El duelo en la pareja: Signos que indican una crisis en la relación

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEn artículos anteriores hablábamos de los diferentes escenarios que pueden darse en una relación de pareja, cuando uno de sus miembros -o los dos- sufre la muerte de un ser querido. En los casos en que se produce un distanciamiento de la pareja, los signos que nos pueden indicar que existe una crisis son cambios en las siguientes áreas:

La comunicación

Dado que el duelo es un proceso que requiere mucha energía e implica poner en marcha muchos recursos, puede suceder que el doliente deje de ser tan comunicativo como era antes o que modifique su patrón de comunicación, pasando de un estilo más cercano a uno más distante, de uno más distendido o relajado a uno más tenso, o de ser muy comunicativo a serlo poco o nada.

Esto tiene que ver con la necesidad de establecer un diálogo interno con el propio dolor para ir dándole salida y darle sentido. Esta comunicación interna puede inhibir o modificar la comunicación habitual dentro de la pareja. Si la pérdida ha sido conjunta el patrón afectará a ambos y, en el caso de que sólo uno de los miembros de la pareja haya sufrido la pérdida, sólo le afectará a él. Los cambios en la pareja vendrán derivados de la posibilidad de adaptarse a ese nuevo patrón de comunicación.

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Diferentes situaciones de duelo dentro de la pareja

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónHemos hablado en alguna ocasión de que el duelo por un ser querido puede afectar a la relación de una pareja. En este nuevo artículo reflexionaremos sobre las distintas situaciones de duelo que pueden tener lugar en el seno de una pareja y qué diferentes escenarios pueden darse.

Normalmente son dos las situaciones que podemos encontrar. En primer lugar, puede ocurrir que la pareja haya experimentado una pérdida conjunta, es decir: los dos han sufrido la muerte de un ser querido para ambos, aunque a cada uno de ellos haya podido afectarle de un modo diferente. Estamos hablando, por ejemplo, del caso de los padres que hayan perdido a un hijo.

Cuando ambos pierden a un ser querido

En este caso, los dos están en duelo, pero cada uno lo vive de una manera distinta.  Son precisamente esas diferencias a la hora de vivir el proceso de duelo y, sobre todo, las que afecten al ritmo del proceso en cada miembro de la pareja, las que pueden generar distancia e incluso la ruptura de la relación.

También existen casos en los que la pérdida ha servido para unir más a la pareja y de este proceso salen reforzados y con una relación más sólida, aunque los estudios nos dicen que aumentan las probabilidades de ruptura.

Cuando sólo un miembro de la pareja está en duelo

Cuando sólo uno de los cónyuges es quien ha vivido la pérdida de un ser querido, éste atravesará un proceso de duelo, mientras que su compañero o compañera, no. En este caso, la dificultad para comprender al otro, así como las distintas necesidades que tiene cada uno, son las que pueden influir en que se produzca un alejamiento o acercamiento dentro de la pareja.

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Preguntas para explorar el duelo (II): ¿De qué está hecho mi dolor?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl dolor es un sentimiento complejo, compuesto de las distintas emociones que cada persona siente, elabora y experimenta de forma diferente. Si bien el dolor es el sentimiento esencial y compartido cuando sufrimos una pérdida, el trabajo de cada uno con su dolor se lleva a cabo conociéndolo.

Elaborar el duelo tiene mucho que ver con sentir, conocer y permitir el dolor. Es una de las tareas del duelo que nos propone Wiliam Worden: “Elaborar las emociones y el dolor que viene con la pérdida”. Según este reconocido autor, siempre que se produce la pérdida de un ser querido, ésta se siente con dolor en mayor o menor medida, con las características únicas de cada persona.

Pero un duelo no se puede elaborar sin sentir dolor. El dolor está tan relacionado con el duelo, que el mismo origen latino de la palabra, “dolus”, significa dolor.

