Factores que provocan el sentimiento de culpa en el duelo (I)

Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

 

Según el psicólogo y reconocido experto en duelo William Worden, para elaborar el duelo es necesario que el doliente lleve a cabo cuatro tareas:

En este artículo vamos a centrarnos en la segunda tarea, la de elaborar las emociones asociadas a la pérdida, y abordaremos en concreto por qué surge y cómo afrontar el sentimiento de culpa del superviviente o cuidador.

Cuando el ser querido está enfermo y sabe que va a morir

La psicóloga suizo-estadounidense Elizabeth Kübler-Ross estudió los estados por los que pasa un enfermo cuando le comunican la noticia de su muerte irremediable: negación, ira, depresión, negociación y aceptación. Cuando se da esta situación, puede ocurrir que el enfermo viva la experiencia con serenidad y ocupe el tiempo que le queda en despedirse de sus seres queridos, dejar sus asuntos arreglados, etc.

Otras personas, en cambio, pueden optar por ocultarlo o negarlo para no apenar a su familia y porque son incapaces asumirlo. En ese caso, el cuidador puede comprender esta dificultad o puede enfadarse porque necesita compartir esos últimos momentos sin disimular. Si se produce ese enfado, es muy probable que tras la muerte del ser querido el cuidador se sienta culpable por haber sentido ira hacia el enfermo. Seguir leyendo…

Explicaciones erróneas que damos a a los niños cuando alguien fallece (II)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

© Malagón

En un artículo anterior hablábamos de cómo la sobreprotección de los niños frente a las emociones dolorosas por parte de los adultos genera cada vez menos tolerancia a la frustración en los menores, incapaces de hacer frente a situaciones dolorosas o problemáticas a lo largo de su vida.

Hoy seguimos abordando más tipologías de explicaciones erróneas sobre la muerte que, al ser planteadas a los niños, pueden dificultar su duelo en lugar de ayudarles.

Explicaciones sobre la muerte que alejan a los niños de la realidad

  • “Aunque no puedas verle, él te ve siempre”.
  • -“Siempre te va a acompañar hagas lo que hagas”.
  • -“Te quiere mucho y siempre estará cerca de ti”.
  • -“Puedes hablar con él siempre que lo necesites”.
  • -“Es lo mejor, porque ha dejado de sufrir”.

Existen muchos tipos de explicaciones que van en esta línea y que mantienen al niño en la esperanza de un posible reencuentro, o al menos de contacto, con el ser querido que ha muerto.

A la vez, estas explicaciones suelen causar muchísimo miedo a los menores, ya que a menudo no entienden que esta forma de hablar es un modo de apelar al recuerdo del ser querido, lo que suele generarles enfado porque el fallecido no los ve, o bien miedo por la situación.

También puede ocurrir que estas explicaciones contribuyan a dejar de lado a terceras personas que sí están presentes en la vida del niño, para otorgar un lugar principal al fallecido y secundario a aquellos que en realidad sí están y cuidan del menor. Seguir leyendo…

Cuando las recomendaciones médicas bloquean el duelo

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A menudo escuchamos que, en materia de salud, trabajar en red es lo mejor, que los fenómenos son multicausales y, por tanto, la resolución de los problemas debe permitir la entrada de distintos especialistas. Esto quiere decir que habitualmente encontramos que la realidad es poliédrica, compleja y que cualquier problema que pueda traernos un paciente a la consulta tiene más de una causa.

Por eso, lo ideal es que en un caso médico pueda intervenir más de un profesional, con distintas visiones del problema y distintos enfoques que permitan abordarlo de una manera holística. Esto es lo ideal, aunque a veces en el día a día tropezamos con dificultades para trabajar en red.

El duelo en Atención Primaria

Hay casos clínicos que pertenecen claramente a una especialidad, por ejemplo: en caso de sordera acudiremos al otorrino y en caso de psoriasis, al dermatólogo. Pero hay otros menos claros, como ocurre con el duelo. En estos casos es habitual encontrar síntomas físicos relacionados con el proceso de adaptación a la pérdida.

