Superar el duelo: A propósito del amor

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónExisten pocas cosas que podamos hacer frente a las grandes catástrofes, las tragedias con pérdidas múltiples, los horrores que un ser humano puede llegar a sufrir o frente al dolor natural de la pérdida.

Sin duda la presencia de otro ser humano es un elemento básico para “paliar” en alguna medida los efectos de la tragedia o los efectos del dolor. Sólo otro ser humano puede consolar o aliviar el dolor de una persona que sufre. Hablamos de una presencia no sólo física, sino también genuina: una presencia auténtica, que acompañe ese dolor de la forma única en que cada uno sabe y puede acompañar.

La escucha que sana

Eso es lo que cuenta, eso es lo que marca la diferencia, eso es lo que recuerdan las personas al rememorar cómo fueron consoladas y acompañadas: recuerdan  lo que fue único, lo que fue especial y olvidan las fórmulas manidas, las palabras vacías y los lugares comunes a los que recurrimos para dar el pésame o para acompañar a un doliente.

Da igual lo que se dijo o lo que se hizo: lo importante, lo verdaderamente tranquilizador, la única manera de encontrar algo de serenidad en el caos que implica el duelo es encontrar a alguien dispuesto a arriesgar su propia integridad para atender a otro; dispuesto a dejarse contagiar o embargar por la angustia, a dejarse conmover. Y para esto no existen fórmulas ni subterfugios, salvo que la fórmula sea ser auténtico.

El bienestar del paciente en terapia de duelo

Al final, en eso consiste la terapia de duelo: más allá de herramientas o técnicas, lo que funciona en terapia es la presencia “amorosa” de un terapeuta con su paciente. Cuando hablamos de amor, nos referimos al amor de ágape y no de filia. “Ágape” es una palabra de origen griego que se traduce como amor incondicional y reflexivo, por el cual el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado. Se trata de un amor entendido como amor universal, como amor a la verdad o a la humanidad en contraposición al amor personal. Seguir leyendo…

Una situación difícil: Atender el duelo infantil en el colegio el Día del Padre

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónSe acerca una fecha muy temida para las personas que trabajan con niños o para las madres de niños o niñas que han perdido a su papá: hablamos del Día del Padre, una fecha que se celebra tanto desde la televisión como en el colegio, y recuerda un día que tal vez algunas personas no quieran celebrar o no sepan qué hacer tras la pérdida sufrida.

Para los más pequeños, a quienes se suele animar en el colegio para que realicen una manualidad a modo de regalo para el Día del Padre, es un momento complicado. Normalmente ocurre que en clase, durante una o dos semanas antes de la fecha, les van pidiendo material, se proponen ideas y finalmente se decide elaborar un obsequio simbólico para regalar a los padres ese día.

El duelo infantil en el aula

Muchos profesores que suelen realizar estas actividades nos preguntan qué pueden hacer en esa fecha señalada, cuando en su clase hay un alumno que no tiene padre porque ha fallecido. A estos docentes les preocupa que realizar esa actividad haga que estos alumnos se sientan diferentes o les traiga dolor por el recuerdo o por no poder entregárselo a su padre. A menudo lo que hacen es plantearles la actividad, pero dirigiendo el regalo a otras personas: le dicen al niño que puede hacerlo para su abuelo, para su mamá, o quizá para algún hermano mayor.

Otros, atemorizados por el impacto que puede tener en el alumno el hecho de recordar a su padre fallecido o no saber qué hacer con el obsequio en cuestión, deciden no hacer la actividad que tradicionalmente se suele realizar en los centros escolares. Seguir leyendo…

Superar una pérdida: Cuando el cuerpo duele

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónLa mente es cuerpo y el cuerpo es mente. Desde la concepción más occidental -en la que se prima lo racional y también, más recientemente, lo emocional, como vías de conocimiento y de verdad-, lo corporal se ha desplazado a una visión reducida, como una parte de nosotros puramente fisiológica, casi mecánica.