Diferencias en la forma de sentir el dolor tras una muerte

Hablar de dolor, sin embargo, puede resultar ambiguo. Mi concepto y mi sentir del dolor es distinto al tuyo y, cuando se refiere a una pérdida, esta diferencia se acentúa más aún. No es lo mismo que el dolor de alguien sea como sentirse huérfano o que el dolor de otra persona sea como sentirse perdido. Ambos son dolores, pero no se sienten igual, ni implican lo mismo, ni significan lo mismo.

Siempre insistimos en que es imposible comparar el grado de dolor entre una pérdida y otra, y en que no podemos establecer cuál es la muerte más dolorosa ni la peor, puesto que aquí entra el concepto de dolor, y el dolor es algo puramente subjetivo y muy complejo. El dolor ante una muerte depende fundamentalmente del vínculo que el doliente tenía con la persona que ha fallecido, las circunstancias en que ocurrió la muerte, la historia previa y la personalidad del doliente, y del apoyo subjetivo que siente.

No hay que evitar el dolor tras una pérdida

La propuesta que hacemos para adentrarnos un poco más en el conocimiento del propio dolor comienza con no evitarlo. En la medida en que nos acercamos al propio dolor, vamos liberándolo y conociéndolo. Y a medida que vamos conociéndolo, vamos quitando capas hasta conectar con el núcleo del dolor.

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Creencias erróneas sobre el duelo infantil

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Malagón En nuestra vida cotidiana es habitual encontrarnos con frases hechas por los adultos que acaban convirtiéndose en axiomas sobre el duelo y que normalmente aceptamos sin cuestionarlas. De hecho, la mayoría de nosotros pensamos que la realidad es así y, hasta que no nos explican algo al respecto, mantenemos determinadas ideas equivocadas sobre el duelo de los menores.

Hoy trataremos de abordar algunas de esas creencias erróneas que nos encontramos con mayor frecuencia. En este artículo analizaremos sólo cuatro de ellas, aunque hay más de las que hablaremos más adelante o que podéis leer en nuestro nuevo manual práctico de duelo infantil.

“Los niños pequeños no se enteran de lo que pasa”

Los adultos tendemos a pensar que, cuanto más pequeño es el niño, se da cuenta de menos cosas y eso no es verdad; desde el momento en que fallece una persona el niño percibe la ausencia, los cambios en los estados de ánimo, la llegada de un nuevo cuidador o cuidadora, etc.

Es cierto que a menudo los menores no pueden entender todos los detalles de la muerte y se limitan a percibir un cambio en las rutinas o que han dejado de ver una cara que les era familiar, pero en la mayoría de los casos son conscientes de que algo ha pasado y de los cambios que conlleva. Por tanto, sí se enteran, no ignoran lo que pasa a su alrededor por pequeños que sean los cambios y es bueno considerar ese aspecto al dirigirnos a ellos: darles más cariño, hablarles en un tono suave o bien explicarles las cosas cuando tienen más de dos años. Puede que no entiendan todo, pero lo básico si lo entenderán.

“Hay muertes peores que otras”

Ésta es otra idea muy extendida, según la cual es como si algunas muertes fueran más difíciles de entender para los niños que otras. Normalmente esto hace referencia a muertes repentinas o de carácter violento (atropellos, violencia, suicidios…) frente a otras muertes consideradas más “dulces” como sería un fallecimiento tras una larga enfermedad o la muerte que sobreviene por vejez. Pero, si el niño pierde a una persona significativa, para él la muerte es muerte, el resultado es el mismo: que no va a  volver a ver a la persona querida nunca más.

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¿Puede el duelo distanciarme de mi pareja?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónÚltimamente recibimos muchas preguntas relacionadas con los efectos del duelo en las relaciones de pareja. A menudo nos consultan personas que han empezado a sufrir desamor a partir de la muerte de un ser querido de su compañero sentimental.

En general, nos describen cómo esa pérdida les cambia la vida y su pareja, que antes les quería, ahora parece rechazarles.

