intento desesperado de acercarnos y arropar a esa familia  que, a miles de kilómetros, sufría el dolor de una ausencia sin respuestas. Pocas veces se ha visto tanta unión, tanto interés y tanta preocupación expresado de forma tan rotunda.

El duelo colectivo y el apoyo social

Resulta imprescindible abandonar el tono técnico y académico para hablar de lo que sucedió en esos días, porque sin duda fueron momentos que escapan a cualquier intento de comprensión o abordaje racional. Y en aquella situación tan devastadora aprendimos dos cosas:

1. La importancia que tienen esos primeros momentos tras un atentado. Lo necesario que es dedicar esfuerzos y energías a la tarea de identificar lo antes posible a las víctimas, atender a los familiares en esos primeros momentos de ausencia de noticias, de tanto vacío. A medida que se suceden las horas entre tanto dolor, cada gesto cuenta y la burocracia está llamada a humanizarse y ponerse al servicio de las necesidades de una familia desolada, para evitar a los afectados todo el dolor posible. Seguir leyendo…

El uso del eneagrama en el proceso de duelo (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

eneagramaEn el artículo de hoy vamos a hablar de la utilidad del eneagrama durante el proceso de duelo. En general, se define el eneagrama como un sistema de clasificación de la personalidad, pero también es un mapa hacia el autoconocimiento y la propia trascendencia.

Nos invita a profundizar en el misterio de nuestra propia identidad, siendo su finalidad iniciar un proceso de exploración de nuestro mundo interior, que nos lleva a desvelar nuestra verdad más profunda.

Conocerse con el eneagrama

El eneagrama moderno de los tipos de personalidad es una síntesis de muchas tradiciones diferentes que han ido conformando un completo mapa de 9 eneatipos de la personalidad. El trabajo con el eneagrama comienza cuando uno identifica su tipo y empieza a comprender sus características dominantes. Al descubrir nuestro tipo de personalidad, lo reconocemos como un guante que encaja a la perfección. Vienen olas de alivio y vergüenza, de euforia y disgusto, se ven con claridad aspectos de uno que siempre se han sabido de forma inconsciente. Cuando superamos esta dificultad y aceptamos, es cuando comienza el verdadero viaje.

Si bien conocer nuestro tipo de personalidad nos da información importante, esa información es sólo el punto de partida para un viaje mucho más grande, es decir: conocer el eneatipo no es el objetivo. El objetivo de este trabajo interno es poner fin a las reacciones automáticas de la personalidad, llevándolas al terreno de lo consciente. Cuanto más percibamos las respuestas mecánicas de nuestra personalidad, menos nos identificaremos con ellas y más libertad tendremos. De eso trata el eneagrama. Seguir leyendo…

Los niveles de intervención en el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© Malagón

El duelo, la muerte o el sufrimiento son tres temas que pertenecen a una categoría íntimamente ligada a la experiencia humana. Da igual haberla vivido o no, estamos expuestos a ella y, por tanto, no hay nadie que sea ajeno a esta realidad.

Hay temas que requieren una formación específica para poder hablar de ellos: las matemáticas, la ingeniería, la farmacología, pero el duelo no pertenece a este grupo: cualquiera puede hablar de duelo o tener una idea acerca de cómo funciona, ya sea errónea o no. Esas ideas van desde lo más intuitivo o desde el sentido común, hasta lo más técnico o especializado.

Es necesario hablar del duelo

El duelo es una experiencia universal. Existe una amplia gama de niveles de conocimiento o de experiencias entre el experto en duelo y la persona que carece de experiencia académica o formativa relacionada con la pérdida. Aun así, en algún momento de sus vidas todos ellos pueden estar en contacto con alguien que está viviendo un duelo y servirles de ayuda.

Quizás ese sea el sentido último que tiene este blog y otras bitácoras que abordan el duelo: facilitar información y reflexiones que puedan servir de alivio o consuelo en un momento dado, y hacerlo en un formato que pueda alcanzar al mayor número posible de personas. En este sentido, las redes sociales han posibilitado que la información se difunda con mayor rapidez y agilidad de lo que lo que era posible en otros tiempos. Seguir leyendo…

Superar el duelo: ¿Es malo llorar delante de mis hijos?