Sin embargo, si ampliamos nuestra mirada al conocimiento y entendimiento del cuerpo y nos dejamos ilustrar por las recientes investigaciones en Neurociencia y las tradiciones milenarias místicas de Oriente, podemos acceder a toda una sabiduría intuitiva, implícita y accesible en el cuerpo y a través del cuerpo.

Escuchar al cuerpo

A través del aprendizaje en nuestra cultura, hemos incorporado una visión puramente materialista del cuerpo. Sin embargo, son muchas las corrientes de la Psicología, la Neurociencia, el autoconocimiento, la espiritualidad, la mística, el yoga, el mindfulness… que entienden que el cuerpo es mente y consideran una reducción el hecho de asumir que sólo el cerebro lo es.

A medida que nos acercamos a esta manera de entender y considerar el cuerpo, comienza una nueva forma de relacionarnos con él. La principal diferencia es que empezamos a prestarle una escucha atenta, no sólo cuando se queja, grita o está enfermo. Esa escucha especial tiene que ir precedida de una pausa, que tenga que ver con silencio o con quietud. En el ruido (interno y externo), en la prisa… no hay espacio para la escucha atenta a uno mismo.

Sin escucha no hay cuidado, porque no hay conexión con la necesidad real, ni con los límites, ni con lo que se denomina el “observador interno”, que es esa voz sabia interna que normalmente permanece dormida y que va despertando en estos espacios de silencio, de meditación, de oración, de quietud, de pausa.

El cuerpo y el duelo

Durante el proceso de duelo, el cuerpo también tiene un papel fundamental. Por supuesto, está la parte que queda patente a nivel fisiológico, que ya abordamos en un post anterior y se reflejaba en una respuesta inmunitaria deprimida, de ahí la invitación al autocuidado. Pero hoy vamos a mirar el papel del cuerpo en el duelo de una forma más integral y quizá más profunda. Hoy os invitamos a integrar el cuerpo como elemento crucial de nuestro proceso de autoconocimiento y andadura por el camino del duelo.

En el duelo el cuerpo no sólo se manifiesta a través de dolores físicos -que lo hace-, sino también a través de dolores en forma de sensaciones, que se sienten en el cuerpo. Cuando el duelo está en un momento de bloqueo, como congelado, son muchas las personas que lo sienten en el cuerpo. No es que esa sensación esté reflejada en el cuerpo, sino que viene del cuerpo, y es difícil ponerla en palabras.

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Ayuda en duelo: Balance del año 2016

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEn 2016 hemos crecido en número de pacientes y terapias en nuestro servicio de Psicoterapia de duelo. No es que nos alegremos de que haya duelos, pero sí nos alegra saber que la gente cada vez confía más en nosotros y se atreve a hacer visible su dolor. No lo ocultan ni consideran que deben sufrir solos, sino que empiezan a querer compartir su dolor y a buscar un lugar donde al menos éste se valide, y puedan expresar abiertamente qué sienten y cómo.

Durante el pasado año, un total de 146 personas han confiado en nosotros para consultarnos sus dudas, empezar una terapia o sencillamente para saber que lo que sentían estaba dentro de la normalidad y que no les pasaba nada malo. Mucha gente también confirma con nosotros que el tiempo que emplea en su dolor y la forma de expresarlo son normales; y que su proceso no es patológico ni complejo, sino que sencillamente se están enfrentando a un duelo tras el fallecimiento de alguien a quien han querido y ha sido pieza fundamental en sus vidas.

Casos más frecuentes de duelo

La muerte de un progenitor es la que mayor preocupación suscita, quizá porque en estos casos a menudo los dolientes reciben comentarios como: “Es normal”, “Era muy mayor”… o sencillamente porque se supone que debemos sobrevivir a los padres y, por tanto, damos por hecho que la persona debe tener recursos para hacerlo, aunque nunca antes se hubiera enfrentado a un duelo. También son frecuentes los casos de hijos que han cuidado de sus padres hasta la extenuación, que dedicaban gran parte de su tiempo al bienestar y la compañía de sus progenitores y que, tras su fallecimiento, han visto que su vida se ha quedado muy vacía y les cuesta mucho reincorporarse a una nueva existencia sin sus progenitores.