Problemas de pareja tras una pérdida

La situación más habitual que nos encontramos es la de mujeres que perciben cómo sus parejas marcan distancia con ellas a partir de la enfermedad y posterior muerte de alguien cercano. Nos cuentan los intentos que han hecho y las estrategias que han puesto en marcha para acercarse a su compañero, que se alejaba en dirección contraria a la misma velocidad que ellas se aproximaban. Buscan que les ayudemos a encontrar una fórmula que permita recorrer esa distancia que les separa de ellos.

A veces nos cuentan que en respuesta a sus mensajes sólo hay silencio y, ante sus llamadas, una petición de espacio. En definitiva, son personas que quieren a sus parejas y que tratan de ayudarles a superar la pérdida, que quieren estar muy presentes en cada una de las etapas del proceso de duelo, que sufren ante los cambios y que piden ayuda.

Acompañar en el duelo a nuestro cónyuge

Es evidente que no existe una fórmula o receta infalible para todos los casos, dado que cada experiencia es única, pero sí es cierto que existen ciertos aspectos que hay que tener en cuenta en una situación como ésta, aunque sea de forma general.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que durante el proceso de duelo las necesidades cambian, tanto las físicas como las emocionales, y lo hace de forma diferente en cada persona y en cada momento del proceso. Esto quiere decir que habrá personas que necesiten sentirse acompañadas y otras que necesiten pasar tiempo a solas, y las dos cosas estarán bien; o que algunas personas necesitarán pasar más tiempo con la familia y otras preferirán salir de casa y cambiar de aires.

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Preguntas para explorar y profundizar en el duelo: ¿Qué necesito?

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

© MalagónEl duelo es un camino que lleva implícito un trabajo para poder ser recorrido. Es un proceso que no depende del tiempo, sino del “cómo” lo transite cada doliente.

El camino no es recto, ni mucho menos, por eso, a veces el camino pide que el doliente se tome un tiempo para estar en una parte concreta del mismo, quizá profundizando en ella o cogiendo fuerzas para la subida que se aproxima. El camino que atraviesa cada persona es diferente y sólo el doliente sabe en su interior cómo atravesarlo.

La introspección en el duelo

Para poder conectar con esa intuición o inteligencia que “sabe” lo que está bien para cada uno (y que no suele estar totalmente accesible) el doliente comienza un trabajo de introspección, de ir más allá de los mecanismos de defensa que pueden confundirnos, yendo un paso por debajo del miedo o de la tristeza, sentimientos que tienden a orientarnos hacia la negación o hacia algún otro lugar de bloqueo o de poco avance.

Una manera de profundizar en la experiencia del duelo, de ir más allá de lo que automáticamente nos surge desde los mecanismos de defensa, es el trabajo a través de preguntas. Una de las muchas que puede hacerse el doliente y que responde a procesos que se dan el transcurso del duelo, es la que planteamos en este post: ¿Qué necesito? Conectar con la auténtica necesidad y proveernos de lo que necesitamos marca todo un camino.

Las necesidades del doliente tras la pérdida

La necesidad puede ir de lo más concreto y físico -como necesidad de descanso- a la necesidad más amplia, incluso podríamos decir existencial: “Necesito poner límites”. La propuesta de trabajar con preguntas no es quedarnos sólo a nivel racional, es decir, no se trata de contestar con una solución o con lo que más rápido venga a la cabeza.

Además de la inteligencia racional, el ser humano también posee la inteligencia emocional, la intuitiva, la corporal… La propuesta de trabajo con esta pregunta es hacer una pausa y romper con el automatismo de nuestros mecanismos de defensa.

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El duelo infantil: Mi hijo adolescente ha perdido a su hermano

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© MalagónRecientemente una persona se puso en contacto con nosotros a través de este blog para plantearnos esta situación que, aunque ya nos la hemos encontrado en varias ocasiones, hasta ahora no habíamos abordado aquí. Esta consulta tan directa nos ha animado a profundizar en un tema tan complicado y doloroso como es la pérdida de un hermano para un adolescente.