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónTras el fallecimiento de un ser querido en la familia, es habitual sentir una gran tristeza y dolor, ambas emociones que normalmente van acompañadas de lágrimas: porque se echa de menos, por la pérdida, por la soledad, por el sufrimiento, por todo el camino recorrido juntos, porque no vamos a ver a esa persona nunca más… Existen mil motivos para estar tristes y llorar.

Sin embargo, hay ocasiones en las que, a pesar de esa tristeza, a los adultos les surge la duda de si es conveniente llorar delante de los niños, o si los niños deben saber que estamos tristes o debemos mostrarles esas emociones que rodean la muerte. Esas dudas suelen venir generadas por alguna de las siguientes situaciones:

Hay mil razones por las que creemos que llorar va a ser perjudicial para los niños y se nos olvida que, si no lloramos, a veces transmitimos otras cosas que, si nos paramos a pensarlas, están muy lejos de aquello que queremos transmitir. Seguir leyendo…

Superar el duelo: ¿Qué te ayuda?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónAunque el título de este artículo puede parecer una pregunta simplista y de poca hondura, nada más lejos de la realidad. En el duelo hay una parte fundamental que tiene que ver con adentrarse en el dolor, en las emociones que vienen con este proceso.

El trabajo emocional sería comparable a cuando estamos en la playa y viene una gran ola: si nos quedamos rígidos, la ola nos tumba y descarga toda su fuerza contra nosotros, emprendiendo una lucha en la que se impone la fuerza del mar. Sin embargo, si nos zambullimos y buceamos por debajo de la corriente, nos levantaremos cuando el movimiento haya cesado y podremos seguir disfrutando de la belleza del mar.

Con las emociones se da el mismo proceso: si lucho contra ellas, su fuerza y el propio miedo a que nos destrocen nos van a dominar; pero si encontramos los espacios y los tiempos para ir adentrándonos en ellas, podremos elaborarlas y extraer toda la información que nos traen.

Conectar con nuestro dolor de manera consciente

La otra parte que necesita el duelo es la del movimiento, el dinamismo. Se trata de conectar con la parte de nosotros que nos impulsa a hacer algo, es decir: responsabilizarnos de pasar del modo automático al modo consciente, que es cuando el doliente se toma un tiempo para contestar a esta pregunta y conectar con esa parte de sí mismo que busca la forma de manejarse con lo que trae la vida, que busca vivir.

Como ya hemos comentado en artículos anteriores, el duelo es un proceso activo. Por eso, desde muchas teorías se presenta el duelo como un camino construido a base de tareas. Esto quiere decir que el doliente es un agente de lo que le ocurre, no un paciente. Cuando llega el momento de hacernos cargo del proceso, pararnos a conectar con esta capacidad humana de hacernos agentes, presentes… y eso alimenta nuestra capacidad de hacernos cargo, compensando el posible sentimiento de incapacidad o indefensión.

No sólo nos alimentamos de comida, también lo hacemos de sensaciones, por lo que alimentar estas sensaciones de capacidad, de autoayuda y de autocuidado hace que cultivemos esas áreas de uno mismo que ayudan en la elaboración del proceso. Seguir leyendo…

El duelo por la muerte de un animal de compañía

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

PORTADAA la hora escribir un artículo sobre el duelo por una mascota te asaltan muchas dudas: la primera de ellas, si es pertinente dar cabida a los animales en el duelo frente a las personas; en segundo lugar, si se hace desde el corazón o desde la razón y, como éstas, miles de dudas que rondan la cabeza para tratar de ajustarse y no ofender ni defraudar a nadie.

El hecho de compartir la vida con una mascota hace difícil distinguir entre la teoría de duelo pura y una visión sesgada de la misma. En este caso, tengo claro que me decanto por lo segundo, ya que no puedo separarme de lo que soy y llevo compartiendo mi vida con animales desde hace mucho tiempo, así que ese cariño y afecto incondicional hacia ellos seguramente sesgará este artículo. Me disculpo por anticipado por si digo cosas poco técnicas o políticamente incorrectas.