Más del 40% de nuestras valoraciones se deben a la pérdida de un progenitor, pero es la pérdida de un cónyuge la que ocupa el segundo lugar en número de consultas (más de un 25%), ya sea por el dolor que sufre la persona tras la pérdida de su pareja, marido o mujer, compañero y compañera, confidente… Es frecuente que, al perder a una pareja, haya que redefinir muchos aspectos vitales que nunca se habían planteado, lo que -unido al dolor de la pérdida- suele dificultar el hecho de volver a vivir con el recuerdo del fallecido. Es normal que el cónyuge superviviente se sienta inseguro, preocupado, ante una realidad dolorosa y novedosa que, aunque sabida en ocasiones, no se planteó afrontar hasta que llega el momento.

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Duelo y medicación: pros y contras

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónNo podría decir si apruebo o no el uso de medicación a lo largo del proceso de duelo, porque en realidad no estoy ni a favor ni en contra. Considero que la medicación un recurso útil, a nivel práctico, cuando la situación lo requiere.

Hace algunos meses otra de las psicólogas del equipo de FMLC escribió en este mismo blog acerca de la necesidad de evitar el exceso de medicación en el duelo. En este artículo vamos a abordar la necesidad de rescatar el uso terapéutico de la medicación, en combinación con la terapia de duelo.

No usar la medicación para evitar el dolor

Obviamente no estoy de acuerdo con sobremedicar el proceso de duelo, entre otras cosas porque sabemos fehacientemente que el dolor no se puede extirpar. Además, numerosos estudios han demostrado que la medicación antidepresiva durante el proceso de duelo no arroja una mayor eficacia que la terapia convencional.

Sin embargo, hay ocasiones en las que el uso de la medicación es imprescindible. Hay que matizar que nos referimos a una medicación indicada y controlada por un profesional de la salud mental. Esto se debe a que a veces se dan casos de personas que necesitan medicación y la rechazan porque les parece que es cosa de locos. Que nos prescriban medicación no debe ser visto como una ofensa ni tampoco es algo exclusivo de personas que hayan perdido su salud mental. Son sustancias que a veces pueden ayudar en el proceso. Seguir leyendo…

Aprendizajes sobre el duelo (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSiguiendo la línea de artículos anteriores, volvemos a poner el foco de atención en los aprendizajes sobre el duelo, tanto los que el doliente vaya encontrando probablemente en su camino particular, como los que he ido atesorando estos años como testigo privilegiado a lo largo de mi carrera.

Dentro de la amplitud de este tema, en este artículo nos centraremos en los aprendizajes vinculados a la forma en que cambia nuestra mirada al mundo tras el fallecimiento y duelo por un ser querido cercano: cómo se reajustan o se reafirman los valores vitales, el aprendizaje de relativizar la vida cotidiana y la tendencia a dejar de planificar tanto e intentar controlar, dejando paso a un contacto mayor con el día a día.

Los valores vitales

El duelo -que todo lo remueve y lo trastoca, desde lo más cotidiano hasta lo más transcendental del ser humano- también hace que se revise el modo en el cual atendemos la vida y nos manejamos en ella: lo que priorizamos y dónde, en qué áreas de nuestra vida ponemos más energía y en cuáles menos.

Cuando se produce un fallecimiento que nos toca y nos afecta especialmente, parece que, de manera intuitiva (a menudo sin que seamos conscientes del todo) se va desarrollando esta revolución interna que en algún punto del camino implica una pregunta: ¿Cómo quiero vivir mi vida a partir de ahora?