En primer lugar, hay que señalar que los adolescentes entienden la muerte de igual forma que si fueran adultos: no necesitan explicaciones muy concretas que aclaren los aspectos básicos de la muerte, como ocurre con los más pequeños. Así que, aunque sea doloroso, deben enterarse al mismo tiempo que el resto de la familia y, si no se puede, lo antes posible. De lo contrario, si alargamos la información se acabarán sintiendo apartados de la familia y no tenidos en cuenta.

Cómo comunicar la muerte de un hermano a un adolescente

Es importante que compartamos con él cuál ha sido la causa de la muerte, que lo sepa y que pueda preguntar las dudas que tenga, que no se las guarde. La imaginación es muy poderosa y se tiende a rellenar con ella los vacíos de información.

Debemos dejar claro al adolescente que puede preguntar sin temor, que le contaremos lo que necesite saber y que, si en ese momento no tiene dudas y le surgen más tarde, puede acudir a nosotros, porque aunque a veces parezca lo contrario, siempre será buen momento para hablar de este tema.

Cómo tratar al adolescente en duelo

Aunque nuestra tendencia será ir a comprobar con frecuencia si están bien o se encuentran mal, hay que dejar a los adolescentes momentos de espacio. Lo mejor es dejarles claro que estaremos ahí para lo que necesiten, que entendemos su dolor, que no queremos atosigarles, pero que de vez en cuando nos gusta saber qué tal están ellos.

Les dejaremos cierto espacio para que hablen con sus amigos y con otros adultos cercanos, si así lo desean. También les transmitiremos que, aunque no estemos pendientes todo el tiempo de ellos, les queremos y nos preocupa su bienestar.

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Cuando el profesional está en duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

© MalagónA través de este artículo queremos promover una reflexión profunda en todos aquellos profesionales que, directa o indirectamente, intervienen o atienden a personas que están atravesando un duelo por la pérdida de un ser querido.

En anteriores artículos hemos hablado de cómo abordar el duelo, cómo identificar las señales de un duelo complicado, qué hacer para ayudar al doliente en los primeros momentos, pero… ¿qué ocurre cuando quien ha sufrido la muerte de un ser querido es el propio profesional que atiende a personas en duelo? 

Cuando se da esta situación tenemos que atender a dos aspectos:

  • – Por un lado, ¿qué ocurre con los pacientes de un experto en duelo cuando éste se encuentra atravesando un duelo?
  • – Por otro lado, ¿quién atiende o cómo se ayuda a un profesional en duelo?

Qué hacer si el duelo afecta al profesional

Con respecto al primer punto, puede ocurrir que el profesional, al menos en los primeros momentos de su propio proceso, no pueda contener la emoción ni concentrarse en su trabajo, o que simplemente le remueva demasiado el contacto con personas que están en duelo. En este caso, lo ideal es que se tome un tiempo de descanso, por lo menos en relación a la práctica clínica. Esta pausa debe servirle para reponer energías y para ir elaborando su duelo.

El profesional puede encontrarse esta situación en cualquier punto de su propio proceso, puede ser que al principio no le afecte y luego sí, o al revés. Una vez que lo advierta, debe retirarse de la práctica clínica para no ser maledicente y derivar a sus pacientes a otro profesional que pueda hacerse cargo. A veces es un compañero quien detecta esta situación y sugiere al profesional que se supervise y se retire. Para eso están los equipos de trabajo y las supervisiones colectivas.

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Libros de literatura infantil y juvenil para abordar el duelo en menores

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

En anteriores artículos ya os hemos propuesto algunos libros con los que se puede trabajar el tema del duelo con los niños. En este nuevo post os recomendamos varias lecturas que os puede servir para abordar el tema de la muerte o introducir la idea con los pequeños de la casa.

Libros sobre duelo para niños de Primaria

“Jack y la muerte”

9788498713688Un cuento de Tim Bowley y Natalie Pudalov (Ed. Oqo, 2012) apropiado para niños que cursan Educación Primaria, que reflexiona acerca de la importancia que tiene la muerte en la vida y qué pasaría si no existiera.