A menudo esos síntomas físicos son la expresión de un dolor emocional y lo emocional interfiere en lo físico, por lo que se hace un abordaje integral: un médico de cabecera controla los síntomas y un psicólogo se ocupa de la parte emocional o psicológica.

Habitualmente tanto uno como otro profesional estarán alineados en sus consejos y prescripciones, pero puede suceder que alguna de las recomendaciones vaya en contra de las prescripciones del otro profesional. Para explicarme mejor expondré un caso propio visto en consulta. Seguir leyendo…

Cómo afecta el duelo a las relaciones familiares

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

Cuando una persona fallece, la pérdida puede llegar a afectar a una media de veinte personas, según indican los estudios científicos recientes sobre el duelo. Si tenemos en cuenta este dato, aunque las cifras no se cumplan al pie de la letra en todos los casos, resulta evidente que el número de personas implicadas es bastante elevado. Así, es fácil deducir que, si la pérdida afecta a una persona, muy probablemente va a afectar a la dinámica familiar.

Habitualmente hablamos del duelo y de la pérdida en singular. Así definimos cómo afecta el duelo, qué es y en qué consiste, cuánto dura o cómo abordarlo. Existen múltiples teorías que permiten responder a estas preguntas de forma más o menos clara y simple. Sin embargo, no resulta igual de sencillo explicar cómo afecta el duelo a una familia entera.

El duelo en la familia

En el caso del duelo familiar, se dan simultáneamente dos procesos: uno individual, que responde a las necesidades de cada miembro de la familia, a cómo vive cada uno el dolor y cómo enfrenta el sufrimiento; y, a la vez, se da un proceso grupal, que responde a las normas del grupo y, en este caso, responde a las normas específicas que se dan en un tipo de grupo peculiar que es la familia.

Cada familia tiene sus propios códigos y resulta imprescindible conocerlos para poder reparar la dinámica familiar que se ha roto con la pérdida. Pongamos por caso una familia de varios miembros: los hijos y los padres. Si muere uno de los hijos, cada uno de los cónyuges se verá afectado de distinta manera: por un lado, por la distinta relación que cada uno de ellos tenía con el hijo fallecido; por otro, debido a la distinta forma que tienen de afrontar la pérdida o el sufrimiento.

La dinámica que se genere entre los cónyuges va a influir de manera innegable en la relación de ambos con los hijos supervivientes. Seguir leyendo…

Explicaciones erróneas que damos a los niños cuando alguien fallece (I)

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Normalmente los adultos dedicamos poca reflexión a la cuestión de qué decir a los niños en el caso de que un familiar o una persona de nuestro entorno cercano muera.

Es cierto que no somos expertos, ni es una cuestión que la gente se plantee a menudo, pero la verdad es que esta situación se complica si la persona que fallece es alguien querido para el niño.

En esos casos, los adultos suelen sentir la necesidad de dar una explicación que a la vez consuele y aparentemente “no traumatice” al niño. Sin embargo, es frecuente que muchos recurran a explicaciones que, lejos de consolar al menor, contribuyen a confundirlo.

Explicaciones sobre la muerte en torno a “Está en…

Este tipo de explicaciones suelen usarse mucho. Lo normal es que quienes las utilizan a su vez se las hayan oído de otras personas y, así, se transmiten de generación en generación. Se trata de explicaciones sobre el difunto que suelen ir en esta línea:

  • -“Está en un sitio mejor”.
  • -“Ha subido al cielo”.
  • -“Está en el cielo”.
  • -“Está de viaje”.
  • -“Está descansando”.

Todas estas expresiones generan confusión en los niños. Cuando usamos los verbos en presente, el niño pequeño normalmente utiliza el pensamiento concreto y cree realmente que esos sitios se pueden visitar, que la persona fallecida puede volver o bajar del cielo.