El vínculo con un animal de compañía

Cuando fallece una mascota, normalmente se trata de mamíferos o aquellos animales con los que interactuamos y, por tanto, mantenemos vínculos afectivos. Este suceso es a menudo la primera vez que un niño se enfrenta a un duelo, a una pérdida, a la muerte. La muerte de una mascota, especialmente de perros y gatos, es un primer modo de acercarse a la muerte en el mundo infantil y a menudo supone el primer encuentro con la muerte y con los cambios que ésta conlleva.

Hay que tener en cuenta que, en algunos casos, las mascotas se convierten en la única compañía de una persona. Es habitual ver a personas mayores que viven con la compañía exclusiva de un perro o de un gato. También es habitual que muchas personas se mantengan activas porque sus mascotas necesitan de ellas para pasear, hacer sus necesidades, comer…

Además de las obligaciones, se hace imprescindible detenerse en el cariño mutuo que se dan: son horas de compañía, caricias y carantoñas, porque sí, no vamos a negarlo, los animales domésticos proporcionan un cariño que a menudo va más lejos de lo esperado, ellos no entienden de cambios de humor, de días difíciles ni de otras cosas, lo que no quiere decir que no sean sensibles a nuestros estados de ánimo. Seguir leyendo…

Aprendizajes sobre el duelo (III)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn esta serie de artículos acerca de los aprendizajes que van descubriendo tanto el doliente como el profesional a lo largo del camino del duelo, hoy centramos la atención en tres aprendizajes fundamentales desde el punto de vista del profesional sanitario.

Los profesionales de la salud -especialmente los que afortunadamente nos dedicamos a ello por vocación- estamos en continua formación, estudio y búsqueda de inspiración y crecimiento. Durante esta búsqueda, he dado con esta entrevista de Enric Benito, médico de cuidados paliativos, investigador, buscador y una persona llena de sabiduría y claridad para compartirla.

Cómo es el proceso de muerte

Aunque nosotros atendemos a las personas en otro punto del camino -cuando la muerte ya ha acontecido-, creo igualmente necesario que, como profesionales que acompañamos el duelo, debemos saber cómo es el proceso de muerte. También siento que frente al sufrimiento (tanto en paliativos con en el proceso de duelo posterior), los profesionales sanitarios tenemos mucho que aprender unos de otros.

Por esa razón, una voz llena de experiencia y sabiduría como la de Enric Benito es un regalo para cualquier oído interesado en crecer como persona y como profesional que, en la Psicología, van de la mano.

De la entrevista, que os animo a escuchar aquí, se pueden extraer multitud de aspectos para la reflexión, pero en el contexto de este artículo sobre los aprendizajes del profesional sanitario en el duelo, he extraído tres aspectos fundamentales de la buena praxis en el acompañamiento a personas que estén sufriendo o, en nuestro caso, de las personas que atraviesan un duelo complicado:

La hospitalidad en el duelo

Me ha encantado este término lleno de humildad y sencillez. La hospitalidad tiene que ver con la acogida, con abrir las puertas de nuestra casa interior para acoger en igualdad al otro. “Tu salvación viene en forma de peregrino cansado”. Como bien dice Enric Benito, “para abrir las puertas de nuestra casa, ésta tiene que estar un poco ordenada y debemos estar dispuestos a que se ensucie un poco”. Esto conecta con el trabajo consciente, con el autoconocimiento y con conocer los propios miedos que se nos despiertan como personas que trabajamos con el dolor de otros.

Nuestra principal herramienta somos nosotros mismos. Eso implica responsabilidad con uno mismo y con el otro: no puedo abrir las puertas de mi casa si no la conozco bien, si no sé cuidarla, si no conozco mis propios límites ni mis propios temores, dolores y sombras… porque si la abro sin conocer ni haber acompañado y profundizado en todo esto, en el momento de la terapia se mezclará lo mío con lo del paciente. Seguir leyendo…

Cuando los límites de la terapia de duelo son difusos

Este artículo es un homenaje a todos los psicólogos que conozco
y a su esfuerzo por ser los mejores psicólogos posibles para sus pacientes.