Con frecuencia ocurre que, desde el dolor y el sufrimiento, el doliente siente que lo mejor sería un cambio radical en su vida: dejar la ciudad donde vive, cambiar de trabajo, mudarse de casa… quizá ese impulso viene en parte de la necesidad de buscar un “lugar”, otro lugar donde encontrarse mejor, aunque éste dependa más del interior que del exterior. Tal vez también pueda venir de ese movimiento interno que empieza a darse, que tiene que ver con la forma en que el doliente mira ahora su vida. Seguir leyendo…

Superar el duelo: La escucha que sana

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónHabitualmente escribo en tercera persona sobre cuestiones más o menos técnicas y con una cierta distancia, ya que éste no es un blog personal. Sin embargo, hoy quiero hacer una excepción. Quiero aprovechar esta plataforma, que recibe una media de 25.000 visitas al mes, para expresar un deseo personal.

Muchas personas dicen que la plenitud en la vida tiene que ver con plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Mi deseo es dejar un legado, siento la obligación moral de transmitir lo que he aprendido. Hace unos años quería cambiar el mundo, ahora me conformo con trascender dejando algún cambio tras de mí.

La necesidad de ser escuchados

Una de las cosas más fundamentales que he aprendido es la necesidad que tenemos los seres humanos de escuchar y de ser escuchados. Por eso, y a pesar de haber reflexionado ya sobre este tema en artículos anteriores, quiero dedicar algunas palabras más a lo que he aprendido sobre la escucha, con la firme intención de que sirva a otros como guía para aprender a escuchar mejor y generar un cambio en la forma en que nos comunicamos entre nosotros.

Puede que no sea la clave, pero sin duda, el mundo sería un lugar mejor si nos escucháramos más. Seguir leyendo…

Los derechos del niño en duelo (II)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónEn artículos anteriores hemos hablado de algunos derechos que tienen los niños en duelo, los cuales debemos tener en cuenta siempre cuando se produce una muerte en la familia.

En este nuevo post seguimos analizando estos derechos del niño tras una pérdida, con el fin de ayudar a padres y profesores a no enfocar el proceso de duelo infantil de la misma manera que el de un adulto, ni basarlo en las necesidades propias o en lo que pensamos que necesitan los niños tras el fallecimiento de un ser querido.

5. Tengo derecho a estar molesto

Recuerda que es normal que me haya enfadado con lo que ha pasado: es lógico que me sienta perdido y mis reacciones no sean agradables. A veces trataré de estar solo, no me agobies, dame espacio, necesito cierta distancia para poder tranquilizarme.

No des mucha importancia a esas reacciones: puede que tú también las tengas, pero que las manifiestes de otro modo que te parece más adecuado.

6. Tengo derecho a tener explosiones emocionales

Es normal que tenga explosiones emocionales: pueden ser de ira, de llanto o incluso de risa. Date cuenta de que probablemente es la primera vez que experimento unas emociones tan intensas. Puede que me asusten esos sentimientos hacia la persona fallecida o hacia cómo va a ser mi vida ahora, pero recuerda que en cierto modo a ti también te dan miedo.

Es posible que te atemorice mi expresión o creas que impacta a los demás, pero no me dejes solo. Seguramente en estos momentos te necesitaré cerca, a mi lado, para que me digas que no pasa nada por esas explosiones, que las entiendes y vas a estar a mi lado. No me hagas sentir que te alejas, eso no me ayuda.

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Aprendizajes sobre el duelo (I)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

CAMINODUELOUn proceso tan duro como el duelo conduce al ser humano a lo más profundo de su existencia, y es ahí -en ese espacio donde nos adentramos con miedo a destruirnos y que sólo parece contener una nube de desconocimiento- es donde encontramos las certezas y aprendizajes más valiosos.

Sin duda este tema da para escribir muchas páginas, por este motivo, este es el primero de una serie de artículos que elaboraremos sobre estos “lotos” que se pueden encontrar en la andadura del camino del duelo: tanto los que me han transmitido, como aquellos de los que también he aprendido como testigo y han ido formando parte de lo que sé.

A lo largo de mi carrera profesional como psicóloga que acompaña a personas en duelo he aprendido muchas cosas, algunas de ellas importantes para desentrañar este proceso. Me parece oportuno ponerlas al servicio de todo aquel que esté interesado en incorporar conocimientos sobre este tema, sobre todo para que otros profesionales puedan aprovecharlos, para difundirlos y que su efecto pueda multiplicarse y beneficiar a más personas.