Por eso, aunque parezca que lo ha entendido, es probable que con el paso del tiempo el menor regrese con preguntas incómodas acerca de cómo es ese sitio, cuándo bajará o volverá el fallecido, si vendrá a una celebración, etc. Es preferible explicarle: “Está muerto, eso significa que no vamos a ver más a esa persona, pero tenemos sus recuerdos, y los conservamos en nuestra memoria y el corazón”. Seguir leyendo…

Lo que no se puede nombrar: El duelo por un suicidio

Begoña Rodríguez Acosta, psicóloga de FMLC

 

La muerte raramente consiente despedidas elegantes o adioses limpios. Llega inesperadamente y deja a algunos con la angustia de haber sido abandonados deslealmente. El abandono no es tan terrible cuando hay tiempo y espacio para un verdadero adiós. Cuando no ha habido un verdadero adiós, o peor aún, un mal adiós, la muerte se convierte en odiosa y deja un sentimiento de vacío y perplejidad.” – A. Pangrazzi

Aquellos que viven un duelo por el suicidio de un ser querido suelen atravesar un proceso de más larga y difícil duración. Los familiares o las personas cercanas al difunto a menudo se convierten en víctimas de lo sucedido, debido a la carga que heredan de este trágico suceso, con emociones como el sentimiento de abandono, la vergüenza, la culpa, la incomprensión social y el consiguiente enfado hacia el suicida.

La búsqueda de respuestas tras un suicidio

El suicidio de una persona querida suele dejar a los sobrevivientes con una profunda sensación de fracaso: fracaso como progenitor, cónyuge, hermano o amigo.

La pérdida trae consigo la búsqueda de una explicación a lo ocurrido y, en esa búsqueda de sentido, el superviviente no puede evitar preguntarse persistentemente por qué el suicida hizo lo que hizo, por qué no se dio cuenta de lo que ocurría, qué podría haber hecho para evitarlo… y con estas preguntas aparece inevitablemente la culpa.

El sentimiento de vergüenza tras un suicidio

A nivel social, el suicidio es inaceptable y se suele asociar a los trastornos psíquicos. Sin embargo, según la OMS un 20% de los suicidios no tiene ningún diagnóstico psiquiátrico. Cuando se da este caso, los dolientes no tienen ninguna explicación a la que agarrarse que les proteja de la mirada crítica de un entorno que se cuestiona cómo los allegados no consiguieron prevenirlo

Es aquí donde, además de la culpa, aparece también la vergüenza. Conscientes y temerosos de la posible imagen social que proyectan -y sintiendo la necesidad de proteger al fallecido de las especulaciones sobre los motivos de su decisión-, los familiares tienden a evitar el contacto social e incluso pueden llegar a negar el mismo acto del suicidio.

Dificultades del duelo tras un suicidio

Lamentablemente la evitación del contacto contribuye a dificultar aún más la elaboración del duelo. La pérdida de nuestro ser querido nos produce un enorme dolor que buscamos expresar y compartir de forma natural con aquellos que sabemos nos van a escuchar y nos pueden entender.

Sin embargo, cuando no se percibe el entorno como un lugar capaz de acoger nuestro sufrimiento sin juzgarlo, la culpa y la vergüenza pueden instalarse generando un enorme sufrimiento. Así, poco a poco el doliente puede terminar silenciando u ocultando el suicidio, lo que dificulta el duelo, ya que al negar el problema desaparece la necesidad de pedir ayuda, se potencia el aislamiento y se fomenta la desconfianza del entorno.

El sentimiento de culpa después de un suicidio

Como ya hemos comentado en artículos anteriores, la culpa tiene una función muy peculiar en el duelo. Es una forma de mantener nuestra sensación de control sobre el mundo. Si soy culpable de que algo haya ocurrido, es que estaba en mi mano haberlo evitado, por tanto, tengo el poder de prevenir ciertas catástrofes.

Es curioso como a menudo preferimos convivir con el asfixiante peso de la culpa, antes que asumir que la muerte puede aparecer en nuestro camino sin que podamos hacer nada para evitarlo, o aceptar que el mundo está lleno de peligros que no podemos controlar y que la fragilidad también es parte de nuestra existencia.