 

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónComo psicóloga experta en duelo, a menudo me he planteado cuáles son los límites de la terapia: no es fácil saber a qué nivel puedes/debes implicarte con un paciente que tiene un nivel de sufrimiento extremo, como por ejemplo puede ser el caso de un paciente con duelo traumático o una persona con un trauma complejo.

¿Es lo mismo lo que uno debe que lo que puede hacer en terapia? ¿Es legítimo plantearse la necesidad de revisar el nivel de implicación personal, humana, que tenemos con nuestros pacientes?

Los límites de la terapia

Cuando estudias la carrera de Psicología, los límites que te plantean están meridianamente claros. Esos límites aparecen recogidos en el Código Deontológico de los psicólogos y determinan que la relación que se establece entre paciente y psicólogo ha de ser una relación profesional, que en ningún caso debe rebasar los límites que en ella se establecen.

La terapia como tal comienza estableciendo un marco o encuadre terapéutico, que sirve de frontera tanto al paciente como al psicólogo y que aclara las normas de lo que es posible y lo que no es posible o no está permitido en ese ámbito. Se marcan así las normas relativas al precio de las sesiones, el horario (que debería ser siempre el mismo para dar seguridad), la política de cancelación de sesiones, el tipo de terapia que se va a realizar, etc.

El marco terapéutico es necesario y yo diría que incluso imprescindible, porque sienta las bases de las condiciones en que tendrá lugar la terapia y establece lo que el paciente puede esperar o no de su psicólogo. Lo que no tengo tan claro es si el marco debe ser tan rígido como lo es actualmente. Seguir leyendo…

El duelo colectivo y el papel de los medios de comunicación

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónHace pocos días tuvo lugar un atentado en Londres, en el que, frente a la barbarie terrorista, pudimos ser testigos de la respuesta ejemplar del pueblo inglés, tanto de sus ciudadanos, como de sus policías y políticos, todos ellos unidos para ser más fuertes. Nuestro corazón está hoy con todos y cada uno de los ciudadanos afectados por esta tragedia.

Sin embargo, también hemos podido ver respuestas susceptibles de mejora, ya que, tras el ataque, los medios de comunicación han emitido imágenes de gran dureza, a pesar del enorme poder retraumatizante que se sabe que tienen para la población, y también a pesar de que no aportan más veracidad ni más realismo a la información que otras imágenes menos escabrosas.

Como psicóloga y articulista, creo que es mi deber posicionarme y dejar a un lado la corrección política para manifestar mi sincera repulsa ante la emisión de esta clase de imágenes, que buscan impactar antes que informar. Aunque no sé de periodismo, sí soy experta en duelo: sé lo que ayuda o alivia en los primeros momentos de aturdimiento y miedo tras una acción terrorista, y también qué es lo que puede dificultar este proceso o añadir más dolor al ya existente. Por eso, como experta siento la obligación moral de darlo a conocer, ya sea para que sirva de consuelo o para que otros colectivos puedan ponerlo en práctica y así aliviar el dolor de terceros.

El riesgo de emitir imágenes retraumatizantes

En general, estamos acostumbrados a que, cuando se produce una catástrofe de grandes dimensiones -ya sea un atentado o un accidente muy grave-, las cadenas de televisión retransmitan las imágenes del suceso para darle una cobertura global. Por eso, a menudo ocurre que, durante los días posteriores a la tragedia, todos los canales de televisión emiten en horario casi continuo las últimas novedades relacionadas con las víctimas, la atención a los afectados y las investigaciones del suceso.

Sin embargo, está demostrado que la exposición a las imágenes de un suceso traumático tiene un efecto retraumatizante en la población, incluso cuando son visionadas por personas que no han perdido a ningún ser querido en la tragedia. A la hora de gestionar un suceso trágico, cada persona tiene una responsabilidad moral distinta. Y si la labor del psicólogo es facilitar pautas al resto de los agentes sociales que les ayuden a prevenir el desarrollo de duelos traumáticos o complicados; la del periodista, en cambio, es decidir qué imágenes se publican. Seguir leyendo…