Previendo la muerte de su madre, que está muy enferma, Jack sale de casa y consigue atrapar a la muerte con engaños. El libro narra qué ocurre cuando no existe la muerte y las consecuencias de que ningún ser vivo pueda morir.

“La balada del rey y la muerte”

Este libro  (Ed. Adriana Hidalgo, 2011) es interesante para niños que estén en ltapa La balada del rey y la muerte medos primeros cursos de Educación Infantil y Primaria. El rey de la selva tiene miedo a la muerte y, al igual que en “Jack y la muerte”, su reino se convierte en una tierra que padece la enfermedad de la inmortalidad.

Refleja la necesidad de la muerte y las consecuencias de que ésta desaparezca. Los animales de la selva nos sirven para ilustrar las consecuencias que tiene en los animales que envejecen y dejan de tener cosas que hacer ante la ausencia de la muerte.

 “Gajos de Naranja”

gajos-de-naranja-9788481317794Este libro de Françoise Legendre y Natali Portier (Ed. Tandem, 2008) está recomendado para niños a partir de 2º de Educación Primaria.

Petra es una niña que vive en un pueblo de Andalucía y tiene una relación muy especial con su abuelo, que todas las mañanas le da unos gajos de naranja. Un día, al volver a casa, el abuelo ha muerto y no está donde acostumbraba. Una historia que permite explorar y trabajar las emociones tras la pérdida.

“El árbol de los recuerdos”memory_tree

Zorro está cansado y se acuesta para morir. Sus amigos animales van acercándose a él, como en un homenaje, y comparten sus recuerdos sobre Zorro, que se había portado muy bien con todos ellos. Un libro de Britta Teckentrup (Ed. Nube Ocho, 2013) apto para niños en cursos de Educación Infantil y Primaria.

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Libros recomendados para reflexionar sobre el duelo (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

la-ridicula-idea-de-no-volver-a-verteLa literatura es el arte que nos transporta a todo tipo de lugares, tanto externos como internos, y a través de una historia pone palabras a la vida. En anteriores artículos os recomendábamos algunos libros en torno al duelo, que nos acercan a ese camino que se abre ante nosotros cuando alguien a quien queremos fallece.

El sufrimiento y el dolor por la pérdida implican mucha oscuridad, mucho desconcierto. La lectura puede transformarse en una medicina que pone luz a través de las palabras. Además, el doliente se siente reconocido y, de alguna manera, acompañado en lo más nuclear de su experiencia, lo que puede servirle de ayuda para construir camino, conectarse con su dolor y descubrir otras maneras de elaborar su duelo.

En los últimos años son muchos los autores que han abordado en sus novelas y ensayos el tema del duelo por un ser querido. Recomendamos a continuación algunos títulos que pueden servir de ayuda en este proceso.

“La ridícula idea de no volver a verte”, de Rosa Montero

El libro de Rosa Montero combina dos aspectos: por un lado, se adentra en la emoción sin tapujos de dos mujeres de gran honestidad y congruencia que han vivido la pérdida de sus parejas: Marie Curie y ella misma. Pone palabras a la locura que supone la pérdida y la vida tras la pérdida.

Por otro lado, el libro es un continuo recordatorio de cómo cada uno tiene su propio camino en el duelo, sus tiempos, sus maneras y su forma. Y aborda la importancia de respetar profundamente ese camino y confiar en que hay una sabiduría interna, una intuición, que nos guía en este recorrido.

“También esto pasará”, de Milena Busquets9788433997883

El libro de Milena Busquets comienza con el fallecimiento de su madre, al que sigue el proceso de pérdida, catalizador de una revisión de su vida con su madre, de su propia vida y de la relación entre las dos.

Es un libro sobre la aceptación de la realidad de la muerte y, también, de la realidad de la vida. A lo largo de esta obra, el duelo se va integrando en la vida. La protagonista abre las puertas al dolor de la pérdida y, con ello, también a la vida en toda su plenitud.

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