De lo que se trata no es de vivir con miedo a la posible pérdida, sino ser conscientes de que donde hay vida también puede haber muerte, porque ésta forma parte natural de la misma. Se trata de tomar conciencia de esta realidad de forma que aprendamos a vivir plenamente el presente.

Cómo acompañar el duelo por un suicidio

Cuando tiene lugar un suicidio, la muerte del ser querido se produce en circunstancias especiales, dado que es la propia persona quien decide quitarse la vida, una decisión personal que no suele tener en cuenta segundas opiniones. La persona que se suicida es la que toma la última decisión, que puede permanecer inexplicable para los dolientes, quienes difícilmente encontrarán respuesta a sus preguntas o, al menos, una respuesta suficientemente válida para encontrar un sentido a tan dolorosa pérdida.

El reto consistirá en acompañar al doliente en el camino de duelo con paciencia y delicadeza, de manera que poco a poco aprenda a convivir con una realidad a la que a veces le faltan respuestas. Por eso, el doliente exigirá del experto la capacidad de “soportar” y cargar con esa intensidad del dolor que el doliente no puede sobrellevar.

Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dude en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

La filosofía del acompañamiento en duelo

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

El duelo es un proceso natural de la vida. Cuando fallece alguien a quien amamos, nuestro corazón se duele y se abre este camino de dolor y amor, de aceptación y rebeldía, de miedo y crecimiento.

Cuando nos sentamos frente a alguien que atraviesa un proceso de duelo, estamos ante una persona que está recorriendo un proceso natural que está hecho de mucha sensibilidad, que mezcla la vida y la muerte. Como profesionales, necesitamos una especie de médula espinal hecha de teoría y técnica que nos dé la solidez y el conocimiento. Pero no sólo necesitamos esa médula espinal que sea el eje de una espalda fuerte, también necesitamos un corazón abierto a toda esa sensibilidad y complejidad que abarca el duelo.

Esta frase de Jung siempre me ronda por la mente cuando pienso en la interacción terapeuta-cliente: “Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas un alma humana”. Creo que no hay mejor guía que esta frase para todo profesional de la salud que trabaje con personas en duelo.

La relación entre terapeuta y doliente

Con esta mirada hacia la intervención y la interacción que se da entre el terapeuta y el cliente, no se trata tanto de un protocolo a seguir con una persona que demanda ayuda para su proceso de duelo, sino más bien de acompañar: ésta es la actitud que mejor se ajusta a lo que requiere el duelo. Este acompañamiento es una actitud y una filosofía, no es una técnica.

Esto implica que el terapeuta no sólo está atento a la otra persona, sino también a sí mismo: por un lado, por el trabajo personal que implica el adoptar esta forma de trabajar; por otro, porque estar presente a lo que en uno pasa en el momento de la terapia -bien como experiencia propia, donde algo de nosotros mismos se revela, bien porque eso que estamos sintiendo es parte de la experiencia que se está dando en el aquí y ahora con el doliente- y, por tanto, poder escucharlo y transformarlo en palabras, aporta luz en el camino. Seguir leyendo…

Libros de literatura infantil para explicar la muerte y el duelo a los niños

Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

 

Son muchas las personas que se animan a leer cuentos a sus hijos sobre una temática tan controvertida y real como es la muerte de un ser querido, una situación que cualquier familia atravesará antes o después.

Como ya hemos hecho en ocasiones anteriores, seguimos recomendando libros y actualizando nuestro listado de lecturas para abordar este tema con los niños y adolescentes.

Entender la muerte de forma natural

¿Qué viene después del mil?

Este libro de Anette Bley (Ed. Takatuka) contiene una reflexión sobre cómo los números no se acaban, al igual que el recuerdo de los seres queridos. Es una lectura que además nos muestra la relación especial entre una niña y un anciano.