Por otro lado, lo que sé no me pertenece: le pertenece a mis pacientes, que confiaron en vivir su experiencia junto a mí, me confiaron sus temores y sus inquietudes, me dejaron ser testigo de sus vivencias y acompañarlas. Hoy esas vivencias me han permitido llegar a algunas conclusiones y esas conclusiones se han transformado en aprendizajes. Estos son sólo algunos de ellos:

No hay que resistirse a las fuerzas que intervienen en el duelo

De los aprendizajes más importantes, este lo considero el principal. En el duelo intervienen fuerzas y hay que saber aprovechar la inercia de dichas fuerzas y no resistirse. Por un lado, el duelo como proceso genera una fuerza que es casi animal, es salvaje y arrolladora. Esta fuerza invita a sumergirse en las emociones que trae el proceso: la tristeza, el miedo, la soledad o el vacío. Estas emociones pueden ser incómodas de vivir, pero no son dañinas, sino que conforman el camino de baldosas amarillas que nos conduce al final del proceso.

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Superar el duelo: Lo que no se puede contar

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónSiempre he pensado que el alivio en el duelo tiene que ver con nombrarlo, con hablar de ello. Shakespeare lo expresaba de una manera más poética cuando decía: “Dad palabras al dolor, porque la pena que no habla murmura en el fondo del corazón y le invita a romperse”. Lo que ocurre es que a menudo el dolor se silencia y hay cosas que no se pueden contar, ya sea por temor al reproche social, por temor a resultar “pesados” o por vergüenza.

El duelo está lleno de secretos, de tabúes y de juicios. Y todo eso que se calla, que se silencia, todo lo que se esconde acaba generando mucha soledad. A lo largo de nuestra experiencia en terapia, nos hemos encontrado con distintas situaciones y escenarios, que describimos a continuación.

Duelos que a menudo no son reconocidos

  • – Cuando la pérdida se produce tras un suicidio, a veces la familia oculta esa información para no “dañar” la imagen de la persona que ha fallecido, en un intento de evitar un juicio social. Por lo tanto, esa parte que tiene que ver con cómo se ha producido la muerte y que en ocasiones encierra tanto dolor, no puede ser contada ni explicitada. Es un dolor que no se legitima, no se escucha y se queda enquistado.
  • – Cuando se pierde a una pareja que no estaba socialmente reconocida, ya sea una relación con una persona casada, o una relación con una persona del mismo sexo. Al no haber hecho pública la relación, el entorno no comprende la pérdida y, por lo tanto, no atiende ni tampoco entiende el dolor de esa persona.
  • – Otro caso es el de las personas que han perdido a un progenitor, o incluso a un abuelo, cuando ya era “muy mayor” o estaba muy enfermo. Con frecuencia estas personas se encuentran con mucha incomprensión por parte de su círculo más cercano. Les dicen que es ley de vida, o que es mejor así, o que no deberían llorar pasado cierto tiempo… y, sin embargo, el dolor no desaparece. Estos comentarios hacen que los dolientes se sientan rechazados y acaben por omitir esas sensaciones o esos sentimientos, encerrándose en una coraza en la que se sienten profundamente solos, dado que no pueden mostrarse tal y como están en ese momento.
  • – También puede darse el caso de dolientes que pierden a una ex pareja con la que seguían manteniendo algún tipo de relación. Esto ocurre incluso cuando ha habido situaciones de malos tratos o abandono, por lo que el hecho de que la persona sienta dolor en lugar de alivio resulta todavía más incomprensible para el entorno.
  • – Esta incomprensión también la he detectado en los casos de pérdidas perinatales. Algunos de nuestros pacientes en esa situación han tenido que escuchar cosas del tipo: ¿Cómo te puede doler tanto, si ni siquiera lo conociste, si no le viste nunca, si puedes tener hijos, si hay gente que no tiene hijos y es feliz?

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