Efímera

Escrito por Stéphane Sénégas (Ed. TakaTuka), este cuento narra la historia de dos hermanos que descubren un insecto cuya vida dura un día y deciden que ese día sea el más especial de ese insecto: una forma de enfrentarse a la muerte de un modo natural.

Gracias Tejón

Este cuento de Susana Varley (Ed. Cuatro azules) nos presenta al viejo Tejón que, al verse ya mayor y saber que va a morir, se preocupa por cómo se van a sentir sus amigos. Tejón se despide de ellos dejándoles muy tristes, aunque lo único que les consuela es recordar las enseñanzas de Tejón en vida.

El libro nos deja un mensaje para comprender que la muerte forma parte de la vida y que morir no es importante si ha habido enseñanzas y aventuras vividas. Seguir leyendo…

Cuidando al cuidador profesional: La fatiga compasiva (II)

Pilar Pastor, psicóloga de FMLC

 

Estoy convencida de que la mejor herramienta que tenemos como cuidadores profesionales somos nosotros mismos, es decir: toda la formación, las horas de estudio, las lecturas… están al servicio de nuestra persona. La formación más importante es la mía propia, la que conlleva madurez, crecimiento y solidez.

Si yo estoy “afinada”, las herramientas que utilizo funcionan mejor porque las aplico mejor, con mayor congruencia, más ajustadamente, en el momento más adecuado y de manera más flexible y apropiada. No sólo eso, hay algo más importante: es mi presencia.

Presencia y escucha en duelo

Cuando estoy en presencia (presente, conectada, alineada, centrada) estoy en mi centro y puedo escuchar y aludir al centro del otro. Estoy más en silencio interno, no hay tanto ruido (ni el crítico interno me genera inseguridad, ni el terapeuta interno me mete prisa por ver cambios y, si lo hacen, puedo darles un espacio y acogerlos) por lo que puedo escuchar en mayor profundidad, captando con mayor amplitud y con confianza. Desde ahí puedo estar sobre todo en la interacción del momento, en el presente.

Pero estar así requiere autocuidado y cultivo constante, compromiso conmigo. Evidentemente el llamamiento que hacemos es al autocuidado y parece que a algo más… ¿Qué significa cuidarnos? Parece que a veces esta tarea es especialmente difícil para los cuidadores profesionales. Seguir leyendo…

¿Puede el duelo hacerme más vulnerable a la enfermedad?

Sara Losantos, psicóloga de FMLC

 

A muchas de las personas que asisten a nuestros grupos de terapia de duelo les preocupa cómo puede afectar este proceso a su salud. Se trata de una de las preguntas más repetidas en nuestra consulta: ¿Puedo enfermar a causa del duelo por la muerte de un ser querido?

Resulta complicado dar una única respuesta a una pregunta tan compleja. Pero sí que podemos poner sobre la mesa algunas reflexiones generales.

El duelo y el miedo a la muerte

Tras la pérdida de un ser querido, se ha registrado que entre los dolientes se produce un aumento de hasta un 80% en las consultas al médico de Atención Primaria. Esto se explica en parte porque el fallecimiento de un ser querido pone de manifiesto que la muerte es algo que puede suceder en cualquier momento y no algo que sólo suceda a los imprudentes o a quienes no se cuidan.

La muerte está presente desde el instante en que nacemos y es universal, nos afecta a todos. Tomar conciencia de esto puede desencadenar un miedo que hace que el doliente reinterprete en clave de enfermedad algunas sensaciones o síntomas que antes hubiera considerado normales. Así, las visitas al médico van dirigidas a descartar alguna posible dolencia y, sobre todo, ponen de manifiesto el miedo del doliente a morir o a que le ocurra algo grave.

Si el médico no atiende ese miedo que subyace al fondo, puede suceder que el doliente entre en un bucle cada vez más intenso de comprobaciones. A veces ocurre que la persona siente que tiene los mismos síntomas que el ser querido que murió. En este momento vital el doliente es más vulnerable a presentar síntomas de hipocondría. Seguir leyendo…